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Amaral: "Todo el trabajo que hemos hecho durante años parece que se ha quedado en el aire"

"Nos hemos metido en apuestas que no eran seguras y el público siempre nos ha acompañado. Nos sentimos muy privilegiados"

Eva Amaral y Juan Aguirre estarán actuando este sábado en la Marina de València dentro del festival Les Arts Lite.

Eva Amaral y Juan Aguirre estarán actuando este sábado en la Marina de València dentro del festival Les Arts Lite.

Este sábado, y en sesión doble con 400 espectadores para poder cumplir las medidas de seguridad pandémica, Amaral estarán tocando en Les Arts Lite junto a La Habitación Roja y La La Love You. Lo suyo es que hubiesen actuado con todo el fasto incluido en la gira de su último disco, «Salto al color», pero sobre el escenario solo estarán Eva Amaral y su eterno compañero Juan Aguirre. «Está siendo como cuando comenzamos a viajar y a movernos con la música e íbamos con dos guitarras en un autobús. Ahora no vamos en autobús, pero teníamos una gira con grandes escenarios, una escenografía y un equipo humano impresionante y hemos tenido que reducir todo eso para seguir haciendo música», explica Eva.

Jorge Martí, de La Habitación Roja, dice que estos conciertos en los que el público no puede moverse del sitio ni bailar son un poco como hacer el amor sin llegar al orgasmo.

Quizá quiero ser más optimista de lo normal, pero sí que he apreciado algo que quizá en la otra situación no me hubiera dado cuenta: la comunicación con el público no se basa solo en la cantidad de saltos que se dan o en los gritos, sino que hay un tipo de comunicación extra. Hemos pasado por tanto todos, tanto el público como los que nos subimos a un escenario, que esa experiencia común de volver a un concierto nos une de una manera especial.

¿La música ha sido un agarradero durante el confinamiento?

La música nos ha ayudado a salir adelante. Y te hablo como oyente, no como músico. Yo empecé a hacer música porque me gustaba tantísimo que necesitaba formar parte de ella. La música te cambia el estado de ánimo, si estás conteniendo algo te ayuda a sacarlo de dentro como un exorcismo o un llanto.

¿Cambiará todo esto la manera de hacer música? ¿Será el fin de las canciones festivaleras y triunfarán las íntimas y pequeñitas?

Desde luego esta situación nos cambiará a todos y a todos los niveles, algunas cosas para bien y otras para mal. Pero si hubo algo bonito en el confinamiento es que de alguna manera volvimos a ser más humanos. La gente retransmitía su música con lo que tenía en casa. Estamos viviendo una época en la que la producción es importante, en la que la tecnología ha hecho crecer a la música, la ha llevado a lugares a los que no se puede llegar con una simple guitarra. Nos habíamos acostumbrado a darlo todo muy preparado y meditado, y de repente hemos tenido que volver a quedarnos con la semilla de la canción, con el esqueleto. Y eso también está bien y lo bonito es que nos hemos sabido adaptar.

«Salto al color», su último disco, es uno de esos trabajos, con mucha producción, con bases electrónicas, con orquesta. ¿Les ha costado dejarlo en el esqueleto para los conciertos?

No tanto, ha sido un ejercicio divertido y hemos disfrutado del proceso. De pensar que no íbamos a hacer nada a poder hacer algo nos ha dado mucha vida. Quizá este disco está trabajado desde un pensamiento más técnico pero seguimos haciendo canciones montándolas sobre armonías y acordes de guitarra.

En un tema cantan «El deseo de vivir es lo que me está matando / La memoria de lo que fui como plomo en mis zapatos». El disco es de 2019 pero esto parece escrito en pleno confinamiento.

A mí me resulta escalofriante. Todo el trabajo que hemos hecho durante años parece que se ha quedado en el aire. Supongo que es una casualidad, aunque es verdad que desde hace tiempo todos tenemos esa especie de sensación apocalíptica en la cabeza. Hemos vivido muy tranquilos en esta especie de seguridad occidental que hemos visto que es ficticia. La sensación de inseguridad ya estaba y ahora se ha confirmado.

Pese a todo el álbum tiene un fondo optimista. ¿Usted sigue siéndolo?

No lo sé, depende. Hay días que me despierto pensando que no pasa nada, que generaciones de nuestro país han vivido cosas mucho peores, y otros días que pienso «pero esto qué es, cómo vamos a salir de esta». Pero sí te puedo decir que lo que hemos estado componiendo en estos últimos meses, tanto Juan como yo, nos hemos intentado agarrar a cosas positivas, al amor como sentimiento creador en medio de la destrucción…

En los últimos tiempos frecuentan bastantes festivales, algo que hace unos años parecía impensable para Amaral. ¿Han cambiado ustedes o los festivales?

Nosotros siempre hemos tocado en festivales, pero lo hacíamos a unas horas en la que no nos veía nadie, en sesiones matinales o a primera hora de la tarde. Hemos estado en los carteles, pero en pequeño. Pero yo creo que no hemos cambiado, a nosotros las cosas nos han ido viniendo, no hemos hecho un esfuerzo para llegar a ningún sitio. Siempre hemos sentido que no formábamos parte de ninguna escena, que no reproducíamos los mismos cánones que otros grupos, estábamos como solillos…. Pero nunca nos hemos sentido despreciados y hemos disfrutado de las diferencias.

Y nunca han bajado del podio de la popularidad. Si he ido a cien bodas, en 90 la gente ha berreado eso de «Son mis amigos».

Nos sentimos muy privilegiados porque hemos ido haciendo música según nos pedía el corazón, nos hemos metido en apuestas que no eran seguras, discos que no eran lo que se esperaba de nosotros, y el público siempre nos ha acompañado. Algunos se han bajado del tren pero otros han subido, y eso nos ha hecho pensar que es importante hacer la música que quieres hacer y confiar en que la gente puede evolucionar contigo.

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