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Almodóvar: "He perdido el 75 % del miedo que tenía al inglés"

Regresa a los cines con "La voz humana", un cortometraje protagonizado por Tilda Swinton

EFE

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«La voz humana» siempre ha estado de alguna forma presente en su obra desde «La ley del deseo». ¿Por qué ha decidido ahora convertir el texto en una unidad independiente?

Realmente ha sido un capricho. Mientras otros compañeros hacen series, yo quería hacer un cortometraje, sobre todo porque sentía la necesidad de recuperar el espíritu de un debutante, probar cosas nuevas, experimentar con el lenguaje, explorar la esencia del artificio. Todas mis películas son libres, pero esta lo es mucho más.

En la película vemos a una mujer encerrada en un decorado. Podría ser una metáfora del confinamiento.

La realidad siempre termina filtrándose, incluso cuando el autor no lo tiene previsto. Cuando estábamos ensayando estalló el Estado de Alarma y cuando retomamos el rodaje en junio me di cuenta del confinamiento del personaje, tanto físico como emocional. La soledad y el abandono, la oscuridad en la que vive esta mujer resultan mucho más evidentes e impactantes ahora. Pero lo único que añadí fue la escena final, en la que entra la luz y se sale del encierro.

¿Para qué le ha servido a usted este periodo?

Me ha dado fuerza e impulso para trabajar más que nunca, porque en medio de la parálisis generalizada necesitamos crear material para estimular al espectador. Ha sido como una huida hacia adelante.

¿Cómo ha sido la experiencia de rodar en inglés?

Quería probar para saber cómo me iba. Al ser un metraje más corto me ha servido como banco de pruebas. No sabía cómo me iba a desenvolver dirigiendo a una actriz tan a fondo en otro idioma, porque yo dirijo con el oído, y la música del inglés es muy distinta a la nuestra. En este caso, además, el inglés me ayudaba a contrarrestar la bravura sentimental y la voluptuosidad emocional del texto, que es como carne de bolero. Yo quería contención, no caer en lo folletinesco. He perdido el 75% del miedo que tenía al inglés, me queda un 25%.

¿Estrenar en estos momentos en cines le sirve para posicionarse claramente en un momento tan delicado para la exhibición?

Pienso cada imagen que ruedo para que sea proyectada en pantalla grande. En realidad, no sabía qué iba a pasar con este trabajo, y para mí que se estrene es una especie de milagro. Y sí, estrenarla ahora es una declaración de intenciones. El confinamiento le ha dado un golpe mortal a la exhibición en las salas.

¿Qué piensa de las ‘majors’ que aplazan los estrenos al año que viene?

No sé cómo calificarlo, me parece un horror. Y de un egoísmo inaudito, porque estoy seguro de que no van a salir ganando más, porque los productos se van a quedar viejos. El mismo James Bond visto dos años después va a quedar caduco.

El texto original de Cocteau tiene un final trágico y aquí opta por darle un giro feminista y reivindicativo.

Yo tenía muy meditada toda la parte plástica, que era algo que me interesaba mucho, pero cuando después de treinta años me puse a leer de nuevo el texto de Cocteau encontré que no lo podía hacerlo mío porque no me identificaba ya con él. Así que decidí reescribirlo todo, como un 80% y le di la vuelta. Quería darle una autoridad moral al personaje, que desapareciera la sumisión y que se pudiera liberar finalmente de las ataduras.

¿Qué le parece la cultura de la cancelación?

A mí todo esto me parece escandaloso, porque no se está hablando de cine. No se puede revisar El último tango en París o todo el cine de Sam Peckinpah de acuerdo con la ideología del nuevo feminismo porque es injusto para el cine. ¿Que Sam Peckinpah es misógino? Pues claro, ya lo sabía, y mucho. ¿Me gustan menos sus películas? No. Y, además, está la eterna confusión entre el artista y su obra. Ahora Hitchcock no podría hacer Los pájaros. Una cosa es el talento y otra el respeto y la corrección hacia otras personas. Además, no se puede juzgar desde el presente todo el pasado, que es precisamente fruto de su época. En los sesenta y setenta había muchos desnudos porque se estaba en esa cruzada, se luchaba por la liberación sexual y de los cuerpos. Hemos retrocedido más de 50 años en formas de pensamiento. No se puede juzgar todo desde una mentalidad militante feminista porque no es justo con las obras de arte.

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