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Juanma Bajo Ulloa: "Vivimos en la dictadura perfecta"

"Hay autocensura. La Santa Inquisición campa a sus anchas. Nunca hemos sido tan teledirigidos como ahora", sostiene el cineasta vasco

Juanma Bajo Ulloa, en el Festival de Sitges.

Juanma Bajo Ulloa, en el Festival de Sitges.

Director, ha estrenado «Baby» en Sitges. Cinco años después de la comedia salvaje «Rey gitano», Juanma Bajo Ulloa (Vitoria, 1967) vuelve a la audacia de sus perturbadoras dos primeras películas. Fascinante y arriesgado cuento gótico sin diálogos, «Baby» relata la historia de una madre drogadicta (Rosy Day) que, tras vender a su recién nacido a una extraña mujer (Harriet Sansom Harris), viajará al corazón del bosque para intentar recuperarlo.

Siempre se ha caracterizado por ser un creador libre, pero con Baby da un paso más allá…

Igual lo que ha podido notar no es tanto eso, sino que hay más esclavitud que nunca. Cuando me llamaban rebelde de joven pensaba que era muy fácil serlo. ¡Si no hay que hacer nada! ¡Llamáis rebelde a cualquiera que dice lo que piensa! Y ese es el problema: estamos en una sociedad que se las da de libre y democrática, pero eso no es cierto. Estamos peor que nunca. Vivimos en la dictadura perfecta.

¿A qué se refiere?

La gente se autocensura. No hay libertad de expresión. La Santa Inquisición campa a sus anchas. Nunca hemos estado tan teledirigidos como ahora. Y sin pegar un solo tiro, el sistema ha conseguido controlar a la sociedad y polarizarla, que el otro sea tu enemigo, que es lo que pasó en la guerra civil. Las posiciones más fanáticas y radicales son las que hablan. Pasa en todos los ámbitos. En la cultura también.

¿Por qué decidió que la película careciera de diálogos?

El texto me molestaba. He preferido confiar en los elementos propios del cine: el decorado, la luz, el silencio, las miradas, la interpretación, el vestuario. No tanto en el texto. De hecho, desde la primera versión del guion a la última he intentado rascar hasta llegar a la esencia. Al final todo el material inicial se ha convertido en perfume esencial; ya no había flores, solo perfume.

Dos de las tres películas precandidatas al Oscar, «El hoyo» y «La trinchera infinita», son producciones vascas.

Siempre ha habido una apuesta bastante clara por el audiovisual en el País Vasco. Pero creo que tiene que ver bastante con la idiosincrasia del país. Creo que tiene que ver mucho con la represión que existe en Euskadi.

¿En qué sentido?

La creación surge también de la represión. Y Euskadi es un país muy reprimido geográfica, política y sexualmente. El puritanismo es absoluto. El partido dominante viene de los jesuitas. Y frente a la represión siempre hay una respuesta creativa en el arte. También en la política. La reacción violenta de una parte de la sociedad vasca en forma de lucha armada o de terrorismo, como quieras llamarlo, no dejó de ser una reacción a la opresión político-sexual. Alguna vez me han preguntado mi opinión sobre el problema vasco y yo respondía: «¿Hablas de que no follamos?» Ese es el problema vasco.

¿Cómo vive y siente estos tiempos de pandemia?

El tiempo que marca la naturaleza es lento e implacable. A largo plazo nada será igual: no va a ser algo pasajero, porque es imposible. Hemos llegado a un nivel de autodestrucción tan grave… Somos la primera generación consciente de su destrucción y no tomamos medidas. Hemos de entender que somos organismos dentro de la naturaleza, y que nuestra acciones tienen reacciones. Lo importante ahora es ver el lado bueno y, más allá de los terribles dramas de la pandemia, valorar qué haces, si mirarte el ombligo o quejarte, y aprovechar que todos los días vuelve a amanecer y empezar de cero.

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