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Arte

El universo más íntimo de César Manrique

Una exposición de fotografías inéditas da a conocer la faceta más personal del artista canario cien años después de su nacimiento

El artista canario César Manrique en su estudio. / Linus G. Jauslin

El artista canario César Manrique en su estudio. / Linus G. Jauslin

Se cumplen 100 años del nacimiento de César Manrique (1919 - 1992), el icónico y comprometido artista lanzaroteño que puso en valor y dio a conocer la riqueza cultural y medioambiental de su querida isla al mundo entero. Ahora, su cara más íntima es plasmada a través del objetivo de Linus G. Jauslin en la exposición 'Manrique Inédito', comisariada por la experta en arte y asistente del pintor, Carmensa de la Hoz, en una selección de fotografías que construyen un sincero y comprometido homenaje a la efervescente personalidad del reconocido artista.

Después de triunfar en Nueva York y llegar a exponer en todo el mundo, lo dejó todo tras una llamada del Cabildo de Lanzarote para llevar a cabo un histórico proyecto de conservación en la isla. "Lo hizo por amor al arte, porque no cobró nada, pero quiso regresar a su tierra para convertirla en lo que es a día de hoy. Gracias a su figura, la isla de los volcanes, la más olvidada de todas, conserva su paisaje y su personalidad propia. César nos enseñó a quererla, a estar orgullosos de ella", agradece De la Hoz, ex codirectora del centro de arte La Regenta y fundadora de la sala de arte Los Aljibes de Lanzarote.

No se trata de una exposición fotográfica al uso, advierte el autor de las imágenes. "Es casi un álbum familiar, realizado tras una selección de los cerca de dos mil negativos que acumulé en mi casa en Suiza tras mis visitas a Formentera. No tenía siquiera que llamar a la puerta, César me recibía con los brazos abiertos y me dejaba fotografiarle con total confianza. Yo nunca pensé en sacar estas imágenes a la luz, pero había que hacer algo especial para el centenario", señala Jauslin.

La muestra, que fue presentada dentro del programa de actos #Manrique100 impulsados desde el Cabildo de Lanzarote en su tierra natal, hace ahora su primera parada recalando en el espacio Yimby de Bilbao hasta el próximo 3 de agosto. En ella, los visitantes podrán disfrutar de la hospitalidad de este genio, que abría las puertas de su impresionante casa Taro de Tahiche, en Teguise -ahora reconvertida en sede de la Fundación César Manrique- a este fotógrafo suizo y a otros grandes amigos como Alberti, Oteiza, Kraus o Berlanga siempre que viajaban a la isla.

Como si de curiosos voyeurs nos tratáramos, a través de estas fotografías nos sumergimos de lleno en el universo más íntimo del artista. Nos colamos en su taller, donde podemos descubrir cómo era su rutina de trabajo ante el lienzo, su amor por sus perros -al primero le llamó Taro, como el tradicional refugio de la lluvia que construían los campesinos y a él le siguieron otros, siempre de la raza Gran Danés- o su impresionante plantación de cactus, que cuidaba con esmero y que en 2017 fue reconocida con el Premio Internacional Carlo Scarpa de Jardines concedido por la Fundación Benetton por ser uno de los jardines más bellos del mundo.

Retrato de César Manrique en Taro de Tahíche, Lanzarote, 1971.

Manrique en una filmación en el Parque Nacional de Timanfaya con un equipo de la televisión alemana en1978.

El pintor trabajando en su estudio en 1984.

Sólo el fotógrafo Linus G. Jauslin, autor de estas fotografías, podía fotografiarle con naturalidad dentro de su taller.

Dos retratos de César Manrique en distintas épocas de su vida.

Una pequeña anécdota que refleja la sensibilidad de Manrique, cuenta entre risas, es que cuando quiso cambiar los suelos de su casa para colocar mármol le rogó a Carmensa que cantara a sus delicados helechos para que no se mustiaran. "Y yo entonaba boleros y alguna copla, que es lo que a mí me gusta, mientras los obreros, muertos de la risa, me miraban como si estuviera loca".

Defensa del medioambiente

El genio canario siempre llevó por bandera la defensa de las tradiciones y el valor medioambiental de Canarias, buscando el equilibrio en la naturaleza como espacio creativo, lo que le valió numerosos reconocimientos, como el Premio Mundial de Ecología y Turismo y el Premio Europa. "Fue un artista adelantado a su tiempo. Hablaba de ecologismo cuando todavía no se sabía qué era eso", destaca su asistente.

Pero además, a Manrique "le gustaba una fiesta más que comer", prosigue De la Hoz esbozando una sonrisa. Tal es así que fue precisamente en la inauguración de la sala de fiestas Andrómeda del Lago Martiánez del Puerto de la Cruz, en Tenerife, donde conoció a Jauslin. Han pasado casi cincuenta años de aquello, pero este fotógrafo lo recuerda como algo mítico. "Fue una fiesta impresionante, a la que asistieron cerca de dos mil invitados y llegó a bailar la legendaria Joséphine Baker", rememora, mientras observa con nostalgia las fotografías de la artista estadounidense, conocida popularmente como la Venus de Bronce.

César Manrique en el salón violeta de su casa, Taro de Tahíche .Linus G. Jauslin

Aparecen otros rostros femeninos, como el de su novia Lise Prahm, pero su gran amor fue Pepi Gómez. "Estuvieron juntos 19 años, hasta que ella falleció en el año 1963 a causa de un cáncer de matriz. Les hubiese gustado tener hijos, a él le encantaban los niños, pero no pudo ser", indica su asistente. Su pérdida le hizo huir de Madrid y marcharse tan lejos como pudo, a Nueva York.

Otro de los momentos que marcó trágicamente su vida fue la Guerra Civil. Al contrario de lo que se cuenta en algunas biografías, De la Hoz explica que fue reclutado contra su voluntad por el bando franquista. Tenía sólo 17 años y su inocencia era tal que cuando "llegó al campamento, de noche y lloviendo, preguntó por qué había un grupo de hombres que dormían al raso en el patio en vez de resguardados y en realidad lo que pasaba era que estaban muertos", narra a modo de anécdota. No obstante, tuvo suerte y su destreza con el dibujo le ayudó a desempeñar tareas de oficina alejado del peligro de las trincheras. Aun con todo, al regresar a casa cuenta la leyenda que prendió fuego a su uniforme de soldado.

César Manrique en 1992 abrazando a su perro en su casa de Haría, un mes antes de fallecer.Linus G. Jauslin

Sus últimas imágenes

Las imágenes que conforman este apasionante recorrido son prueba fehaciente de la amistad que mantuvieron Manrique y Jauslin. Una relación que perduraría durante más de dos décadas, desde que se conocieron en 1971 hasta la inesperada muerte del artista en 1992 en un accidente de tráfico. "Apenas un mes antes, en otra de mis asiduas visitas a Lanzarote con mi mujer y mis hijos, le saqué la que sorpresivamente se convirtió en su última imagen", lamenta.

En ella, aparece sonriente, abrazando a su perro y con unas gafas oscuras que trataban de contrarrestar sus problemas de visión. "Después de ser operado de la vista, dejó de conducir e iba a todas partes con su chófer, pero el día del accidente cogió el coche desde su nueva casa en Haría para ir a la Fundación. Conocía perfectamente el camino, pero pasó lo que nunca debió pasar", lamenta con De la Hoz, visiblemente emocionada.

La comisaria de arte Carmensa de la Hoz y el fotógrafo Linus G. Jauslin.Aida M. Pereda

Con este repaso por los últimos años de su vida, 'Manrique Inédito' logra transmitir la vitalidad de este genial artista, cuyo legado resulta imprescindible para entender la historia reciente y su huella indeleble forma parte del acervo cultural y el impresionante paisaje de la mágica isla de los volcanes.

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