14 de enero de 2020
14.01.2020
Levante-emv
Obituario

Adéu a la valenciana universal

La alcoyana Isabel-Clara Simó falleció ayer a los 76 años a consecuencia de una enfermedad degenerativa - Escribió cerca de 60 novelas, relatos, poesías y ensayos y recibió el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes -"La literatura es un instrumento para sentir"

13.01.2020 | 21:08
La escritora valenciana Isabel-Clara Simó, fallecida ayer a los 76 años, en una imagen de 2012, cuando publicó «Un tros de cel».

Para el alcoyano Ovidi Montllor las palabras nunca morían y los que las escribían, tampoco. Solo se iban de «vacaciones indefinidas». Ayer – justo veinte años después de la muerte de Enric Valor, otro ilustre escritor valenciano nacido a las faldas de la Mariola-, se tomó vacaciones Isabel-Clara Simó, la mujer que desde las montañas de l'Alcoià saltó al Canigó (así se llamaba la revista literaria que dirigió junto a su marido Xavier Dalfó) para convertirse en una de las escritoras más populares de la literatura catalana contemporánea. Falleció ayer a los 76 años en su casa de Barcelona.

Temperamental, franca y valiente, coleccionista de premios, decana de las letras catalanas, feminista e independentista «que quería dejar de serlo», Simó ha sido, quizá, la escritora valenciana más prolífica y más reconocida a nivel internacional. La enfermedad degenerativa que padecía desde hace casi dos años le afectaba el habla, y por ello últimamente había desaparecido de los actos públicos. Pero no dejó de escribir hasta el final. En 2019 publicó Prime time. Irreverències y la perturbadora La sarbatana. Hasta hace unos días aún intercambiada correos con su editor de Bromera, Gonçal López-Pampló, para ultimar la que será su novela póstuma, Al teu gust, que está previsto que se publique el próximo mes de marzo.

Aunque fue la novela el género que cultivó con mayor dedicación, en su bibliografía figura más de medio centenar de obras entre las que también hay ensayos, cuentos, poesías y guiones, además de centenares de artículos periodísticos. Pese a su ingente obra, cuando en 2017 recibió el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes ella misma confesó haberse sentido como escritora «rechazada y no querida» y lamentaba que había «dado la imagen, por ser mujer y mayor, que escribo historias de amor para 'tietes', que escribo para mujeres, desde interiores». Eso sí, arropada por la popularidad entre sus lectores, esgrimió carácter: «cada bofetada me ha servido para impulsarme».

La hija del maestro de Alcoi

Nacida el 4 de abril de 1943 en Alcoi, Isabel-Clara Simó era hija de un maestro de escuela que, además de una biblioteca en la que conoció a Herman Hesse, Pío Baroja o William Faulkner, le enseñó «la tolerancia en la vida». Su madre era una mujer «muy temperamental, con mucho nervio. Y de la mezcla de ambos he salido yo».

Simó se licenció en Filosofía en la Universitat de València. En la universidad entró en contacto con los primeros grupos nacionalistas valencianos guiados Joan Fuster, su «padre espiritual», según ella misma aseguró más de una vez, y figura esencial también para que iniciara sus carrera literaria.

Fue Fuster quien le hizo descubrir que la lengua de Ausiàs March, que ella solo utilizaba oralmente, pertenecía a una cultura milenaria. «Y entonces, por primera vez escribí un cuento en la lengua en que pensaba y sentía. Me cayeron unos lagrimones que no podéis ni imaginar», recordaba la veterana escritora, 

Antes que escritora, Simó fue profesora en Buñol y en Figueres, ciudad a la que se trasladó para dar clases en un instituto y en la que conoció a su marido, el periodista Xavier Dalfó. Allí también nacieron dos de sus tres hijos. Uno de ellos falleció a los 35 años en un accidente de moto. Aquella pérdida la intentó exorcizar en la novela Els invisibles, publicada en 2013.

Establecida en Cataluña, entre 1971 y 1983 dirigió El Canigó, un semanario literario político y culturalmente incorrecto en el que conoció a grandes personajes de la cultura del siglo XX como Dalí, Josep Pla, Jaume Miravitlles, J. V. Foix, Ricard Salvat, Salvador Espriu, Maria Angels Anglada, Maria Aurelia Capmany, Manuel de Pedrolo, Montserrat Roig o Marta Pesarrodona. De todos ellos, así como de Ovidi Montllor, Joan Fuster, Antoni Miró, Alfons Llorenç, Montserrat Roig, Ignasi Riera, escribió en Els racons de la memòria, un magnífico libro de evocaciones y recuerdos que Simó publicó en 2009.

Consagración literaria

La escritora alcoyana inició su carrera literaria con la consecución del Premi Víctor Català gracias a la recopilación de relatos És quan miro que hi veig clar (1979), en el que ya se puede vislumbrar el camino que seguirá la producción de ficción de la autora: una literatura de ojos hacia fuera, que toma como referente el mundo real e interpela al lector desde la realidad cotidiana.

Aún así, fue Júlia (1983) la obra con la que Simó inició su extenso proyecto narrativo, una novela que escribió animada por Fuster y que recuerda los hechos históricos de la Revolución del «Petroli» en Alcoi de finales del siglo XIX. A partir de esta historia traducida a varios idiomas, reeditada en multitud de ocasiones e incluso revisada en 2015 por su autora para acercar el lenguaje a la realidad «alcoiana», Simó continuó trabajando con una clara voluntad de profundizar en el oficio y demostrando una evolución constante, claridad de objetivos y una continuidad y ambición difícil de encontrar en el panorama literario valenciano.

En 1986 llegó la novela psicológica T'estimo Marta; y en 1990 Els ulls de Clídice, donde explica la relación de tres personas en un círculo cerrado. En La veïna (1990) presenta un antihéroe que se ve obligado a investigar un asesinato y es inculpado, y en 1991 llega Nati (1991), un relato con trasfondo de crítica social.

En 1993 fue galardonada con el Premi Sant Jordi de novela por La salvatge, en la que Simó trata de explicar «que cualquier posesión de la libertad de otro, sea en el amor o en la política, desemboca en la violencia. Para poseer la libertad ajena es necesaria una ética». La novela narra la relación entre Dolores Mendoza, una adolescente norteamericana escapada de su país, y Joaquim Simón, un adinerado masón catalán que la adopta con el fin de modelar una criatura perfecta que encarne los ideales de belleza, fortaleza y cultura.

Al año siguiente llegaría una de sus obras más exitosas y con reediciones constantes: El Pare (1994), biografía novelada de Jacint Verdaguer, de la que se hizo una adaptación radiofónica en Cataluña Radio. La innocent (1995) ganó Premi València de Literatura; El professor de música (1998), una novela ambiciosa y exigente con el lector, fue galardonada con el Premi de la Crítica dels Escriptors Valencians. También destaca en su biografía literaria El gust amarg de la cervesa (1999), T'imagines la vida sense ell? (2000), Hum... Rita! L'home que ensumava dones (2001), que fue Premi Octubre-Andròmina de narrativa; Amor meva, con el que en 2010 Premi Joanot Martorell, o Els invisibles (2013).

Ensayo, poesía y teatro

En 2001 también mereció el Premi de la Crítica dels Escriptors Valencians en la modalidad de ensayo por En legítima defensa. No fue su única incursión en este género en el que también destacan sus disertaciones Sobre el nacionalisme (2000) o el homenaje a Montserrat Roig Si em necessites, xiula (2005). En Adéu, Boadella (2008) contesta el Adiós, Cataluña del comediante catalán, y Cartes d'independència a la vora d'una tassa de te (2011), coescrito con la también desaparecida Patricia Gabancho.

Isabel-Clara Simó también cultivó la poesía (su torpeza con los versos en sus inicios la llevaron a definirse como «poetastra») y el teatro ( Cómplices, La visita). Dentro de la novela destaca su dedicación al género negro (el festival Tiana Negra ya tenía previsto el próximo viernes rendirle homenaje) y el juvenil, además de los guiones televisivos (serie «La granja») y radiofónicos y el articulismo (en El Periódico, entre otros). También escribió artículos para el Posdata de Levante-EMV y en los últimos años la sección Panorama de este diario publicó algunos de sus relatos editados por Bromera.

Fue profesora de instituto y de la Facultat de Traducció e Interpretació de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Doctorada en Filología Románica, fue nombrada en 1996 delegada del libro del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y formó parte de la Institució de les Lletres Catalanes, de la que sería nombrada decana en el 2016 y que el pasado junio le rendía un homenaje. Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya (1999) y miembro de la Associació d'Escriptors en Llengua Catalana (AELC), defendía que con su escritura buscaba «crear novelas de ideas y crear atmósferas».

«La literatura no es una terapia, no sirve para nada. Es una obra de arte. No es útil: si desea cosas útiles, vaya a la ferretería. La literatura es un instrumento de pensar y sentir», dijo la escritora valenciana al recibir el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes en 2017 «por su compromiso con la cultura del país».

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