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Fuera de compás

Oscuras sensaciones veraniegas

Oscuras sensaciones veraniegas

Oscuras sensaciones veraniegas

Final de las vacaciones siempre lleva consigo unos días de zozobra emocional. Recuerden si no aquella última secuencia de la, todavía a día de hoy, impresionante e inspiradora «American Graffiti». Curt se despide de sus amigos después de pasar el verano más excitante de sus vidas. Al embarcar en el avión que lo llevará a la universidad, pone el punto final a una adolescencia que se aleja para no volver, simbolizada en el coche blanco a bordo del cual viajaba la misteriosa mujer que ha estado persiguiendo toda la noche, que se hace más y más pequeño conforme el aeroplano gana altura. Entonces, en medio de un ominoso silencio, se nos informa de que dos de sus mejores compinches morirán en poco tiempo: el temerario as de las carreras Milner, por culpa de un conductor borracho; el apocado Terry, en la maldita guerra de Vietnam. Y cuando estás encajando el golpe, como si de una broma macabra se tratara, George Lucas clava los créditos con la festiva «All summer long», de los Beach Boys.

Y es que, con coronavirus o sin él, el verano no tuvo que ser siempre sinónimo de felicidad. Lo reveló, entre otros muchos, Bill Janowitz mientras cantaba «Summer» al frente de mis adorados Buffalo Tom. El infravalorado grupo de Boston volcaba toda su angustia eléctrica para vestir un mensaje de decepción y pérdida de tiempo, muy acorde con lo que ha significado en la vida de muchos estos meses que se han marchado, malgastando días y noches, pendientes del siguiente susto o la siguiente restricción. Un espíritu desolado que capturaba magistralmente Neil Young en su disco «On the beach», que ya desde su portada nos advierte contra lugares tan asociados con la felicidad y el disfrute como las playas cuando, al final de agosto, llegan las lluvias, las agujas, los vampiros y las ambulancias.

Precisamente el 29 de agosto de 1966, los Beatles ofrecieron su última actuación de pago. Fue en San Francisco, en Candlestick Park, el monumental estadio que albergaba los partidos de los 49ers y los Giants. Terminaba allí un verano horrible para los ingleses que, abatidos por la incomprensión, el cansancio, la incertidumbre y sus propias contradicciones, decidieron renunciar a las giras. El último concierto fue un fracaso artístico y comercial, y marcó el fin de una era en la historia del rock. A cambio, a principios de mes habían publicado «Revolver», que fue su primera obra maestra y la presentación en sociedad de la música psicodélica.

Sin saberlo, los de Liverpool estaban dando la alternativa musical a esa ciudad y, por extensión, al estado de California, que brillaría con una luz cegadora en la segunda mitad de los sesenta, con el folk eléctrico, el rock ácido y la escena hippie, cuyo centro estaba en el cruce de las calles Haight y Ashbury. El verano siguiente se hablaría con fuerza de amor, revolución, contracultura, lucha por los derechos civiles, libertad y paz. Por contra, el verano de 2020 parece, con sus días finales, la antesala de un oscuro periodo henchido de inseguridad, crispación, egoísmo, odio, cólera y violencia.

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