Indomable y comprometida como la actriz a la que da vida en Seberg, Kristen Stewart aportó ayer un soplo de aire fresco en la apertura del 67 Festival de Cine de San Sebastián, defendiendo el feminismo como su «segunda piel» y retando los estándares de apariencia que se espera de una estrella del cine. «No es cuestión de polarizar, hay grandes películas sobre mujeres hechas por hombres pero necesitamos también la perspectiva femenina en el cine», ha dicho la actriz californiana en una entrevista con un grupo de periodistas, convencida de que las cosas están cambiando: «Me siento muy motivada y acompañada», dijo.

La Sección Oficial se estrenó con Blackbird, un tremendo drama familiar dirigido por Roger Michell ( Notting Hill) que llenó de lágrimas el patio de butacas del Kursaal. Blackbird es una «remake» de Silent Heart, que ya se pudo ver en el Zinemaldia en 2014, dirigida por Billy August, que ni Michell ni sus espectaculares actores -Susan Sarandon, Kate Winslet, Sam Neill, Mia Wasikowska, Rainn Wilson y Lindsay Duncan, entre ellos-, han querido ver todavía.