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goyescas para amparo

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Hace ya años que Marta Zabaleta (Legazpi, Gipuzkoa, 1972) figura entre lo mejor del piano español. En el I Festival Iturbi, ha vuelto a demostrar su calidad en una interpretación de Goyescas de Granados plena de luminosidades, registros, vivacidad, refinamiento y un virtuosismo empeñado en servir a la obra maestra. La cita tenía como objetivo homenajear a la gran pianista valenciana Amparo Iturbi, sobresaliente intérprete de Granados y cuya dimensión ha quedado empañada por la poderosa imagen de su hermano José.

Como Amparo, Zabaleta siente próximo el prodigio de Goyescas, una obra que ella como aquella conoce al detalle y con la que tantos vínculos mantiene, no solo por la cercanía genuina con la diosa Alicia de Larrocha, sino por una naturaleza pianística tan franca y natural como la que destila el compositor leridano en su obra. Ya desde los primeros momentos, en «Los requiebros», Zabaleta evidenció esa estrecha identificación entre intérprete y creador que hace que todo fluya natural y espontáneo, hasta casi velar las inmensas exigencias técnicas. Con su pianismo expansivo cantó con anchura «El coloquio en la reja», cargó de pulso y picardía los acentos de «El fandango de candil» y se volcó en la magia congelada de «La maja y el ruiseñor», que tocó más con el alma que con los dedos. La guinda, tras la meditación en forma de balada de «El amor y la muerte» y la introspección del «Epílogo», llegó con un rapidísimo El Pelele cargado de brillo y nervio.

Como preámbulo, Zabaleta calentó el ambiente de la Beneficència con su visión de la Chacona en Sol de Händel y «Campanas de Ginebra» de Años de peregrinaje de Liszt. El éxito fue mayúsculo y el recital aún se prolongó con el regalo del «Zapateado» que cierra los Cantos populares españoles, que compone Granados en 1895.

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