En 2014 Cándida -la banda liderada por la cantante y compositora valenciana Candi Imbernón junto al músico y productor Juan Barcala- decidió aparcar la pasión por el tango (más o menos actualizado) para sorprender con Arbolito brutal, un álbum en el que el dúo abrazaba diferentes estilos de raigambre popular. La senda estaba marcada y siguió en 2017 con Galgos y podencos. mestizaje, instrumentación cruda y versiones tan curiosas como la de «La casa del misterio» de Los Ilegales. Y en septiembre de 2020 llegó Ciclogénesis explosiva (Malatesta) la confirmación de un sonido intransferible en el que la milonga convive con el blues, el jazz hace las paces con el surf y la psicodelia se abraza al candombe. ea «un lugar de cultura viva, no solo un museo con nuestras cosas».

El próximo sábado 5 (19 horas) y domingo 6 (12 horas) lo presentan en La Escuela de Russafa con Pancho Montañez a la batería, Stefano Cecchi a la trompeta y Amadeo Moscardó con los sintetizadores.

La originalidad de la propuesta de Cándida la vimos antes de verano, cuando el grupo adelantó varias de las canciones en forma de videojuegos. Ahí estaba ya «Canto de siega», un tema que recupera una de las primeras manifestaciones de la lírica popular en castellano con letra de Lope de Vega sobre una base musical que se mueve entre el tribalismo y la psicodelia. O «Supernova», una alegoría cósmica sobre una carrera hacia la extinción con una base musical entre el funk psicodélico y el latin-jazz. Y «Allí», un fotograma de la atmósfera íntima de un comienzo en forma de pop campestre.