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MÚSICA CRÍTICA

Bach... Siempre Bach

El Palau de Les Arts, por dentro.

El Palau de Les Arts, por dentro. GVA

Desde que Wanda Landowska las rescatara a principios de siglo, este tema y sus 30 variaciones han conocido las más variopintas versiones: piano, guitarra sola o en dúo, acordeón, arpa, órgano, trío de cuerdas, orquesta barroca y hasta unas de jazz de Jacques Loussier. Así de seductora es esta obra.

La tentación de transcribir este océano de notas, originalmente para «clavicimbal», fue realizada en 1985 por el ruso Dmitry Sitkovetsky aunque ya en el siglo XXI, el milanés Bruno Giuranna, publicó otra, que fue la que escuchamos al Trio Goldberg en el Almudín valenciano. Fue un concierto admirable, donde primó el rigor y el respeto por la partitura. Desde el tempo calmado del Aria inicial, se dio algo que no siempre se consigue: comunicación directa entre los músicos y el público. La sucesión de las diferentes variaciones y cánones se brindaron con una generosidad poco usual, resultado, sin duda, de un trabajo pulcro y a conciencia del material que llevaban entre manos.

Siempre existe la posibilidad de salirse del estilo pero tanto Arias como Marín y Apellániz, se esforzaron en crear la mejor atmósfera introspectiva. Los tres son músicos experimentados con sobrada técnica para traducir cada frase y matiz con la mejor fidelidad. Si admirable fue la dicción individual no lo fue menos la paleta expresiva del conjunto, a modo de organum, plasmando momentos de gran color y emoción.

El público aplaudió, muy merecidamente y con generosidad, y el trio volvió para repetir una de las variaciones. Con el aforo reducido por el control sanitario, merecen hacerse escuchar de nuevo. Cuando lo repitan, no se lo pierdan.

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