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María José Goyanes: "Siempre le dan el Ministerio de Cultura a quien no le interesa"

Actriz

María José Goyanes protagoniza hasta el 4 de octubre en la Sala Russafa «Susan y el diablo»

María José Goyanes protagoniza hasta el 4 de octubre en la Sala Russafa «Susan y el diablo»

Ayer viernes la Sala Russafa estrenó «Susan y el diablo», una obra escrita y dirigida por Chema Cardeña en la que María José Goyanes interpreta a una anciana y arrepentida Susan Atkins, la acólita de Charles Mason condenada a cadena perpetua por el asesinato de siete personas, entre ellas la actriz Sharon Tate. La obra, en la que también actúan Manuel Valls y Marisa Lahoz, estará en cartel hasta el 4 de octubre. «Mi madre (la actriz Mimí Muñoz) y mí tía (Pilar Muñoz) se venían a trabajar València y se tiraban tres o cuatro meses. València era una piedra de toque del teatro que todavía se mantiene porque hay mucha actividad través de los teatros independientes.... Y además da muy buenos cómicos: Lola Cardona, Ismael Merlo, María Fernandad’Ocón, Jaime Pujol...»

¿Después de más de 60 años subiéndose a los escenarios, aún siente nervios antes de una representación?

Siempre hay algo, pero la experiencia sirve para aprender a controlar. Al principio el corazón se te sale por la boca cada vez que tienes que actuar. Además yo soy cardiaca, estoy operada del corazón desde los 20 años, por lo que tuve que aprender a controlarme. No puedo permitirme el lujo de ponerme nerviosa.

¿Y alguna vez esa enfermedad le hizo plantear dejar la actuación?

Nunca. Soy hija y nieta de actores. La tercera generación de actores por el lado materno.

Pero por el lado paterno eran todos médicos...

Sí, mi padre, mi abuelo, mis tíos... Pero mi madre ganó. Aunque yo tengo mi corazón repartido, soy un médico frustrado y la medicina me apasiona.

Ha interpretado a Santa Teresa de Jesús o Doña Inés y ahora se mete en el papel de Susan Atkins, la terrible «Sexy Sadie» del clan Mason.

Sí, me he tenido que meter en el lado oscuro, que siempre es un sitio muy doloroso de visitar. Es un papel muy visceral, tanto que cuando ensayaba con Chema y decía «la hija de puta ésta» yo salía a defenderla aunque de una manera inconsciente. Le decía: sí, es una hija de puta pero hay que tener en cuenta que fue violada a los 14 años, que tuvo una infancia disfuncional... Llega un momento en que Susan es mi hija de puta. Por supuesto que hizo una cosa monstruosa, pero también estaba hasta arriba de ácido, de coca, estaba manipulada...

¿Se puede comprender entonces a una persona así?

En un momento determinado cualquier persona puede hacer cosas terribles sin tener que ser un monstruo. Ella no defiende lo que ha hecho, sabe que fue una monstruosidad, se da cuenta del error y se abraza a la religión. En ningún momento se le puede quitar hierro, pero es un ser humano y a mí me produce piedad.

¿Y además de la piedad, qué le atrajo del personaje?

Que no sabía si podía hacer algo así. Era mi primera asesina, pero conforme fui leyendo el guión me fui entusiasmando más como actriz. Yo me meto en las historias como si fuera una oficinista, alguien ajena al teatro, y si me entusiasma lo que leo, lo vivo como si fuera una espectadora, no una actriz.

Usted que es actriz desde los 9 años, ¿había vivido alguna vez una situación como ésta, con los teatros cerrados durante meses y reabiertos después con las butacas reducidas?

En la vida, porque no soy tan mayor para haber conocido la gripe española... Es insólito, es una realidad distópica lo que estamos viviendo, no podernos abrazar ni tocarnos, ver la televisión y que se diga que «afortunadamente sólo han muerto 41...». Lo veo como una función de humor negro.

¿Cómo ha pasado el aislamiento?

Leyendo miles de libros, mi hijas iban al Corte Inglés y me lo compraban todo. Por eso es tan importante la cultura. Mi madre me contaba que cuando la guerra estaba trabajando, tiraban una bomba en el teatro y mataba a todos los que estaban hasta la fila tres. Al día siguiente el teatro volvía a llenarse desde la fila tres. La gente necesitaba sentir que no pasaba nada. Ahora pasa igual pero sin que nos caigan obuses.

¿Esta necesidad por la cultura ha estado bien recompensada?

Nunca lo está. Salvo excepciones muy puntuales, como fue Solana, siempre le dan la cartera de Cultura a una persona que no está demasiado interesada por la cultura. Lorca decía que los países que viven de espaldas a la cultura son países muertos. Y España está muriendo.

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