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La arquitectura que se hizo esperar

Bodegas Vinival o Pavimentos Guillen son algunas de estas construcciones

La arquitectura que se hizo esperar |

Hubo un tiempo en el que los arquitectos valencianos imaginaron un futuro formado por platillos volantes, búnkers corporativistas y pirámides de suministros. Ese futuro que imaginaron todavía no ha llegado. Sin embargo, su imaginación llegó más tarde que la de otros arquitectos japoneses y alemanes. La valenciana María Aucejo ha querido concentrar en un libro todos aquellos edificios innovadores en el entramado urbano valenciano que llegaron tarde en su innovación.

«Estos edificios posmodernistas se unieron a varios movimientos de la arquitectura a posteriori. Estas construcciones son símbolo de una época de optimismo, pero ahora se pueden leer como una metáfora de otra generación como la mía, en la que tenemos la sensación de haber llegado tarde a todo», explica la valenciana. Precisamente, la obra se llama «Late to the party» (Tarde a la fiesta). «Cuando entraba a estos edificios tenía la sensación de que todos ellos habían llegado tarde a algo. Sin embargo, pertenecen a una época -la de los 60, 70 y 80- donde todo era posible. Ahora muchos de estos edificios están abandonados».

Es el caso de las Bodegas Vinival de Alboraia, que esta arquitecta valenciana describe como un «brutalismo playero». Estas bodegas fueron el germen de su proyecto. Construidas a finales de los 60 por Luis Gay y Juan Antonio Hoyos, estas bodegas tienen cierto halo «sobrenatural», según Aucejo, y un semblante robusto que contrasta con la playa de la Patacona, a pocos metros del lugar. «A partir de fijarme en estas bodegas, fui acumulando archivos y fotografías de otros edificios y vi que todos tenían en común un posmodernismo tardío, llegado desde fuera de nuestras fronteras durante los últimos años del franquismo», explica la valenciana.

Otro de los edificios que se incluyen en el libro es el centro de salud de la Font de Sant Lluís, con «claras referencias al metabolismo japonés de los 60». Otro pertenece a la empresa Pavimentos Guillén de Foios, de estilo pop, propio de Los Ángeles de finales de los 50. En él se encuentran las oficinas de la empresa. «Se inspira en los cafés de carretera americanos», y continúa: «Ha formado parte del imaginario colectivo de l’Horta desde su construcción. Con su aspecto blando, acogedor y protector se relaciona más con otros mundos que con el nuestro. El grabado geométrico de su fachada no ayuda a descartar las teorías alienígenas», explica Aucejo.

«Late to the party» fusiona imaginario pop, cine, música, fotografía y escritura con el descubrimiento de un patrimonio arquitectónico que estaba pidiendo a gritos que alguien lo pusiera en valor. Los consistorios de Foios, Alboraia y El Puig han colaborado en el proyecto.

Según la valenciana, la iniciativa surgió de la «curiosidad» y de la burbuja urbanística. «Horrorizada por el boom del ‘y yo más’ que nos rodeó hace años y cansada de la contención y austeridad que ha caracterizado el pesimismo de los años de después de la crisis, empecé a sentir curiosidad por un patrimonio urbano peculiar». «La Escuela de Arquitectura de València nació en 1967. Investigando, me llamó la atención la falta de estudio de lo propio, de construcción del relato generacional del diseño y arquitectura valenciana y su relación con el exterior», lamenta Aucejo. Sin embargo, asegura que le entusiasmó descubrir que «hubo años en los que la gente se planteó que quizás era buena idea cubrir ciudades enteras con cúpulas para protegerse de la contaminación», señala.

Según la valenciana, la arquitectura actual tiende a centrarse en el presente. «Creo que estamos en un momento prudente, intentando aprender de los errores del pasado. Llevando a cabo proyectos menos espectaculares, pero más realistas. Intentamos avanzar de manera más coherente con nuestro contexto».

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