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Fuera de compás

El divorcio que viene

el divorcio que viene

el divorcio que viene Fernando Soriano

No sé si este 2021 dará para celebrar el fin de la pandemia, la vacunación total, el confinamiento infinito, el advenimiento del imperio zombi o el fin del mundo, pero sí que podemos conmemorar el 40 aniversario de uno de los logros que transformaron radicalmente la sociedad española: el divorcio. Fue un trauma para muchos, no se crean, sobre todo para los ciudadanos más conservadores, la jerarquía eclesiástica y aquellos políticos que venían del sistema franquista, que no dudaron en proporcionar marcos legales de semi-independencia a territorios como Euskadi y Catalunya pero se rasgaron las vestiduras cuando, en 1981, el Congreso aprobó la Ley del Divorcio. Aquello fue lo que realmente enterró al régimen nacional-católico y nos empujó a la modernidad europea, con el avance en los derechos de la mujer y una nueva concepción de relaciones familiares y de pareja. La magistral jugada de Paco Fernández Ordóñez trajo inevitablemente consecuencias sociales y, de paso, una monstruosa bronca en el seno de la UCD que contribuyó a su desintegración.

Musicalmente, en aquella época las rupturas matrimoniales se plasmaban en otras latitudes en discos como ‘Blood on the tracks’ de Bob Dylan, repleto de ira y crudeza, o en ‘Rumours’, de Fleetwood Mac, un maravilloso culebrón agradablemente emocional. En España el tema se convirtió en un magnífico motor artístico para compositores y cantantes. Hasta peli tuvimos, la inefable ‘El divorcio que viene’.

Uno de los más grandes éxitos de Julio Iglesias llegó precisamente con «Hey», la tremenda venganza contra Isabel Preysler después del estrepitoso fracaso de su relación. La canción, ligera, pero con un demoledor estribillo, entronca claramente con los dardos envenenados que lanzó Carly Simon en «You’re so vain» o, mucho después, la maravillosa parrafada que le larga a su ex Jarvis Cocker en «Bad cover version».

José Luis Perales publicó en 1979 «Me llamas», un monumento pop al servicio de una esposa que, harta de infidelidades y desatenciones, se propone vivir el amor al margen de su marido aprovechando que el adulterio había dejado de ser delito el año anterior. Si pueden apartar su mente de la impresionante melodía, los arreglos pluscuamperfectos o las vívidas imágenes que transmite la letra no les costará mucho imaginar que, en cuanto pudo, la protagonista inició los trámites para separarse del andoba.

Por su parte, el genial Manuel Alejandro puso su pluma al servicio de los tiempos que corrían con dos fabulosos temas escritos, como en el caso de Perales, desde el punto de vista femenino. Primero, Jeanette cantó «Frente a frente» con un inquietante eco en la voz y rodeada de un ambiente dolido y fantasmal que la emparenta lejanamente con el dreampop, elevándola por encima del resto de versiones de este clásico. En su segunda composición, Rocío Jurado se mostró mucho más rotunda, terrenal y explícita cuando cantó «Se nos rompió el amor»; era 1985 y su matrimonio con el boxeador Pedro Carrasco ya estaba completamente destrozado. Todo muy lejano, ya ven, pero me pregunto maliciosamente si en estos tiempos, en los que divorcios y separaciones aumentan a causa de los confinamientos, recogeremos una cosecha artística tan rica como aquella.

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