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Los que buscan en los archivos de Casa Cuna

El director valenciano Óscar Bernàcer estrena "Los que buscamos", un documental sobre los bebés robados en València - La cinta va a proyectarse pronto en Europa y Estados Unidos

Los que buscan en los archivos de Casa Cuna

Los que buscan en los archivos de Casa Cuna

Enrique fue separado de su madre al nacer y Ascensión fue obligada a entregara su hija después de parir. Ellos son algunos de los protagonistas de Los que buscamos, el documental del director valenciano Óscar Bernàcer que se ha estrenado esta semana en la plataforma Filmin. La producción narra el día a día de los «bebés robados», una trama gestada desde el seno de la iglesia y la política que destrozó familias y produjo tremendas secuelas en aquellos bebés que fueron despojados de su identidad. «La película intenta trasmitir el sentimiento de desasosiego con el que viven estas personas, que tienen que seguir hacia delante sin apoyos», explica Bernàcer. La producción se estrenó en la Seminci de Valladolid y pronto se exhibirá en Francia o Estados Unidos.

«El proyecto empezó en el año 2015 a raiz del juicio en el que se suponía que las víctimas iban a saber los nombres de sus madres biológicas. Se llevaron un revés tremendo, la justicia, el sistema, les dejó K.O.», lamenta el director, que decidió seguir la pista a estas víctimas en su día a día por las calles de València, pues la producción se centra en los casos acaecidos en la Casa Cuna de València, un lugar de acogida de madres sin recursos, en su mayoría jóvenes, que era dirigido por religiosas. Según el documental, algunas de las madres fueron engañadas para dar a sus hijos. Los padres adoptivos pagaban un millón de pesetas por un bebé que, en realidad, era deseado por sus padres biológicos. Según Bernàcer, se calcula que en España hay miles de niños robados, por lo que estaríamos hablando de una «trama piramidal y millonaria». «No hay nada más sucio que robar un bebé recién nacido, y las víctimas tienen que aprender a vivir con eso, sabiendo que fueron utilizadas», lamenta el valenciano.

El documental muestra la dificultad con la que estos «bebés robados» construyen una identidad propia. «No es fácil vivir desconociendo tus raíces. Ellos se describen a sí mismos como un puzzle al que le falta una pieza que se ha perdido y que ningún poder político quiere volver a colocar. Ellos se preguntan: ¿Mi madre me dio porque la engañaron? ¿Me quiso alguna vez? ¿Estará preguntándose dónde estoy?».

El documental se centra en los testimonios de Enrique Vila, un abogado valenciano que fue dado por su madre en Casa Cuna para ser adoptado después por una pareja de València. A los 23 años descubrió que era un «bebé robado». Fue entonces cuando emprendió una lucha por conocer sus orígenes. A día de hoy, ni él ni el resto de víctimas han recibido datos de Casa Cuna. Por ello, el año pasado publicó Cartas de un bastardo al Papa (Algaida) pidiéndole ayuda al pontífice para descubrir la verdad.

Otra de las protagonistas es Asunción, una madre joven que entregó a su hija después de parir. Se arrepintió, pero ya nada más se supo de su hija. «Ella convive con el sentimiento de culpabilidad. Desde el primer minuto quiso recuperar a su hija, pero no lo consiguió. Estas mujeres eran niñas. Fueron coaccionadas, y a muchas se les robó el bebé directamente. Luchaban contra poderes supremos. Por un lado tenemos a la Iglesia, que en esos tiempos hacía y deshacía en connivencia del Estado. Y por otro lado, profesionales sanitarios y abogados. La maraña es tan grande y tan poco trasparente que es imposible abarcar toda la verdad. Además, todos los implicados en la trama niegan la mayor y se resguardan en la ley», explica el director, que incide en que «lo verdaderamente difícil es que los espacios de poder se impliquen de verdad. Siempre aparece algún nombre que no quieren dar. Los casos se acaban disolviendo en el mar. Quieren que la trama caiga en el olvido».

A Bernàcer le llegó el proyecto en forma de encargo en 2015, pero pronto conectó con la investigación. «Se habían escrito muchos libros, pero nunca se había tratado a las víctimas desde su faceta más íntima, lidiando con la duda», explica el director. «La dignidad con la que ellos viven ha sido una lección para mí», concluye.

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