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Entrevista

Gustavo Gimeno: "No sería razonable asumir una nueva titularidad"

Director musical de la Sinfónica de Toronto y de la Filarmónica de Luxemburgo

Gustavo Gimeno: "No sería razonable asumir una nueva titularidad"

Se sorprende Gustavo Gimeno (València, 1976) cuando el periodista le llama para una nueva entrevista, ahora con motivo del retorno a su ciudad natal para dirigir mañana a la Orquestra de la Comunitat Valenciana un monográfico Stravinski con dos obrones como Petrushka y La consagración de la primavera. «¡Pero si ya me hizo una el año pasado!» El vértigo de su dinámica carrera, con novedades e hitos frecuentes, incita la constante puesta al día.

Maestro a ambos lados del Atlántico -es titular de las orquestas Filarmónica de Luxemburgo y de la Sinfónica de Toronto-, invitado en los podios de las mejores orquestas y teatros, en esta entrevista deja entrever su imposibilidad de asumir la dirección musical del Palau de les Arts: «A pesar de mi sintonía tanto con Jesús Iglesias -cuyo trabajo valoro mucho- como con los propios profesores de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, la titularidad de dos orquestas tan exigentes como las de Toronto y Luxemburgo apenas me resta tiempo para dirigir como invitado en otros espacios. Así que, obviamente, no puedo ni debo estar en demasiados sitios a la vez».

Sin decirlo, Gimeno da a entender palmariamente que no puede asumir la dirección musical del Palau de les Arts: «Entiendo que no sería razonable -ni para mí ni para el propio Palau de les Arts- asumir semejante responsabilidad artística, aunque, evidentemente, sí espero mantener mi relación como director invitado». El concierto se repite el domingo en el Auditorio de Castelló.

Es evidente que el hecho de haber asumido la titularidad de la Sinfónica de Toronto y haber prorrogado hace apenas unas semanas su contrato en Luxemburgo hasta 2025 implica que no podrá ocupar -además- la dirección musical del Palau de les Arts. ¿No le atraía ser titular de una orquesta como la de la Comunitat Valenciana, con la que ha ofrecido conciertos tan exitosos como la «Novena» de Mahler que dirigió en su última visita, hace ahora un año, y con la que mantiene una fructífera relación artística e incluso personal?

Usted da por supuestos unos hechos que quizá no sean ciertos. Por otra parte, a mí personalmente no me gusta ni me interesa especular con ofertas de trabajo, y menos aún públicamente. En cualquier caso, lo verdaderamente importante es que he disfrutado mucho las colaboraciones hechas con la Orquesta de la Comunitat Valenciana en el pasado y estoy contento de poder actuar de nuevo juntos esta semana en València, y también me alegra que tengamos una fructífera relación artística y personal que esperemos se mantenga.

Es decir, no puede compatibilizar Luxemburgo, Toronto y València.

No podría asumir una nueva titularidad ni en València ni en ningún otro sitio. No solamente por los contratos vigentes, sino porque no sería responsable y honesto ni hacia la música, ni para las instituciones de las que estoy al frente, ni tampoco para mí mismo.

¿Mantendrá, al menos, su visita anual a Les Arts para, como ha venido haciendo hasta ahora, dirigir conciertos sinfónicos? ¿Y el foso? ¿Volverá a dirigir ópera en el Palau de les Arts, donde aún se recuerdan bien sus interpretaciones de «Norma» de Bellini con la gran Mariella Devia, en marzo de 2015?

Esa es la intención: tanto la de mantener nuestra relación como la de volver a dirigir ópera en València. Estamos en contacto y espero que nuestras agendas puedan coordinarse.

¿Y el Palau de la Música, la Orquestra de València? Sus versiones de «El pájaro de fuego» de Stravinski y de la obertura «Leonore II» de Beethoven en septiembre de 2013 marcaron un hito. Me consta que desde la dirección del Palau de la Música han intentado reinvitarle un sinfín de ocasiones, y que incluso le han puesto en bandeja la titularidad.

En efecto hemos mantenido el contacto durante los últimos años y estoy siempre muy agradecido de que quieran contar conmigo en el Palau de la Música, y obviamente me haría ilusión volver en el futuro. Cierto es que las próximas temporadas y con dos titularidades, la agenda ofrece poco margen de maniobra.

¿Es València buena tierra para la música y para los músicos?

Desde luego es buenísima tierra para que los niños y jóvenes desde temprana edad tengan música en sus vidas, y aprendan los valores que la música y hacer música de manera intergeneracional nos da, lo cual es muy valioso para la formación de las personas.

Su agenda de las próximas semanas cuenta con citas que incluyen la interpretación de los cinco conciertos para piano de Beethoven en Ámsterdam con Krystian Zimerman y la Orquesta del Concertgebouw, diversos estrenos absolutos y su vuelta a orquestas como la Filarmónica de Múnich, Del Siglo XVIII, RAI de Turín o la Nacional de Washington ¿A qué aspira un director de orquesta cuya asfixiante agenda apenas deja tiempo para otra cosa que no sea dirigir y coger aviones? ¿Qué papel desempeña el éxito, el poder, el reconocimiento, el aplauso, la economía? Sus dos grandes maestros -Claudio Abbado y Mariss Jansons- no fueron directores que se movieran precisamente por estos parámetros?

Bueno, el concepto éxito puede variar dependiendo de cada uno. Para mí, obtener buenos resultados musicales y que sean apreciados por mis colegas, por la gente que me rodea, que me aprecia, y por el público son sinónimo de éxito para mí. También estimo mucho -creo que como cualquier artista que se esfuerza en dar lo mejor de sí mismo- el reconocimiento y el aprecio que conlleva ¡Qué duda cabe! Otros aspectos o términos, como el poder (a decir verdad, ni siquiera creo que lo tenga), no están presentes en mis pensamientos.

Ahora retorna a su ciudad natal con un programa cargado de compromiso. Si en 2013 dirigió a la Orquesta de València en «El pájaro de fuego» de Stravinski, en esta ocasión serán los ballets «Petrushka» y «La consagración de la primavera» los que suenen bajo su dirección en los atriles vecinos de la OCV. Un reto artístico y técnico con obras de calado, que usted recientemente ha llevado al disco. ¿Qué espera de esta nueva colaboración con la OCV y qué razones le han llevado a optar por este arriesgado programa monográfico dedicado a Stravinski?

En la temporada próxima dirigiré un interesantísimo proyecto en el Festival de Holanda 2021, donde estrenaremos nuevas producciones de los tres grandes ballets de Stravinski con el Dutch National Ballet y la Concertgebouw, con motivo del cincuentenario de su muerte. Y pensé que qué mejor ocasión tanto para el público valenciano como para los músicos de la OCV y para mí mismo hacer dos ballets de Stravinski en un único programa. Son dos de las obras más importantes del siglo XX y que, aunque habituales en las salas de conciertos, muy rara vez se escuchan en una misma noche, así que confío que será una experiencia fascinante. Teniendo en cuenta que hablamos de una orquesta de ópera, y que quizá hace años que no las interpretan, estoy convencido de que tanto para la orquesta como para mí será un bonito reto que espero disfrutemos mucho.

Su presencia en las orquestas y teatros españoles es muy reducida. De hecho, aparte de las funciones de «Aida» que ha dirigido en el Liceu de Barcelona el pasado mes de enero, creo que únicamente trabaja con la Orquestra de la Comunitat Valenciana. ¿A qué se debe ésta cada día más significativa ausencia en los podios de las orquestas y teatros españoles? Incluso aún no ha debutado con la Orquesta Nacional de España. ¿No le interesa trabajar en España? ¿Dirigir, por ejemplo, una gran ópera en el Teatro Real?

En realidad no es cierto que mi presencia en España sea inferior, de hecho es similar a la que tengo en otros países (con las obvias excepciones de Luxemburgo y Toronto, donde soy director titular), y como usted mismo dice, justo el pasado enero hice 14 representaciones de Aida de Verdi en el Liceu de Barcelona. Lógicamente, al estar al frente de dos instituciones, el tiempo disponible para atender otros compromisos es mínimo, y por tanto dirigiré muy pocas orquestas en las próximas cinco temporadas, pero seguro que haré ópera y parece ser que también en el Teatro Real de Madrid.

Permítame una pregunta manida pero que pocos como usted -que trabaja a ambos lados del Atlántico- resulta tan indicado para responderla: ¿Existe realmente una barrera distintiva entre las orquestas norteamericanas y europeas? Se suele decir que las del Nuevo Mundo son más brillantes, algo derivado de utilizar un diapasón, una afinación ligeramente más aguda. ¿Es cierto este lugar común? ¿Se parece la Orquesta de Cleveland más a la Sinfónica de Boston que a la del Concertgebouw de Ámsterdam, por hablar de tres orquestas que usted conoce perfectamente?

Para mí no existe tal barrera distintiva. Cierto es que las orquestas norteamericanas funcionan a nivel institucional de acuerdo a un modelo bastante similar entre todas ellas, y que hablamos de «instrumentos» muy profesionales, disciplinados y solventes. Pero cierto es que el sonido y manera de tocar en Cleveland no se parece en nada a los de la Filarmónica de Nueva York o la Sinfónica Chicago. De la misma manera que nada tienen que ver los de una orquesta típica alemana con los del Concertgebouw de Ámsterdam o una orquesta francesa. Por tanto, en efecto considero un cliché lo de las orquestas norteamericanas y europeas, y que las diversidad entre orquestas es mucho más rica y que no hay lugar para la generalización.

Una pregunta tonta. ¿Cuál es la mejor orquesta del mundo?

Nada en música es «lo/la mejor». Ni una grabación, ni una interpretación, y tampoco una orquesta. Hay orquestas muy muy buenas, y dependería del repertorio, de la noche, del momento, o del director alcanzar resultados que fueran de referencia, o inolvidables, pero no necesariamente superiores a los que otras buenísimas orquestas puedan ofrecer, sino diferentes. Y en cualquier caso, hablamos de algo totalmente subjetivo.

Otras dos tonterías: ¿Qué orquesta no dirigiría nunca? ¿Qué sinfonía no hará jamás?

Nunca pienso en lo que no haría, sino en lo que haría, en positivo. Cierto es que con algunas obras no siento en este momento ninguna afinidad o especial interés pero ¡quién sabe!, quizá eso pueda cambiar en el futuro. Ya me ha pasado.

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