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Los mandamientos de Albert Boadella

Los mandamientos de Albert Boadella

Los mandamientos de Albert Boadella

Las mejores obras de teatro no son las que tienen mayor calidad, sino las que dicha calidad tiene detrás una filosofía, un relato. Es el caso de Albert Boadella y su ya larga trayectoria en Els Joglars. Su reposición estos días de El sermón de un bufón, en el Teatre Talia, me ha rememorado el libro que escribí hace años: Los diez mandamientos de la ley de Els Joglars (Algar). Se trataba de concretar en diez ideas la filosofía que ha estado detrás de su obra, y sigue estando.

Un relato que surge a raíz de seguir una trayectoria repleta de sensaciones, de pensamientos y de algún que otro disgusto. Porque eso es parte del juego que se produce al intentar comprender este fenómeno teatral y social que representa el director ex-catalán. De hecho, ahí está el significado real de la palabra «provocación», es decir, dar que pensar.

La labor Boadella, alma máter, pater y espíritu santo (y diablo a la vez) del grupo, ha consistido en erigir un oficio teatral a prueba de resfriados de inanición artística. La polémica, los escándalos, por una parte, y el rigor, el perfeccionismo la creatividad y la investigación, por otra, ha formado parte de una trayectoria que resumo siguiendo sus diez mandamientos, los que me llegaron de ultratumba mientras ardía una zarza que no se consumía. Ser «individualista» es el primero. Els Joglars se definen como individualistas. «Somos un reducido grupo de acérrimos individualistas», dice. Y para enredar, matiza posteriormente: «Els Joglars hacen artesanía colectiva».

El segundo mandamiento propone una actitud: la de «agropecuario», la de quien elige una vida alejada la jungla de asfalto. Un autoexilio. Para crear con viento fresco. Ser «escéptico» es la tercera ley, que es lo mismo que ser antidogmático. El cuarto se define por la «provocación», por no dejar indiferente al público. La venganza aclara el quinto mandamiento. Venganzas de comediantes, pero también respuestas a los agravios infringidos a algunos personajes ( Dalí, Josep Pla?). En el sexto, los actos impuros se han convertido en otros impuros, los que predisponen a «llevar la contraria».

Siguiendo el hilo, llegamos al séptimo: «despreciar la fantasía». O, lo que es lo mismo, tomar la realidad como máxima inspiración. El «mal gusto» es el octavo. Por eso, Boadella se define como bufón. Porque, antes de que le llamen así, como insulto, prefiere él mismo ponerse este calificativo, para inocular los posibles virus despectivos. «Fomentar los enemigos» es el noveno mandamiento; y da paso al último: «huir del teatro». Una expresión que no pide otra cosa que evitar un teatro de bello envoltorio, aséptico de transgresión y crueldad. En fin, huir de un teatro que no hiera.

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