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El hiperpianista

Un fracaso. Apenas 250 personas para escuchar a la Orquesta de València en el Auditori del Palau de les Arts. En el programa, inscrito en el Festival Ensems, un estreno absoluto y dos obras maestras del siglo pasado. El fracaso es aún más notorio al producirse en un concierto que contaba con el plus de la presencia solista de Carlos Apellániz, y la batuta del valenciano Jordi Francés. Que una cita tan sugestiva despierte tan ínfimo interés no es atribuible al melómano valenciano ni a la puñetera pandemia, sino a la desganada gestión de un festival –Ensems- que parece asombrosamente obstinado en fracasar. Sin difusión, sin publicidad, con una gestión burocratizada, cuatro perras y una edición inaugurada con obras del año de la pera y otra del propio director del certamen –el compositor Voro García-, el devaluado festival cumple con los ingredientes exactos para desaparecer definitivamente. Una irresponsabilidad de unos y otros, incapaces de afrontar y de mimar una veterana cita de música contemporánea.

El acontecimiento de la tarde era el estreno de Finestres, concierto para piano y orquesta del valenciano Carlos Fotncuberta (1977). Obra atractiva que ganaría fuste sin algunos detalles un puntito kitsch (¡esos glissanditos arriba y abajo del teclado!). El nuevo concierto se benefició de la fidedigna y deslumbrante participación solista de Apellániz y el meticuloso y ducho hacer sobre el podio de Jordi Francés.

Antes y después, maestro y orquesta dieron vida a una lograda recreación de Melodien y a un Concierto para orquesta de Bartók escaso de masa sonora en la cuerda y sobrado de percances instrumentales.

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