Resulta complejo comprender los resortes sociales y psicológicos que sacan a la gente a la calle, sea para protestar, festejar o despedir a un ídolo o, más que eso, a un mito. Las palabras grandilocuentes para definir a Diego Armando Maradona se han quedado pequeñas y, como bromeaba El Gran Wyoming en El Intermedio, ha escaseado la creatividad, observando la repetición de las referencias a la divinidad del astro argentino. Dios y el 10, una y otra vez. Los comentarios sobre su figura han robado muchas horas de tiempo a la pandemia en los informativos y en las tertulias. Los analistas explican la trascendencia política de la victoria en el Mundial 86 tras eliminar a Inglaterra después de la guerra de las Malvinas: «El Pelusa» representa la identidad de una nación.

La noticia de su muerte se colaba en los espacios vespertinos, desde España Directo y Más Vale Tarde, hasta Sálvame, el más camaleónico, y zarandeaba la programación prevista para el late night. La 1 sustituía Comando Actualidad por un reportaje de Paco Grande, de los que se tienen preparados, vista la delicada salud del pibe, y una edición especial de Estudio Estadio . El Chiringuito de Jugones de Mega se pasaba a La Sexta y en Cuatro repusieron el Conexión Samanta. Con Maradona en Dubai. Y, por misteriosos motivos dignos de estudio, este último fue el más visto de los tres.

Lejos de la pasión desbordada en Argentina o Nápoles, el sentimiento de algunos que realmente le conocieron atraviesa las pantallas. «Nosotros no tenemos historia, tenemos a Eva Perón, a Carlos Gardel y a Diego», acertaba a decirle Jorge D´Alessandro a Josep Pedrerol mientras le caían las lágrimas. A Jorge Valdano, el exfutbolista más enamorado de las palabras, tenían que cortarle en Movistar+ tras romper a llorar al recordar a su compañero de selección.

Naturalmente, no todo han sido buenas palabras. Por ejemplo, en el programa de Ana Rosa los dos bandos, bien engrasados, se posicionaron a favor y en contra del jugador que adoraba a la pelota. Críticas hacia su vida personal y también a la cuestionable decisión del presidente de la Nación Argentina de ceder la Casa Rosada para celebrar el velatorio, que acabó convirtiéndose en un lamentable espectáculo, con cargas policiales incluidas y palmario incumplimiento de las normas anti covid19 en el país que ha sufrido el confinamiento más largo del mundo. Algunos tertulianos también abominaban de la vulgar exhibición del desconsuelo del pueblo. Como si se pudiera estar en contra de los sentimientos de los demás.