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València honra a su afamada bibliotecaria

La Universidad de València homenajea hoy a María Moliner con un acto en las Escuelas de Artesanos y en la Gran Vía, donde vivió la archivera - "Fue una época de logros profesionales y avances en el campo de la educación", dice su biógrafa

València honra a su afamada bibliotecaria

València honra a su afamada bibliotecaria

València era sinónimo de plenitud para María Moliner (Paniza, 1900-Madrid, 1981), la filóloga, bibliotecaria y lexicógrafa que escribió el Diccionario de uso del español. En el Cap i Casal vivió los primeros años de la II República, que coincidieron con los más ilusionantes de su faceta profesional, ya que trabajó para las Misiones Pedagógicas y tomó la dirección de la biblioteca de la Universitat de València. Tanto la institución académica como la ciudad agradecerán sus años de trabajo hoy con un monolito en su nombre en la Gran Vía Marqués del Turia, donde vivió durante sus años en València.

La iniciativa surgió hace dos años desde la Facultad de Filología de la UV, donde imparten clase María José Martínez Alcalde y Mercedes Quilis. Sus esfuerzos se convertirán en un acto de homenaje. Primero, a las 17 horas, en las Escuelas de Artesanos, antigua Escuela Cossío, donde trabajó María Moliner, y después en la Gran Vía. La regidora de Igualdad, Lucía Beamud; la vicerectora de Igualdad de la UV, Elena Martínez; la profesora de Filología Española de la UV, Mercedes Quilis y el nieto de Moliner, Pedro Pitarch, intervendrán en un acto que tendrá lugar en el salón de actos de las Escuelas de Artesanos. También asistirán varias bisnietas de la lexicógrafa, la documentalista que trabajó sobre su vida y obra, Vicky Calavia e Inmaculada de la Fuente, autora del libro El exilio interior: La vida de María Moliner (Turner).

«València fue fundamental en su carrera. Su estancia coincide con una época de plenitud profesional en la que acabó muy vinculada con el Ministerio de Educación y con algunas de las iniciativas pioneras de la II República», explica De la Fuente, Premio Nacional de Periodismo en 1985. «A finales del 29, ella y su marido, catedrático de Física, se trasladaron a la ciudad y Moliner comenzó a trabajar en el Archivo de la Delegación de Hacienda. Entró como archivera, pero su actividad se acabó multiplicando. A raíz de relacionarse con matrimonios jóvenes de intelectuales surgió la creación de la Escuela Cossío, un centro destinado a ofrecer otro tipo de educación, más innovadora y cercana a la libre enseñanza», explica la biógrafa. Aunque luego vendría otra tarea emocionante, visitar los pueblos de València para promover la lectura. «A partir de la II República, en 1931, decidió involucrarse en las Misiones Pedagógicas. Durante un tiempo se encargó de llevar lotes de libros a las poblaciones con tal de luchar contra el analfabetismo y promover la cultura». Moliner se encargó de los pueblos de la huerta de València.

Luego, vino una etapa de responsabilidades. Sobre todo tras el golpe militar, cuando el rector de la UV José Puche le encargó dirigir la Biblioteca de la universidad. «Durante la guerra, se encargó de proteger los incunables y de fortalecer la seguridad del archivo», añade la biógrafa. Con el traslado del Gobierno republicano a València, Moliner pasó a formar parte de la Junta de Adquisición de Libros, pero con la victoria franquista, la bibliotecaria fue depurada. «Bajó 18 puestos en su escalafón profesional tuvo que salir de València. Sus contactos o bien se habían exiliado o habían desaparecido. El fin de esta etapa obligó a María a refugiarse en su intimidad, aunque nunca paró de trabajar.».

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