05 de mayo de 2018
05.05.2018

El estriptís de un artista desde "la acera de enfrente"

La periodista y escritora Bel Carrasco firma las memorias «Quique Belloch: Escenas de una vida»

05.05.2018 | 04:15

En lo que se refiere a las artes escénicas Enrique Belloch ha hecho prácticamente de todo. Desde vender localidades de la obra «Las salvajes de Puente San Gil» en Valencia Cinema cuando se iniciaba como productor en Quart 23 con Antonio Díaz Zamora, recientemente fallecido, a ejecutar un paso a dos en una coreografía de Elvira Sanz. La producción no guarda secretos para él, aunque su vehemencia y entusiasmo hizo que en alguna ocasión no le salieran los números. Fue profesor de teatro en Arganda del Rey, en la Universitat Politècnica de València y en las cárceles de la Comunitat Valenciana. Gestor cultural en la Sala Trapezi, doblador en su estudio Doble Banda, actor de cine y teatro, descubridor de jóvenes talentos y, sobre todo, contumaz amante que colecciona romances tempestuosos y otros reciclados en amistad perdurable.
Cruzado el umbral de la séptima década, Belloch decidió montar una función que puede ser la definitiva o quizá la introducción a otra cosa. Un espectáculo para el que no necesitaba el concurso de actores ni tramoyistas. Él solo y desnudo en el escenario ante una pantalla que proyecta escenas de su vida. Así se llama el libro, Quique Belloch: Escenas de una vida (NPQ Sargantana) en el que la escritora y periodista Bel Carrasco ha puesto un toque de color a los dibujos que su memoria le iba ofreciendo. Se presentó el pasado 25 de abril en el Café de las Horas. «No estoy nervioso», confesó, «pero sí algo avergonzado de esta especie de estriptís. De joven practicaba nudismo con las putas y maricones en la playa Casa Negra pero a mi edad ya no me atrevo quitarme la ropa en público».

Este libro no se trata de una memorias al uso, ni de una biografía autorizada, sino de una cadena de momentos, de flashes, de instantes de luz y de sombra. Aunque se reserva tanto o más de lo que revela, Belloch habla siempre de forma honesta y veraz, aunque a veces su imagen no quede bien parada. Su viaje al pasado es su retrato pero también el de una época, la Transición, que vivió desde la platea y Desde la acera de enfrente, título original del libro que se cambió por motivos editoriales. Sus evocaciones recrean la Barcelona canalla de las Ramblas y el Paralelo de los años sesenta, la València provinciana de los setenta y el Madrid de la incipiente democracia en el que empezaban a abrirse los primeros locales gais con el visto bueno de la autoridad.

Arte y amor. Son los ejes de coordenadas de este libro, las líneas que enmarcan el mapa sentimental de su vida. Una accidentada geografía, con sus cadenas montañosas coronadas de cimas, sus valles fértiles, ríos y fuentes, zonas umbrías ,y también peligrosos precipicios y profundas simas. El paisaje se puede recorrer a vuelo de pájaro revoloteando sobre las imágenes o con detalle siguiendo la ruta que he señalizado a lo largo de breves capítulos. Un circuito que arranca con una infancia feliz rodeado del cariño de una familia numerosa y alegre, la severa educación en los Jesuitas, las andanzas por la Barcelona salvaje y nocturna, y la mili en Sidi Ifni.

Tras una etapa como empresario, Belloch inicia una carrera artística que le llevará por escenarios, platós de cine y talleres de teatro. Décadas intensas de trabajo, amores, viajes, mudanzas, mascotas, estrenos, aplausos, proyectos, éxitos y fracasos... Hasta los años oscuros de las grandes pérdidas, un agujero negro del que surgió reforzado y dispuesto a apurar lo que le queda por vivir. Hasta que el telón caiga, definitivamente y se apague el último foco.

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