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Helen Reddy: la cantante que "liberó" a las amas de casa

La artista, que falleció a los 78 años hace poco más de un mes, se convirtió gracias a "I Am Woman" todo un icono feminista - Cuando se retiró en 2002 se licenció en hipnoterapia

Helen Reddy. levante-emv

Helen Reddy viajó a Nueva York en 1966, tras ganar un concurso televisivo en Australia y obtener así la posibilidad de grabar un disco con la productora musical Mercury Records. Cuando llegó, acompañada de su hija y cargada con una maleta y 235 dólares en el bolsillo, la discográfica se la sacudió de encima; en su catálogo, le dijeron, ya había muchas voces femeninas. Durante los siguientes cuatro años, mientras sufría el rechazo de una treintena de compañías antes de que Capitol Records le ofreciera un contrato, poco podía imaginar que en 1972 alcanzaría el número 1 en las listas de éxitos y se convertiría en un icono feminista de la época. El título de la canción que le proporcionó todo eso, «I Am Woman», es también el del ‘biopic’ que llega a la cartelera; en él se recuerdan los primeros 20 años en la carrera de Reddy, fallecida hace poco más de un mes a los 78 años –la cantante vivió durante décadas aquejada de la enfermedad de Addison–, y se retrata su tóxico matrimonio con Jeff Wald, que también era su agente y adicto a las drogas.

Fue Wald, de hecho, quien puso en marcha la estrategia que aupó «I Am Woman» a la cima. Tras la negativa de Capitol a publicarla como single, se la ofreció a una emisora de radio local a las afueras de Washington DC, donde residía una gran cantidad de mujeres dedicadas al tipo de trabajos entonces considerados femeninos. Al escuchar la canción, esas oyentes saturaron la emisora de peticiones telefónicas; querían escucharla de nuevo. En cuestión de meses, estaba sonando en transistores de todo el país. En erigirse en símbolo feminista, eso sí, tardo un poco más. Sucedió en 1973, cuando Reddy obtuvo un Grammy y, durante su discurso de aceptación, dijo: «Me gustaría dar las gracias a Dios, porque Ella lo hace todo posible».

Perfil poco transgresor

«I Am Woman» vio la luz en un momento en el que las mujeres empezaban a abrirse camino en la escena musical anglosajona, por entonces notoriamente sexista. Artistas como Joni Mitchell, Carly Simon, Patty Smith o la británica Suzi Quatro empezaban a cuestionar prejuicios y a demostrar que ellas también podían escribir y producir su propio material y liderar sus propias bandas.

Reddy, es cierto, lucía un perfil menos transgresor. Cantaba con un timbre suave y sin perder el tono calmo, y su hábitat natural eran los programas televisivos de variedades; hasta cierto punto se entiende que Alice Cooper la apodara «la reina del rock para amas de casa». Y tal vez fuera esa accesibilidad lo que elevó «I Am Woman» a la categoría de himno. Su letra derrochaba optimismo y orgullo femenino pero también se mostraba consciente del dolor que aquella lucha por la igualdad de género acarrearía, y huía del tipo de actitud dogmática y beligerante a veces atribuida al movimiento feminista. Que aun así muchos críticos catalogaran la canción de misándrica y peligrosa –sus primeros versos son «Soy una mujer, escucha mi rugido»– no hizo más que subrayar todo aquello de lo que las mujeres debían liberarse rápido.

Incursión en el cine

En 1973 y 1974, Reddy fue líder de ventas a nivel mundial, pero posteriormente su carrera musical no tardó en perder fuelle. Entretanto se abrió camino en el mundo del cine: debutó en Aeropuerto 75 (1974), en la piel de una monja que usaba su guitarra para animar a una niña enferma a bordo de un vuelo condenado al desastre, y posteriormente coprotagonizó la fantasía Pedro y el dragón Elliot (1977) –también ofreció un cameo en Sgt. Pepper (1978) y una aparición estelar en Vacaciones en el mar (1980)–.

Cuando se retiró del mundo del espectáculo en el 2002, se licenció en hipnoterapia y ejerció como terapeuta y oradora motivacional, y en el 2006 publicó un excéntrico libro de memorias en el que predicaba su creencia en lo sobrenatural y la reencarnación. En el 2012 celebró varios conciertos en Estados Unidos antes de volver a decir adiós, de forma definitiva. En el 2015 se hizo público que sufría demencia senil.

En todo ese tiempo, nunca volvió a abanderar el mensaje que «I Am Woman» contenía. Y no le ha hecho falta para seguir siendo considerada, en algunos ámbitos, una figura esencial del activismo. Después de todo, no hay más que volver a fijarse en sus versos –«puedes doblarme pero nunca romperme / porque eso solo sirve para hacerme / más determinada para lograr mi objetivo»– para comprender que son tan relevantes ahora como cuando los cantó por primera vez.

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