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Crítica musical

La revelación pentecostal de Carolina Durante

La revelación pentecostal de Carolina Durante

Su hijo de usted, señora, salió del concierto iluminado por la llama de una nueva sabiduría. Decía el chaval que había vuelto a nacer después de los sesenta y cinco minutos mejor invertidos de su vida. Ese es el tiempo en que Carolina Durante vomitó dieciocho canciones, casi todas las que tienen, en una tormenta de distorsión, ritmo frenético y crueldad lírica ante un recinto abarrotado hasta límites peligrosos. En lo que será uno de los conciertos del año, su criatura no paró de saltar y corear dificultando incluso la escucha de Diego Ibáñez, que vociferaba como un loco pidiendo salir del manicomio entre espasmos que hacían pensar en una camisa de fuerza.

Su retoño, buena mujer, acogió con el gozo de la fe renovada unas letras repletas de sarcasmo, crueldad, auto odio generacional y desidia, que claman contra un tramposo laberinto vital que tiene en la diversión su única puerta de salida. Así, se bebió de un cáliz sentido como propio el veneno nihilista envuelto en pegadizas melodías de «Cementerio», «La noche de los muertos vivientes», «Nuevos vicios» y «Falta sentimiento», certeras, afiladas y cargadas de mala sombra.

La histeria colectiva llegaba hasta detrás de un pilar, donde los amigos de su chico bailaban en medio de un agitado trance sin tener ni siquiera contacto visual con el cuarteto madrileño. Por eso no pudieron ver como el cantante expulsó de la sala a un tarugo, ya con una edad, por haber pegado a una chavala. «Ese nota, ¡fuera!». Que una cosa es el pogo y otra, la agresión.

Tras esta aplaudida acción, Ibáñez continuó con sus veloces himnos chorreantes de confusión, apatía juvenil, fracasos sentimentales e incomprensión como «Necromántico», «En verano» y «Joder, no sé», mientras su hijo, querida amiga, tiraba cubalitros llenos de cerveza al aire con los ojos desenfocados por la emoción de la vitriólica «Cayetano» y la maravillosamente pop «Perdona». Así que no se extrañe si se marcha a la capital para verlos en el Wizink Center en diciembre, porque su pimpollo experimentó el sábado una revelación. Con 44 años. Sea buena y quédese esa noche a los nietos.

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