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Arrúe, el valenciano que ha conquistado a Madonna

La cantante ha compartido con sus seguidores la imagen del cuadro adquirido, «MadammeX», y la popularidad del pintor se ha disparado - Alejandro Sanz o Miguel Bosé también poseen obra del artista

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A Jesús le gusta fotografiar sus obras y publicarlas en Instagram. Lo lleva haciendo desde hace años. Pero nunca imaginó que esta acción le iba a reportar una de las mayores satisfacciones de su vida. Personal y profesionalmente. Hace seis meses, de madrugada, recibió en su móvil un mensaje directo en el que un seguidor, en inglés, le felicitaba por un retrato de Madonna con el título Illuminati MadammeX. El instagramer, además, le preguntaba si tenía más cuadros dedicados a la cantante. El elogio en cuestión le llegaba por un lienzo de gran tamaño (149 x 97 centímetros) que él, entre encargo y encargo, había pintado y colgado en la red para compartir con su millar de seguidores porque es muy fan de la diva. Hasta ahí todo normal. Lo curioso es que el escueto mensaje no se lo había dado un seguidor cualquiera. Fisgón donde los haya, el pintor valenciano descubrió tras ojear la cuenta en cuestión que se trataba de la preparadora personal de la cantante.

Arrúe, tras agradecer el cumplido e intercambiar un par de mensajes sobre la obra en cuestión con su nueva seguidora, se quedó atónito cuando la preparadora se interesó por cómo conseguir el retrato porque, le dijo, la cantante estaba «entusiasmada» con él. M. O. preguntó cómo abonarlo y la posibilidad de que le enviaran el óleo a la vivienda particular de la diva en el edificio Harperley Hall, en el barrio del Upper West Side de Manhattan, en Nueva York.

Formalizada la venta, Arrúe empaquetó y envió la obra a la dirección solicitada. Y fue, meses después, cuando de madrugada saltó la bomba. Madonna compartió con sus 14,3 millones de seguidores un Instagram Stories con su cuadro y en la imagen etiquetó al pintor valenciano. «Cuando ese día revisé mi cuenta me quedé pasmado al ver los seguidores que había ganado y cómo la gente estaba dando 'me gusta' a mis cuadros», recuerda Arrúe. «Fue increíble comprobar cómo el hecho de que Madonna me etiquetara servía para relanzar mi obra», apunta.

No obstante, el apartamento de la cantante americana no es el único de un personaje conocido en el que cuelgan cuadros del valenciano. Alejandro Sanz, Miguel Bosé, Antonia Sanjuán o más recientemente Alex González, por ejemplo, han adquirido o les han regalado uno de estos cuadros. «Aquí paga todo el mundo», advierte. «Alguna persona, o más concretamente algún intermediario, me ha pedido un retrato y el pago era ponerlo en redes y darme difusión, pero yo me niego en rotundo. ¿Le pido yo a un cantante que venga a mi casa y me cante gratis?», ironiza.

La Menina rumbo Madrid

«El boom ha sido brutal. ¡Es que lo de Madonna ha sido muy cañero!», valora desde su estudio situado en pleno Barrio del Carmen. Un taller en el que, además de los óleos de populares rostros que aún no han llegado a su lugar de destino, destaca una gran menina de cartón-piedra decorada con imágenes de la movida madrileña que, a partir del 15 de septiembre, se expondrá en Madrid. «Ya está acabada -hoy viaja rumbo a la capital-. Me hizo mucha ilusión que me seleccionaran para participar en la exposición urbana 'Meninas Madrid Gallery'. No sé dónde la pondrán pero son 60 las meninas que 60 artistas han pintado. Estar entre esos elegidos me enorgullece mucho».

Arrúe, que heredó de su abuelo paterno su pasión por el arte, estudió Psicología lo que, sostiene, le ayuda a expresar sobre el óleo y con profundidad el carácter de las personas. «Mis estudios me ayudan a plasmar diversos estados de ánimo como la esquizofrenia, la bipolaridad, la depresión, la euforia, las miradas... Con el retrato se tiende a embellecer y eso requiere de cierta exactitud porque no puedes irte ni un milímetro en un ojo porque entonces la persona deja de ser esa persona. Ser fiel es la clave. Cuando pinto a personajes sí puedo jugar y darles otros matices», argumenta tras incidir en que le «encanta» pintar, que «siempre» le acompaña la inspiración, y que pinta «para vivir».

«Mi adolescencia estuvo marcada por la música y el estilo de los años 80 y 90, y mis artistas favoritos fueron David Bowie, Madonna, John Lennon... Estas influencias son las que hoy me invitan a capturar los rostros de esas estrellas en mis lienzos. No sé, quizás mi adolescencia también influye. Tuve una juventud atormentada, sobre todo por las indecisiones y el descubrimiento de mi identidad. Busqué en el arte el poder gritarle al mundo una condición sexual oprimida durante mucho tiempo. Mi juventud fue complicada, a veces excesiva, y quizás fue eso lo que me permitió abrir mi alma», confiesa.

Pintor de miradas

Arrúe se define como «pintor de miradas» y en sus procedimientos expresionistas usa varios materiales pero donde mejor se desenvuelve es sobre óleo y acrílicos. No obstante, incide, está siempre en «continuo aprendizaje» y disfruta usando «nuevas técnicas» como areniscas e incluso polvo de tóner.

Como artista, insiste, no pretende ser fiel a la imagen de los personajes, sino a los sentimientos que transmite en las miradas que pinta. Y es que sus obras, que no dejan a nadie indiferente, transmiten sobre todo sentimientos. «Me gusta que la gente se coloque frente a la obra y se deje llevar». Lo del formato grande, también tiene su miga. «Soy de caballo grande ande o no ande. Es un formato complicado, sobre todo por la perspectiva, pero a mí me luce y es lo que la gente me pide», confiesa.

Orgulloso de sus obras -«son una parte de mí porque en ellas me dejo la vida», dice-, considera que para él el arte es terapéutico ya que le provoca «tensión» y a él el gusta «vivir la vida con tensión». «Ante un lienzo me desahogo y, de una u otra manera, le trasmito mis sentimientos, positivos o negativos, al personaje en cuestión». confiesa.

Aunque no recuerda ni cuándo ni a quién vendió su primer cuadro, Jesús Arrúe nunca olvidará el momento en el que descubrió que Madonna, su ídolo, tenía un cuadro suyo y, asegura que hasta que se muera agradecerá cómo un Instagram Stories le sirvió de trampolín para instalarse en la élite del arte moderno.

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