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Entrevista

Sergio Alapont: "La representación es lo más fácil, solo hay que dejarse llevar por la inspiración"

El director valenciano se pondrá al frente de la Orquesta de València a finales de junio en el Palau de la Música y tiene planes con Les Arts

Sergio Alapont: "La representación es lo más fácil, solo hay que dejarse llevar por la inspiración"

Sergio Alapont: "La representación es lo más fácil, solo hay que dejarse llevar por la inspiración"

Despide año en Verona, con la dirección de la opereta «La viuda alegre», de Franz Lehár. ¿Cómo está siendo la experiencia?

Estoy feliz de poder dirigir en un teatro tan importante [Teatro Filarmónico de Verona] y con una opereta tan exigente. Estoy disfrutando de la Orquesta de Verona y del canto de solistas extraordinarios. Simplemente estoy feliz de hacer música.

¿Dónde reside la exigencia de esta partitura?

En el refinamiento en cada frase. Además, exige una fantasía vienesa y ofrece desafíos a la hora de mantener el equilibrio entre el foso y las voces. Requiere tener un discurso lineal musical vivaz, con comedia y pocos duetos de amor. Exige una labor extra del director. también tiene muchos puntos en común con lo que escuchamos el 1 de enero en Viena. También hay muchas reminiscencias del origen húngaro del compositor.

¿Cómo le llegó la llamada de la dirección de orquesta?

Es la suma de muchas circunstancias. La vocación ha existido desde que soy niño. Muchos niños músicos sueñan con ser director de orquesta. Tuve la oportunidad de vivir la música en casa siempre. Mi padre era profesor en el conservatorio de Castelló, mi hermano era músico también. Dirigí bastantes cosas desde muy joven, desde los 15 años. A los 18 ya tuve mi contrato como director.

¿Qué siente cuando está en el foso y coge la batuta?

Felicidad de poder interpretar la idea que tengo en mente gracias a la técnica y el trabajo realizado anteriormente, tanto con la orquesta como con los solistas. Las representaciones son lo más fácil porque solo hay que dejarse llevar por la inspiración. El trabajo hecho viene proyectado. Es como jugar y crear. Es intentar compartir con el público la partitura maravillosa. También me gusta mucho el proceso de ensayos.

¿Cuál es su repertorio predilecto o en el que se siente mejor?

El que más hago, inevitablemente, es el repertorio del siglo XIX, pero mi formación con directores barrocos también me permite trabajar este periodo. Hago desde Mozart a Rossini, en operístico, y todo el repertorio belcantista. Pero especialmente mi repertorio predilecto es Puccini, Verdi, las grandes óperas, la ópera francesa del siglo XIX... Donizetti, Bellini,...

¿En qué teatro le gustaría debutar?

En muchos. En cualquier artista está el sueño de Viena, el Metropolitan de Nueva York, Berlín, la Scala de Milán, París,...

En la próxima temporada debuta en Estados Unidos. ¿Qué espera de esa experiencia?

Dirigiré «La Rondine», de Puccini, en la Minessota Opera. Todas mis experiencias anglosajonas han sido siempre preciosas. El público es muy apasionado y espero que en América exista esta cuestión en común.

¿Cree que en Estados Unidos existe la misma pasión por la ópera que en Europa, cuna del género lírico?

Puede que en Europa sea donde más teatros hay y más calidad en cuanto a programación regular, pero la sensibilidad por la ópera en países como Estados Unidos, Japón o Corea es abrumadora.

Usted fue el primer valenciano en dirigir en Les Arts, allá por 2010. Un honor.

Sí, un auténtico honor. Lo recuerdo con mucho cariño. Además, dirigí «Una cosa rara», del maestro Martin i Soler, valenciano que se codeó con grandes como Mozart. Creo que esa obra es una de sus mejores páginas.

¿Cómo ha vivido la salida de Davide Livermore del coliseo valenciano?

Desde la distancia y conociendo a algunos de los protagonistas de la situación, me parece que sería bueno que el gobierno valenciano contemple mantener los criterios de selección de artistas que tiene cualquier otro teatro del mundo. Por otra parte, estoy disgustado porque la salida de Livermore ha provocado lo peor que podía salir de él y son esas palabras de denostación hacia la sociedad valenciana. Me ha provocado tristeza porque creo que València no se lo merece, aún siendo respetuoso con su dimisión.

¿Le cansa que todavía le califiquen como «joven promesa»?

No, para nada. Entre compañeros tenemos la broma de que pasas de «joven promesa» a «veterano», sin término medio (risas). Pero, juventud divino tesoro. Y el espíritu joven hay que mantenerlo. Aún así respeto las opiniones y etiquetas.

Es usted valenciano como Ramón Tebar (nuevo titular de la Orquesta de València), Gustavo Gimeno, Jordi Bernàcer... Menuda cantera.

Todos estos nombres han sido fruto de una época en la que se ha hecho mucho esfuerzo por la educación y las becas. Me alegra que los colegas tengan reputación y carrera internacional. Nosotros solo somos el principio, aunque también ha habido grandes nombres antes.

Al hilo de esto, ¿echa de menos trabajar más en su tierra?

Me emociona ir a València, pero no es echarlo de menos. Allí donde puedo hacer música me siento a gusto. Entiendo la libertad de programar de cada teatro. Creo que se nos inculca la obligación moral de dirigir más en nuestra tierra y que si no es así nos sentirnos frustrados. No hay que estar siempre en València, solo se debe tener en cuenta a sus artistas, en parte de sus selecciones y no en la totalidad porque sería convertir el teatro en un teatro de provincias.

¿Le veremos pronto por València?

Tengo una próxima colaboración con la Orquesta de València a finales de junio y fuera de temporada, pero el programa aún no lo puedo decir porque no se ha presentado. Es un programa extraordinario. Con Les Arts también hay un proyecto aún más por definir.

¿Qué le pide a 2018?

Tener la suerte de disfrutar el ascenso constante que me permite hacer música, progresar y ser bueno en lo que hago. Solo le pido hacer mi trabajo bien y disfrutar porque es mi pasión.

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