El dúo de escultores Coderch & Malavia, galardonados con el Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura en su 52 edición, expondrán su última creación "Gigante de sal", una escultura en bronce de cuatro metros de altura, al aire libre en la rotonda de las banderas de La Marina de València.

Con "Gigante de sal" estos artistas figurativos, que ya han celebrado numerosas exposiciones individuales y colectivas en países europeos como Alemania, Bélgica o Francia, mostrarán su trabajo por primera vez en València, ciudad en la que están afincados y donde se ubica su taller, informa La Marina de València.

La espectacular envergadura de esta escultura hiperrealista, que se puede visitar desde este martes, permitirá a los visitantes interactuar con la obra, con el propósito de acercar a los ciudadanos una disciplina artística normalmente reservada a las salas de un museo o a las colecciones privadas.

La nueva escultura de la playa valenciana.

Además, esta pieza que se inspira en la danza Butoh, un baile japonés sumamente expresivo y que transmite el dolor colectivo que se siente tras una tragedia y el resurgir después de la misma, conecta con la sociedad actual que tiene que replantearse cuál será su papel en la reconstrucción social tras la crisis que está causando la covid-19.

De este modo, el proyecto profundiza en los cambios que se generan tras las grandes tragedias, cuando surge una conciencia de humanidad y de grupo muy fuerte, han indicado las mismas fuentes.

En este caso, los artistas tratan de expresar a través del cuerpo retorcido del Gigante de Sal la esencia de la vida: caer y revivir, buscando la comunión entre opuestos y sobre todo, tratando de aprender de nuestros errores.

Los escultores durante la creación de la pieza.

Los escultores Joan Coderch (Barcelona, 1959) y Javier Malavia (Guipúzcoa, 1970) configuran uno de los dúos escultóricos con mayor proyección internacional del momento y su obra plasma los equilibrios emocionales a los que se enfrenta el ser humano a través del modelado a cuatro manos de figuras realistas que emanan una energía controlada y una belleza atemporal.

Asimismo, su discurso estético radica en un férreo compromiso con la perfección de las formas para conseguir figuras que plasmen las pasiones y frustraciones que mueven al ser humano contemporáneo en constante equilibrio y transformación.