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Entrevista

Tomàs Llorens: "El IVAM debería completar la manzana en la que se encuentra el edificio actual"

«Desearía que los partidos políticos valencianos, incluyendo los del gobierno, se despegaran del Consejo Rector y de la dirección del IVAM y les dejarán actuar con autonomía verdadera», asegura

Tomàs Llorens: "El IVAM debería completar la manzana en la que se encuentra el edificio actual"

Tomàs Llorens: "El IVAM debería completar la manzana en la que se encuentra el edificio actual"

El 18 de febrero de 1989, hoy hace 30 años, València entraba en la modernidad con la inauguración del IVAM. El primer museo de arte contemporáneo abierto tras la recuperación democrática que diseñó desde el principio Tomàs Llorens (Almassora, 1936), su primer director.

P ¿Qué son 30 años en la vida de un museo?

R Muy poco, pero lo suficiente para mirar atrás y detectar y corregir rumbos equivocados y errores que se hayan podido cometer en el pasado.

P El IVAM aún es «millennial». ¿Qué le falta para entrar en la edad madura?

R Le falta alejarse más de las batallas políticas cotidianas y aproximarse más a la sociedad.

P También fue el primer museo de arte abierto en democracia.

R Efectivamente. Detrás del IVAM se abrieron otros museos, todos ellos en el ámbito del arte contemporáneo. Pero en realidad eran muy diferentes porque no estaban basados en una colección histórica. El único que se le podría comparar en esto es el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), que ha sido siempre consciente de la necesidad de una colección histórica y, de hecho, la ha ido consiguiendo, todo hay que decirlo, gracias a un esfuerzo económico considerable, que se mantuvo en niveles muy altos a lo largo de los años 80 y 90.

P Cuénteme el conflicto entre Instituto de Arte Moderno Valenciano, que defendía Aguilera Cerní e Instituto Valenciano de Arte Moderno, que se impuso al final.

R Bueno, el conflicto fue en realidad con un colectivo de artistas; bastante numeroso por cierto. Aguilera se unió a ellos y defendió sus posturas. Ellos entendían el museo como una institución gremial. Un instrumento para su promoción profesional. Lo que nosotros creíamos que hacía falta en València era otra cosa. Un museo como los que se han desarrollado en Europa a lo largo de los siglos XIX y XX para investigar y difundir la historia del arte. Un servicio público dirigido a los ciudadanos en general. Ese objetivo, en València, era el que estaba cubriendo, muy mal por cierto, el Museo de San Pío V. Y modernizar y potenciar ese museo fue, de hecho, uno de nuestros objetivos prioritarios.

P ¿Cuándo empezaron a trabajar en el proyecto?

R Empezamos a trabajar en la Conselleria de Cultura de Ciprià Císcar desde mediados de los años 80 del siglo pasado, al mismo tiempo que trabajábamos en el IVAM. Fue entonces cuando se redactó el proyecto de restauración y ampliación del edificio que sigue hoy sin terminar, se empezó a desarrollar la plantilla de personal y se hicieron algunas adquisiciones de cuadros para ir desarrollando la colección. Pero había una historia que San Pío V no podía contar adecuadamente: el desarrollo de la modernidad artística del siglo XX.

P ¿Cuál fue el proyecto museístico?

R En muchas ciudades europeas se habían creado a lo largo del siglo museos específicamente dedicados a ello. Museos de arte moderno. Su manera de configurar el relato museístico, sus actividades, su manera de conectar con el público eran y siguen siendo diferentes de los de los museos de arte antiguo. Y ese era nuestro proyecto. Una institución dedicada a coleccionar, investigar y difundir el nuevo tipo de arte que, bajo el signo de la modernidad, se ha creado en el siglo XX, o a partir del siglo XX. El arte moderno. Sin olvidar que ese arte ha sido, esencialmente, un fenómeno histórico global, que empezó en París a comienzos de siglo XX y hoy se extiende a todo el mundo. Esa es la historia con la que el IVAM, desde València, y esto implicaba una cierta especificidad, se proponía conectar. De ahí el nombre: Instituto Valenciano de Arte Moderno, global.

P ¿Se acuerda con que presupuesto empezaron?

R Recuerdo lo que costó la construcción del edificio: unos 1.200 millones de pesetas, si no recuerdo mal. Unos 8 millones de euros.

P ¿Por qué se resiste el Estado a aportar más dinero?

R No estoy seguro de que el Estado deba aportar dinero a los museos de las comunidades autónomas. La Constitución atribuye a las comunidades autónomas competencias exclusivas en materia de museos, con la excepción de los museos nacionales. Lo que debe hacer el Estado es establecer un mecanismo equitativo de financiación de las comunidades autónomas para que puedan ejercitar adecuadamente las competencias que la Constitución les atribuye. Y en esto es evidente que la Comunitat Valenciana está muy mal tratada. Es ahí donde está el problema. Y no es cuestión de unos cuantos centenares de miles de euros para un museo, sino de algunos miles de millones para todas las necesidades.

P ¿El acierto desde el primer día fue la colección permanente que se gestó desde 1985 bajo su dirección?

R Creo que, junto a la colección permanente, está también el magnífico historial de exposiciones.

P Además del éxito de la colección Julio González y Pinazo, ¿qué intentó traer y no pudo?

R Me hubiera gustado poner las bases de unas buenas colecciones de dibujos de Picasso y de Miró. Y muchas otras cosas, claro.

P La colección del IVAM cuenta hoy con 11.322 obras en distintas disciplinas. ¿Suficientes?

R Quizá demasiadas en número. Pero sigue habiendo lagunas muy importantes.

P ¿Necesita ampliación?

R Creo que sí. Cuando se abrió, el IVAM contaba con el espacio del Convento del Carmen. De modo provisional, es cierto, porque el edificio estaba todavía sin restaurar. Luego el Carmen volvió a la Conselleria y los sucesivos directores del IVAM han ido imaginando sucesivos proyectos de ampliación. Se trata de una aspiración persistente en el tiempo y responde sin duda a una necesidad: la de respaldar la función de museo de arte moderno con la de centro de arte contemporáneo. Prácticamente todos los museos de arte moderno que se crearon en el siglo XX han evolucionado hacia esa dualidad y el IVAM lo ha hecho muy marcadamente.

P ¿Cómo y dónde podría ampliarse?

R Por razones arquitectónicas y urbanísticas, pero también por razones funcionales de uso del museo, creo que habría que completar la manzana en la que se encuentra el edificio actual. Esto no quiere decir aceptar la propuesta que en su día hizo el estudio japonés SANAA. Creo que aquella propuesta era inadecuada. Habría que volver a considerar el problema desde cero, hacer estudios técnicos, evaluar costes, ventajas y desventajas. Pero completar la manzana parece en principio lo más sensato y económico. Además, para eso se llevaron a cabo una serie de expropiaciones en su día. El derribo de los edificios expropiados ha dejado al descubierto una medianera que constituye un problema arquitectónico grave para el IVAM y para la ciudad misma. Una herida que no se resuelve con el proyectado jardín de esculturas.

P Tomàs Llorens gestó el IVAM, pero lo inauguró Carmen Alborch. ¿Recuerdos de un día como hoy treinta años después?

R Carmen me pidió que montara personalmente las cuatro exposiciones de la inauguración: González e Informalismo Español, a partir de la propia colección; Equipo Crónica y Dibujos de Picasso como exposiciones temporales. Disfruté mucho, sobre todo en el montaje de Julio González. Esa presentación duró solo hasta 1992, cuando el IVAM adquirió El Hombre Cactus y hubo una ampliación importante de la donación González.

P ¿Cómo determina la dirección de un museo público la vida del centro?

R Es fundamental.

P ¿Un deseo?

R Muchos: que los partidos políticos valencianos, incluyendo los del gobierno, se despeguen del Consejo Rector y de la dirección del IVAM y les dejen actuar con autonomía verdadera. Que el gobierno desburocratice el funcionamiento administrativo del museo, especialmente en cuestiones de personal, y que lo vuelva a dotar de las asignaciones presupuestarias que tenía en los años 90. Que el mundillo artístico local mantenga el IVAM a salvo de sus batallitas gremiales. Que la sociedad civil se involucre con generosidad en el financiamiento del museo en lugar de dispersarse en proyectos personales de corto alcance. Que el público lo visite con mayor frecuencia€

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