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Crítica de teatro

Una obra soberbia

Una obra soberbia

Una obra soberbia

Aaunque no recuerde a Henrik Ibsen de sus años de bachiller, ni tampoco su famosa Casa de muñecas, da igual, vaya al Olympia. Encontrará en La vuelta de Nora una obra dramática magnífica, muy actual y ejecutada con una solvencia destacable. Un elenco protagonizado por Aitana Sánchez-Gijón, espectacular en el papel de Nora, y muy bien acompañada. Con una escenografía que ayuda a la representación, bajo la dirección experimentada de Andrés Lima, como se pudo comprobar el año pasado con la versión esencial de Moby-Dick en el Principal, y que con La vuelta de Nora consigue lo mismo, enganchar al público hasta meterlo dentro del escenario. Teatro del mejor en su mejor esencia.

Para los seguidores de Ibsen, la secuela de Lucas Hnath resulta sensanta. Convertir a Nora Helmer en una escritora feminista de éxito parece lógico. Mientras en Casa de muñecas la mujer de Tovard da un portazo a su vida matrimonial tras una serie de chantajes emocionales, ahora quince años después regresa para formalizar los papeles del divorcio, un paso imprescindible para recuperar su libertad total, amenazada por los de siempre, esos que ante cualquier avance de la mujer sacan a pasear ese santo inquisidor que llevan dormido. Es lo único que hay que tener en cuenta de la obra de Ibsen para entender más a Nora, y por su puesto a la niñera Anne Marie, genialmente interpretada por la cubana María Isable Díaz Lago. Las dos protagonizan la primera escena, el reencuentro imposible entre dos formas de estar el mundo, entre el deber y el ser. La misma casa tres lustros después sigue con los mismos habitantes, pero ya no es igual. Anne Marie ha criado a los tres hijos de Nora y también al padre de las criaturas, pero Nora se ha convertido en una feminista activa que a través de sus libros intenta abrir los ojos a todas las mujeres. Sin embargo, las verdades domésticas de Anne Marie son irrebatibles.

Cuando entra en escena Torvad, sube la acción dramática. Ayuda a la interpretación el mucho oficio de Roberto Enríquez, porque en la ristra de reproches entre la pareja se puede identificar cualquiera que haya pasado por el contexto de un divorcio. Esa actualidad de la obra que el estadounidense Lucas Hnath escribió en 2017 es el mejor favor que le ha hecho a Ibsen, pues si el dramaturgo noruego se considera el padre del realismo moderno, el norteamericano ha sabido representar los tiempos actuales. Como se ve en el frío saludo entre madre e hija. "Hola soy Emmy, tu hija, encantada de conocerte", suelta Elena Rivera, en un papel corto pero trascendente. Los hijos de los divorciados son más maduros.

La identificación de Aitana Sánchez-Gijón en el papel de Nora resulta clave. La actriz sostiene que la protagonista de la obra representa la ruptura de la mujer con el orden establecido, y por eso se convierto en un mito. Aunque los mitos me sobrepasan, en una cosa tiene razón, hay que ser muy heoica para anteponer la causa por delante de todo. Y como estamos acostumbrados a que eso pase en figura míticas masculinas, que lo haga una mujer va siendo hora que deje de ser extraordinario. Esa simbiosis entre Sánchez-Gijón y Nora hace la pieza extraordinaria, como es la interpretación de la actriz, que en este papel se crece tanto que posiblemente estemos ante uno de sus mejores momentos teatrales. Está espectacular.

La vuelta de Nora fue la sensación de la temporada en Broadway, con muchas nominaciones a los Tommy, y ahora se puede disfrutar en el Olympia. No se la pierda.

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