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Fuera de compás

Una marina diferente

Una marina diferente

C omenzó por fin el ciclo de conciertos en La Pérgola de La Marina después del disgusto de la primera jornada, en la que se suspendieron las actuaciones de Is.Las y Mausoleo por razones de cariz administrativo. El incivismo de muchos ha puesto muy cuesta arriba el asunto del ocio nocturno y los más pesimistas tememos que actividades como esta que hoy les traigo tengan, desgraciadamente, los días contados. Por eso mismo no me lo quise perder, al igual que otras 400 personas que han visto con buenos ojos la acertada decisión de trasladar fechas, horarios y cambio de funcionamiento de este tinglado. En invierno se celebraba los sábados a mediodía, mientras que ahora, la cita se produce los jueves de siete a diez de la noche a lo largo de julio, agosto y septiembre.

En aquella época pre pandémica, unos pocos cientos de personas más o menos aquejadas por el síndrome de Peter Pan, nos agolpábamos delante del escenario dejando a la prole unos metros atrás, bajo la vigilancia de parejas o amigos mejor integrados en la sociedad. Ahora, en la nueva realidad, nos sentamos en sillas desperdigadas por un enorme terreno de asfalto y césped, al sol o a la sombra de los árboles y sombrillas, viendo pasar por el canal que hay detrás de la cuca construcción modernista motos de agua, piraguas, yates y catamaranes. Bajo el inmaculado cielo valenciano y la devastadora luz del prolongado ocaso, atemperada por las corrientes de aire que se cuelan, leves pero refrescantes, en la zona acotada para las actuaciones. Ya ven, idílico. Nada que ver con las grotescas imágenes protagonizadas por esos insolidarios niñatos que le paran el bocado durante los informativos de mediodía. De todo punto incomparable con la irrisoria oferta cultural que medra al calor del botellón o en locales que sólo obtienen beneficios si recurren a la masificación.

En un verano sin festivales, que se agote el papel parece que será la tónica habitual en la andadura de estas veladas, sin importar quién se suba al tablado. El jueves pasado, los asistentes disfrutaron del hip-hop feminista, valencianista, crítico y combativo de Tesa, cantante de Almussafes que recitaba sus mensajes apoyada por una segunda voz y dos bailarinas ejecutando coreografías de tintes urbanos. Después, turno para el synth pop cálido y emocional de El último vecino que, en versión reducida y mullet extremo al viento, invocaron a New Order, The Smiths y La Mode en medio de un fascinante amateurismo y una buena dosis de morro que les llevó a interpretar «Tu casa nueva» y «Dónde estás ahora» prescindiendo de aparatejos, sólo voz y guitarra.

Que podamos ver tocar a Joaquín Pascual, Tórtel, Biznaga, Sierra Leona o Alavedra es, en gran medida, responsabilidad de los asistentes. Pese a la impecable organización y sus continuos avisos sobre la obligatoriedad de mascarilla y distancia social, sin nuestro comportamiento solidario, las opciones de ocio basadas en el riesgo artístico, esas que no ponen a la ciudad en el mapa turístico internacional ni son un reclamo masivo, se irán a pique. Y nos quedaremos en casa llorando.

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