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Teatro

"Con los espectáculos de Els Joglars se podría seguir la historia de este país"

Ramon Fontserè se mete en la piel del artista de "espíritu cosmopolita" Santiago Rusiñol

El director de Els Joglars, Ramon Fontserè, en el papel de Santiago Rusiñol en «Señor Ruiseñor». l-emv

Els Joglars vuelven a València, donde cuentan con un público fiel. Señor Ruiseñor, su última producción se podrá ver en Rambleta a partir del viernes 18. Ramon Fontserè da vida a Santiago Rusiñol (Barcelona, 1861-Aranjuez, 1931) un pintor, escritor y dramaturgo. Fontserè representa a un artista de la «Cataluña cívica, culta y abierta». El actor que ya se metió en la piel de Dalí asegura que es un personaje como el excelso surrealista del Ampurdán o Josep Pla. «Esa gente artista que poblaron este rincón del Mediterráneo».

Pla dijo que Rusiñol era un destructor de fanáticos y Fontserè, que ha fustigado al nacionalismo catalán, sostiene que el protagonista de la obra «representaba un espíritu cosmopolita, porque se consideraba de todas partes».

Señor Ruiseñor pone ante el espejo «esa reivindicación del arte como patria universal, frente a las patrias identitarias». Fontserè explica que Rusiñol, Dalí o Pla tenían otros referentes. «Rusiñol decía: 'yo amo más un fragmento de Dante, una melodía de Chopin, un cuadro de Velázquez o El Greco que una ciudad o un pueblo'». «Esa unión de los diferentes, esa mirada abierta, era la manera de vivir con una cierta comodidad», remata.

Antinacionalismo

En Señor Ruiseñor, un jardinero municipal debe dejar el trabajo por culpa del reuma y es recolocado en el Museo Rusiñol donde teatralizará al artista en las visitas. Pero con el paso del tiempo, cuando el jardinero se ha enamorado del pintor, la administración decide transformar el Museo Rusiñol en el Museo de la Identidad. A partir de ahí se crea un conflicto entre los dos mundos: el de Rusiñol y el de los que defienden la identidad.

Els Joglars insiste en desenmascar el nacionalismo. «Desde la Guerra Civil se ha considerado a los nacionalismos periféricos como de izquierdas. Aún estamos así, no se ha avanzado en la unión de los distintos a través de un estado de derecho y de una Constitución, como la nuestra del 1978», comenta.

«Los sentimientos nunca están por encima de las leyes en democracia», afirma, para acto seguido argumentar la deriva identitaria de su tierra: «cuando vuelve Josep Tarradellas (presidente de la Generalitat en el exilio y de la Generalitat provisional) dice su famoso 'Ciutadans de Catalunya', no menciona 'catalans' porque comprendía la realidad social de Cataluña de aquella época. Luego llegó el pujolismo que ha creado todo esto que ahora tenemos».

Ramon Fontserè que ha bordado los papeles de Pujol, Dalí, Pla, el Papa, el cocinero Maestro Roda y ahora Rusiñol, cuenta que se mete en la piel de los personajes con «mucha pasión». «No he perdido el elemento esencial del actor que es el juego. El teatro es juego. Lo explica muy bien Marcello Mastroianni en su documental biográfico Sì, io mi ricordo: 'cuando eramos niños jugamos a vaqueros e indios con toda la ilusión y pasión...' Pues hay que mantener ese espíritu de juego sobre el espacio sagrado del teatro».

Esa también es la salud de Els Joglars, «aún tenemos ilusión y ganas de seguir jugando, con nuestra forma de entender el teatro, estando atentos a la realidad que nos envuelve. No hacemos más que lo que le dijo Hamlet a Apolonio: 'trata bien a los cómicos, que no les falte de nada, porque son el compendio breve de la crónica de los tiempos».

Els Joglars siguen fiel a su estilo con Señor Ruiseñor. «Con los espectáculos de Els Joglars se podría seguir la historia de este país. Con Teledeum, con la España que sale de la dictadura a la democracia; Virtuosos de Fontainebleau sobre el mercado común europeo, o Bye, bye Beethoven».

Fontserè se incorporó a Els Joglars con Teledeum, que se estrenó en Alicante en 1983, y que levantó mucha polémica en València. «Nos hace mucha ilusión ir a La Rambleta, es la primera vez que vamos. No habíamos estado nunca, pero nuestros amigos de Mongolia nos han dicho que es un espacio collonut».

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