Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Tribuna

Fernando Puchol, el pianista esencial

fernando puchol, el pianista esencial

fernando puchol, el pianista esencial

Mi amistad con Fernando Puchol empezó en València cuando ambos teníamos 14 años, sin poder imaginar que un día, sesenta y tantos años más tarde, el anuncio de su muerte iba a desgajar de mi vida un parte muy importante y para la que no encontraré sustitución.

Fernando era ante todo un gran señor. Una innata facilidad para el piano le hacía disfrutar donde otros sufríamos. Un estilo limpio y natural con un precioso sonido y un pedal siempre al servicio del fraseo hacía de sus interpretaciones una verdad sonora que nos arrastraba. El teclado era para él su manera de hablar al público y de convencernos, desde el primer momento, de que estábamos ante una verdad que generosamente compartía con nosotros.

Siempre he pensado que en la música todo está escrito; todo salvo lo Esencial. Eso concierne al intérprete y Fernando sabía encontrar y transmitir lo que no se puede escribir.

Fernando nunca se preocupó por ser el mejor pianista de España. Tenía méritos para hacerlo, pero también la inteligencia de saber que, en el mundo del Arte, es el público el que sitúa al artista y el artista el que decide a cuánto debe renunciar para mantener ese puesto.

Fernando en su faceta de Maestro lo dio todo y por eso somos hoy testigos de la zozobra de los que han sido sus discípulos y lo llevarán siempre en su recuerdo. En la música las escuelas pianísticas eran un referente de la orientación y uno esperaba, y reconocía, la procedencia y la influencia del maestro. En nuestro tiempo es más difícil debido a la facilidad del desplazamiento que permite a un maestro italiano dar cursos en Canadá, a un ruso en Nueva York o, como Fernando, en Taiwán.

Discreto, siempre firmaba su nombre en minúsculas, tan lejos de la envidia como cercano a compartir los méritos de sus compañeros con una alegría sincera que hacía de él un modelo.

Durante muchos años en los que le tuve, desde la segunda edición del concurso Iturbi, como asesor técnico, verle como pianista valenciano me llenó de orgullo y siempre pensé que, si hubiera sido al revés, él habria contado conmigo.

También pensé que Fernando sería el más indicado para hablar de mí en mi homenaje fúnebre y que él lo haría muy bien. Por eso, cuando José Luis García del Busto me anunció su muerte, el golpe fue durísimo. Sinceramente, yo pensé que me tocaba a mí...

Durante el concurso nos alojábamos en un hotel y me encantaba ver su manera de tratar a Ana, su esposa, su Amor, al llegar al restaurante para desayunar: después de sentarla en la mesa que elegía, le preguntaba siempre lo que le apetecía que le llevara. Qué diferencia de muchos que se sentaban y decían a su mujer: ¡tráeme el desayuno! Él siempre lo hizo con una sonrisa que incluía la ternura. Y con la misma sonrisa Fernando escuchaba a los que se dirigían a él, siempre con amabildad y paciencia.

Fernando era un gran señor, como dije al principio, y con Ana hicieron lo más grande que un matrimonio puede hacer: unos hijos cultos, preparados para este difícil momento y con un contacto peculiar que no conoce las distancias porque siempre estarán juntos.

Mi pésame a todos sus discípulos y a vosotros: Ana Bogani, Ana, Tato y Daniel Puchol, y a los nietos, todo el cariño que cabe en mi corazón.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats