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Vicente Martínez: "Ojalá que a partir de septiembre los músicos empiecen a ver la luz"

Vicente Martínez, codirector del postgrado de gestión musical de la Universitat de València, advierte del peligro que acecha a la «clase media» del sector por la paralización de los conciertos

Vicente Martínez

Vicente Martínez

La Universitat de València celebrará este año la décima edición de su Postgrado en Gestión Empresarial de la Música, un curso de formación para futuros profesionales del sector y en cuyas sesiones han impartido clases Alaska, Pau Donés, C. Tangana, Nacho Vegas, Loquillo, Ariel Rot, Santi Balmes o Mikel Izal, entre otros. En 2021 las clases serán ‘on line’, empezarán el 1 de junio y tendrán como ponentes a Alizzz y El Jincho. La matriculación está abierta.

Vicente Martínez, director del postgrado junto al profesor titular de Economía Aplicada de la UV, José María Nácher, recordaba ayer cómo, cuando el proyecto empezó hace una década, ya había quedado claro que la venta de discos que tantos millones le había reportado a la industria se había convertido en una vía de ingresos marginal y que la supervivencia de la industria pasaba por la música en directo.

«Pero con el coronavirus eso se ha venido abajo también -advierte Martínez -. Y si el directo no funciona, las otras vías de ingresos como la gestión de derechos o la gestión del ‘streaming’ también se ven mermadas».

Socio fundador de Songsforever, una empresa valenciana dedicada a difundir y proteger los derechos de las obras de compositores y autores, Martínez reconoce que a día de hoy un artista «de clase media»(cualquiera que pueda dedicarse a la música sin pasar hambre, pero también sin celebrar grandes banquetes a diario) no puede vivir de lo que obtiene por las escuchas en Spotify o Youtube.

«Tienes que tener una marca muy consolidada para vivir de eso, porque las plataformas pagan muy poco. El problema es grande, porque la mayoría de los artistas vivían de girar permanentemente y el ‘streaming’ era únicamente un complemento. Ahora la situación ha cambiado y ese complemento es el único medio de vida».

¿Se cargará el virus a la clase media del pop? ¿Harán música en el futuro solo las grandes estrellas y los aficionados sin pretensiones? «No, porque esto es un parón que esperemos que se solucione cuando se vacune a la mayoría de gente y tengamos la deseada inmunidad de rebaño -explica-. Pero el negocio ha quedado tan mermado que la mayoría de artistas no puede esperar mucho más. Un año más sin ingresos pondría en peligro cientos de proyectos musicales solo en València».

Los promotores cifran en unos 100 millones las pérdidas del sector en la Comunitat Valenciana desde que se declaró la pandemia. Para este experto, la situación se mantendrá hasta después de verano: «Quiero ser positivo y optimista y ojalá que a partir de septiembre empezaremos a ver la luz. A partir de entonces habrá eventos con formatos reducidos, de 2.000 o 4.000 espectadores, festivales de ciclo en los que podrán volver a actuar ese tipo de artista medio, de perfil más independiente y que además contará con la ventaja de que no tendrá la competencia de los músicos internacionales».

Esperanza en 2022

Martínez asegura que los festivales y los conciertos multitudinarios no llegarán hasta 2022. «No entro a valorar si serán conciertos con el público sentado, con mascarillas y con test de antígenos hecho, pero estoy convencidísimo de que volverán los grandes aforos. Porque si el año que viene aún no somos capaces de permitir reunir a 20.000 personas en un recinto de conciertos, es que como sociedad habremos hecho algo muy mal».

Hasta entonces, los festivales aguantarán adaptándose a formatos más pequeños, aunque algunos de ellos preferirán aplazar su celebración hasta que puedan volver a reunir a miles de personas. Más complicado, tal como advierte Martínez, lo tienen las salas. «Han de recibir ayudas directas porque si no estamos matando parte de la cultural del país. Si cuando volvamos a la normalidad las salas no están, el tejido musical que ya está cogido con pinzas tiene el riesgo de desaparecer», asevera.

Antes de situarse en el lado empresarial de la música, Vicente Martínez fue miembro de una de las bandas valencianas más importantes de los 90, Big Score. Preguntado si un proyecto independiente como aquel hubiera aguantado los rigores de la pandemia, sin conciertos ni ingresos durante más de un año y sin ni siquiera oportunidad de reunir a sus miembros para ensayar en un local, Vicente responde rápido: «no lo hubiera dejado porque los grupos de rock tienen un instinto de supervivencia muy grande, pero sé que para muchos está siendo una situación muy dura».

«Pero no quiero ser optimista ni pesimista, quiero ser realista -concluye-. La situación de hace seis meses era muy mala, y hoy me he reunido con unos promotores muy grandes y el ‘flow’ es otro. 2021 se pasará como se pueda, pero 2022 será un año de una normalidad razonable. Estamos sufriendo mucho, pero la sensación en el sector es que hay esperanza».

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