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Entrevista

Amadeo Laborda: "El recuerdo comparte rellano con los sentimientos"

«Zambuch no es una novela al uso, sino un texto elaborado con un material del que no están hechas las novelas»

Amadeo Laborda: "El recuerdo comparte rellano con los sentimientos"

Amadeo Laborda: "El recuerdo comparte rellano con los sentimientos"

Del puño de Amadeo Laborda (València, 1969) emana una escritura muy peculiar y característica, cargada de retórica y expresividad. El autor valenciano de prosa y poesía escribió La memoria de tu nombre en 2017, y ahora publica Zambuch. Ha sido finalista en varios premios nacionales e internacionales.

P ¿Cuál fue la «pérdida» más significante en la obra?

R El paso de los años supone una suma de pérdidas y ausencias, de cosas que dejan de existir por los estantes de un armario o por el fondo poco visitado de cualquier cajón. Son los zarpazos del olvido. En la novela se profundiza en lo que pudo ser y no fue, pero quizás la pérdida más significativa es la de la inocencia. Zambuch es un muestrario de lo que queda. El escaso inventario de aquel amor del que sobrevive poco, o casi nada.

P ¿Cómo es echar la vista al pasado para escribir obras así?

R En ningún caso se trata de un ejercicio introspectivo. El recuerdo se presenta acechante y sale al paso con sus diferentes caras. Unas cosas llevan a otras y ciertas tardes a sus consiguientes noches. Es ahí donde uno se da cuenta de la grandeza de lo cotidiano, y de qué manera todo descansa en lo pequeño y se expande en la memoria.

P ¿Qué aspecto es el que más destacaría del libro?

R Su poética. Zambuch es un poema largo en el que el recuerdo comparte rellano con los sentimientos. En el centro de ese escenario hay un amor primerizo y un engatusamiento que lo envuelve todo. El resto es una historia que hay que consumir a tragos cortos, sentándose sobre sus frases mínimas o perdiéndose por sus pasillos largos.

P ¿Cómo da lugar a ese estilo tan literario y cargado de retórica?

R La intención es conmover al lector y hacerle partícipe. Las imágenes y la emoción de las palabras son el recurso para que su sombra se acerque a la de los personajes hasta acabar confundiéndose. Nunca es sencillo escribir cuando se intenta hacer desde las orillas y partiendo de la piel del detalle. Tampoco la lectura resulta sencilla y de ahí esa necesidad de que sea fácil. Es el estilo en el que me siento cómodo y desde el que me gusta contar. La descripción es una pieza clave.

P ¿Qué le impulsó a escribir Zambuch?

R Salir al rencuentro de las cosas de entonces: las bicicletas repintadas, las verbenas, aquellas noches de estrellas fugaces y mosquitos impertinentes, la casa antigua y las toallas con olor a río. En ese decorado de vírgenes de plástico y chancletas de goma pervive un verano que coincide con el de muchos lectores. Mi intento ha sido plasmarlo en un relato de secano que pusiera de manifiesto que en realidad no añoramos lugares ni territorios, sino los tiempos que corresponden a esos lugares.

P ¿Consideró la obra como una apuesta arriesgada?

R Ese riesgo está presente desde los primeros párrafos del libro y se materializa en el constante intento de enlazar con la memoria íntima del lector, pero había que hacerle frente.

P Hay expresiones y elementos que se repiten a lo largo del libro. ¿Significan algo para usted?

R Son una puerta abierta para la reflexión del lector. Por ejemplo, más allá de la foto conservada está el instante en el que se hizo esa foto: «un, dos, tres, patata». En ese instante cabe todo cuanto no aparece en la propia fotografía. La inmensidad de lo no contado. La cantimplora simboliza lo que desapareció por el transcurrir del tiempo. Aquello que tras una mudanza quedó al fondo de un altillo.

P ¿La obra ha obtenido el reconocimiento que esperaba?

R Desde el punto de vista editorial no se ha considerado Zambuch como una novela al uso, sino como un texto elaborado con un material del que no están hechas las novelas. Se ha buscado unos parámetros de singularidad por encima de los meramente comerciales. Sin embargo, ha sido el reconocimiento de la crítica y el de otros autores el que ha convertido al libro en un título solicitado por los lectores. También el que varios fragmentos del relato resultasen finalistas en media docena de premios internacionales de relato breve ha contribuido a ello.

P ¿Tiene algún proyecto futuro?

R Actualmente recopilo apuntes para una nueva novela que aborde el recuerdo de la infancia. No obstante, mi prioridad es completar un poemario en el que ahora trabajo y que amplía mi poemario breve Sal de mar, con el que recientemente gané el Premio Marc Granell de poesía en su modalidad en castellano. Durante el último año han sido nueve los galardones nacionales e internacionales de narrativa y poesía, por lo que también la creación de otros pequeños textos con los que participar en nuevos certámenes me mantiene ocupado.

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