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MÚSICA CRÍTICA

Una orquesta transformada

UNA ORQUESTA TRANSFORMADA

Gran expectación por escuchar a dos músicos valencianos de altísimo prestigio y, cómo no, por el programa elegido.

El maestro Roberto Forés (Carlet, 1970) resulta un caso atípico ya que, después de años como violinista de la OV, decidió volcarse en la dirección de orquesta, nada menos que en Finlandia. Se entiende mejor, pues, que haya estado tan unido a la obra de Sibelius y que pusiera en el atril su Tercera Sinfonía en do mayor, 0p.52, -dirigida de memoria- con la que escuchamos a una OV como hacía tiempo que no se escuchaba con sonido tan renovado y proyectado, sin estridencias y, sobre todo, comunicativa.

Sin duda, sus conocimientos de la cuerda y su trabajo con repertorio de cámara no son ajenos a sus maneras en el podio y así se recibe entre los componentes de la orquesta. La Sinfonía nº 3, de Sibelius, compositor nacional de Finlandia, es una obra que exige pero que también se deja exigir, y Forés cuida y matiza con mano de cincel. Tiene una técnica curtida en escenarios y fosos europeos y americanos, aplicándose tanto en lo sinfónico como en la lírica. Por momentos, sus maneras y su figura recuerdan a otro finlandés universal, Esa-Pekka Salonen, por la claridad de gestos, magnetismo y precisión en los tempi.

Volvió uno de los grandes pianistas españoles, Josu de Solaun, con el Concierto nº 1 de Chaikovski, obra del repertorio de Iturbi, aunque la tocara menos que otras de Mozart, Beethoven, Grieg, Schumann, Liszt, Mendelssohn, Franck o Gershwin. De hecho, al morir era esa la partitura que tenía en el piano de su habitación. Finalmente la grabó en París en 1959 para La Voix de son Maitre con la Orquesta Colonne, dirigida por él mismo. De Solaun eligió un tempo arrollador el cual disturbó los intrincados pasajes de la obra con deslices que para nada son su estilo. Forés estuvo siempre a la zaga para intentar controlar ese vigor que, quizás, por nervios, dificultó escuchar al pianista siempre admirado. Con el bis, de Solaun logró llevar la emoción hasta el último rincón del Auditorio con un sonido sencillamente sobrecogedor. Noche de luna llena, ternura y emoción.

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