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El día en el que a Josep Pla le dio la manía de escribir

El escritor catalán situó hace hoy un siglo el inicio de «El quadern gris», un dietario de juventud reescrito en plena madurez y considerado su obra maestra

El día en el que a Josep Pla le dio la manía de escribir

El día en el que a Josep Pla le dio la manía de escribir

«8 de març. -Com que hi ha tanta grip, han hagut de clausurar la Universitat. D´ençà d´aquest fet, el meu germà i jo vivim a casa, a Palafrugell, amb la família. Som dos estudiants desvagats. El meu germà, que és un gran afeccionat a jugar a futbol - malgrat haver-s´hi ja trencat un braç i una cama -, el veig purament a les hores de repàs. Ell fa la seva vida. Jo vaig tirant».

Hoy hace un siglo que Josep Pla, herido por una «diabólica manía de escribir», inició su Quadern gris. Ocurre que las cosas no son siempre como parecen, incluso en esta obra aparentemente tan sencilla que retrata el mundo de un escritor en ciernes, de un estudiante perspicaz, desganado y sometido a su condición de «animal sensual»; un libro de juventud que se publicó casi cinco décadas después tras ser sometido a un proceso de reescritura y maduración constante por parte de su propio autor.

Hasta tal punto pulió Pla su obra maestra que, realmente, el Quadern gris original aún no ha cumplido el siglo que se celebra hoy, ya que está fechado inicialmente el 13 de octubre de 1918, poco después de que, efectivamente, la Universitat de Barcelona, donde el escritor estudiaba Derecho, cerrara a causa de la grave epidemia de gripe que se declaró en la ciudad. Según Xavier Pla, experto en la obra del empurdanés, éste quiso adelantar siete meses todo el dietario porque era consciente de que escribía un gran libro y necesitaba una apertura de novela. Y la celebración de su 21 cumpleaños el 8 de marzo de 1918 le daba el pretexto para emprender un balance de su vida.

«Decideixo de començar aquest dietari. Hi escriuré -just per passar l´estona, a la bona de Déu- el que se´m vagi presentant», anuncia Pla en esta primera entrada de su cuaderno. Sea marzo u octubre, el joven Pla del Quadern Gris que se ha refugiado de la gripe en la casa familiar de Palafrugell, empieza allí a trenzar historias, paisajes, personajes y reflexiones. Abrimos cualquier página del Quadern y allí están descritas, con un aire que corre entre la perplejidad del adolescente y la ternura del señor mayor (escritura y reescritura), escenas de borracheras en la playa, meriendas con «senyoretes» de pueblo, encuentros de burdel, partidas de cartas, barcas que se pierden en el horizonte y amigos cuyo valor como seres humanos se mide por el número de caracoles que son capaces de digerir.

Pla consideraba que la gran misión de la literatura es reflejar la época en la que se escribe. Por eso, entre los apuntes sobre uno mismo (Montaigne se asoma constantemente) y los momentos íntimos que describen el vuelo de una golondrina, un golpe de «garbí» o una luz excesiva, el Quadern gris nos lleva a la Barcelona que refugiaba a la Europa inestable de la Gran Guerra. Pla cuenta la Rambla bulliciosa, los suburbios hiperrealistas, las pensiones baratas, la triste universidad, los pistoleros anarquistas, los obreros, los burgueses y los intelectuales de l´Ateneu. D´Ors, Carner, Verdaguer, Rusiñol, Robert Robert...

El Quadern gris es un clásico que, cómo el propio Pla recomendaba, hay que leer y releer «amb calma, lentament».

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