23 de diciembre de 2017
23.12.2017
Refugio antiaéreo

Bombas Gens desvela su secreto

El centro cultural de la Fundació Per Amor a l´Art abre al público su refugio antiaéreo, el único fabril que se conserva en València, que fue destinado a guarecer a los trabajadores de la antigua fábrica durante la Guerra Civil

28.12.2017 | 18:07
Bombas Gens desvela su secreto

«Al refugi! Que ve la Pava!». Esa era una de las frases típicas que alertaban de la llegada de los aviones con sello de fabricación alemán que bombardeaban València desde septiembre del 1936. Por aquel entonces, los refugios antiaéreos se mimetizaron con el paisaje de una ciudad que intentaba sobrevivir a la barbarie bélica. Ahora, 80 años después, esos refugios salen de sus sobras, y en los lugares más insospechados.

Cuando la Fundació Per Amor a l´Art dio inicio a las tareas de rehabilitación de la antigua fábrica de bombas hidráulicas del barrio de Marxalenes ningún técnico dio crédito a lo que se encontró enterrado. «Pensamos que era una carbonera, porque estaba lleno de escombros», explicó Susana Lloret, directora de la fundación. Sin embargo, era un refugio antiaéreo pensado para los trabajadores de la fábrica que ahora es Bombas Gens, un centro cultural dedicado al arte contemporáneo. «Cuando descubrimos lo que era en realidad y tomamos conciencia de su importancia, decidimos que teníamos que restaurarlo para compartirlo con el público», aseguró Lloret, que encabezó ayer la presentación del refugio ante los medios de comunicación.

La entrada se encuentra junto al portón de la fábrica. Unas largas escaleras conducen hasta un pequeño espacio en el que los empleados de la fábrica se guarecían durante los ataques. Construido con una estructura de hormigón armado, la instalación antiaérea consta de una sala principal de 21,64 metros cuadrados y 2,78 de altura, con dos accesos: desde el interior de una de las naves y desde el patio.

El refugio conserva elementos característicos de este tipo de construcciones, como los letreros con mensajes dirigidos a los ocupantes del mismo, en los que se dan «una serie de recomendaciones», explicó la arqueóloga del proyecto Paloma Berrocal. «No fumar ni escupir»; «Por higiene se ruega no tirar inmundicias de ninguna clase»; o «No estacionarse, zona de peligro» son algunas de las advertencias que arrojaba el refugio a sus inquilinos.

«Ha sobrevivido al paso del tiempo el zócalo original de pintura, los tubos de cerámica que actuaban como respiraderos, la roza por donde iba el cableado de la luz y algunos soportes de madera de las bombillas», añadió. Los letreros están realizados con pintura azul (azulete) y presentan unas letras mayúsculas con una tipografía propia de la cartelería del momento.

La rehabilitación ha consistido en una limpieza en profundidad para eliminar la gruesa capa de hollín como resultado de su uso como carbonera durante años, y una extracción de sales producidas por la humedad y el abandono, así como la consolidación de los rótulos originales y una reintegración cromática de la policromía del espacio. «Simplemente lo hemos rescatado del abandono en que estaba, porque la verdad es que goza de un excelente estado. Todo es original, no ha sufrido ninguna intervención posterior. Ha sido como encontrar una cápsula del tiempo», aseguró la restauradora Sofía Martínez.

Fue objetivo militar
Esta cápsula llevará a los visitantes hasta 1938, fecha probable en que se construyó el refugio para dar cobijo a los trabajadores de la antigua fábrica. Dedicada hasta entonces a la elaboración de bombas hidráulicas, estaba preparada para fundir metales y eso fue aprovechado en el conflicto bélico.

Según los testimonios orales que ha recopilado Bombas Gens, esto es así porque la factoría fue incautada durante la Guerra Civil por el bando republicano para fabricar bombas de mortero, y por tanto se convirtió en un objetivo militar por parte del bando nacional. Con la intención de ofrecer la mayor protección posible a los obreros que se resguardaran en el interior del refugio, entre la escalera y la sala se construyó una gruesa pared de hormigón de 2.30 m de anchura que serviría de escudo. Por su parte, en la salida, se colocaron dos elementos con idéntica función de barrera: uno es una recia columna octogonal de 1.10 m de espesor colocada para detener el impacto de una explosión y el otro era una placa de metal que se encajaba en una roza practicada en la pared.

En el interior del refugio se expone una de las armas fabricadas en Bombas Gens. Es la carcasa de una granada de mortero que está vacía y a la que le faltan partes como la espoleta, lo que nos indica que nunca llegó a ser usada.

Este enclave patrimonial estará abierto al público a partir de hoy, con visitas guiadas previo a reserva. Paloma Berrocal, arqueóloga y directora de la intervención arqueológica realizada en Bombas Gens, ofrecerá una visita guiada el próximo 28 de diciembre por las instalaciones del centro -incluido el refugio-, aunque las plazas para asistir ya han sido cubiertas.

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