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Las bisabuelas de Lara Croft

No es necesario jugar al Tomb Raider para saber quién es Lara Croft. No hay que recurrir a la fantasía para descubrir mujeres tan aventureras

Retrato de Catalina de Erauso.

Retrato de Catalina de Erauso.

Algunos aniversarios evidencian que cosas que algunas generaciones consideramos modernas ya se están convirtiendo en clásicos. Este 2021 se conmemora el centenario de ‘The Kid’ de Chaplin y el 25º aniversario de la irrupción de Lara Croft en el mundo de los videojuegos.

Del mismo modo que no es necesario haber visto ninguna película de Charlot para identificar el personaje, con esta heroína de los bits pasa lo mismo. Su popularidad es tal que se ha convertido en una figura muy popular más allá de las consolas.

Lara Croft es la protagonista de los juegos y películas del universo Tomb Raider. Cuando apareció en 1996 rompió esquemas y generó polémicas. Es una arqueóloga británica de físico exuberante y de carácter intrépido que vive aventuras en todo el mundo. O sea como si alguien hubiera mezclado Indiana Jones con una Playmate. Además, su vestuario -shorts y camiseta ajustada- acentúan aún más la sexualización del personaje. Este ha sido siempre un motivo de debate. Algunos la sitúan en el contexto cultural de la época, cuando estaban de moda las ‘ladettes’, es decir, mujeres empoderadas pero con un alto componente erótico. Otros afirman que gracias a ella muchas chicas encontraron un personaje con el que identificarse en un entorno totalmente monopolizado por el género masculino. Y evidentemente hay quien la ve como un reafirmación de los valores heteropatriarcales que cosifican y sexualizan la mujer.

Sea como sea, lo cierto es que fue un éxito de ventas y la saga de juegos, películas y todo tipo de productos la han convertido en una máquina de hacer dinero. Ahora bien, no es necesario recurrir a la ficción para buscar referentes de aventureras. La historia nos ofrece algunos ejemplos fascinantes.

Está el caso, por ejemplo, de Jeanne Baret, la primera mujer que dio la vuelta al mundo en barco. Nacida en Francia en 1740, se convirtió en la pareja del botánico Philibert Commerçon. En 1764 el científico se embarcó en una expedición científica y, como estaba prohibida la presencia femenina, ella se disfrazó de hombre para poder acompañarle. Durante dos años fueron capaces de mantener el engaño, pero al final fueron descubiertos y obligados a desembarcar en la isla Mauricio, donde él murió en 1773. No solo eran pareja sentimental sino de trabajo y cuando Baret pudo volver a Francia lo hizo cargada con muestras de 5.000 especies diferentes, la mayoría de las cuales desconocidas hasta entonces. Aunque Luis XVI reconoció su rol de ayudante de Commerçon, su trabajo nunca fue reconocido por la historia natural oficial y no ha sido hasta el siglo XXI cuando se ha restituido su figura.

Mucha más literatura ha generado el caso de la vasca Catalina Erauso Pérez. Nacida en Donostia en 1592, escapó del convento donde estaba recluida cuando solo tenía 11 años y, a partir de entonces, comenzó una vida extraordinaria. Literalmente. Para pasar desapercibida se vistió de hombre y desde ese momento siempre adoptó identidades masculinas.

A los 13 años se embarcó hacia América, donde hizo todo tipo de trabajos hasta que entró en el ejército para luchar contra los indígenas. Su valentía y falta de escrúpulos la hicieron ascender a alférez pero su carácter violento no le permitió subir más en el escalafón, y es que no dudaba en matar a quien se le pusiera delante. Durante una pelea quedó malherida y, al verse cerca de la muerte, decidió confesarlo todo al obispo de Ayacucho. Fue perdonada porque unas comadronas certificaron su virginidad. Una vez recuperada volvió a España donde su historia corría de boca en boca y, al llegar a Cádiz, le esperaba una multitud. Tras ser recibida por Felipe IV, que le concedió una pensión en reconocimiento de sus méritos militares, viajó a Roma para obtener el perdón papal. A continuación zarpó de nuevo hacia América donde murió en 1650. Ha pasado a la historia como la ‘monja alférez’.

Efectivamente, no es necesario vestir camiseta ajustada para que una mujer nos deje con la boca abierta con sus aventuras.

Retrato de Catalina de Erauso.

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