La anguila nace, se desplaza, muta y muere. Es un animal caliente, palpitante y escurridizo. Como la anguila, las pinturas de Paula Bonet que desde ayer se exhiben en la Nau de la Universitat de València (UV) recorren un camino y van mutando desde la figura a la abstracción y a la expresión mínima, de la oscuridad al blanco casi absoluto.

También muta y palpita con reflexiones sobre el abuso y el maltrato ‘La anguila’, una novela que la artista de Vila-real publicó la semana pasada y sin la que esta exposición no habría podido ser (tampoco al contrario, asegura la autora). En el libro, como en la exposición, Bonet expone desde la experiencia propia las agresiones que sufren las mujeres y sus cuerpos, y habla de la necesidad de romper el discurso patriarcal (y academicista) que la sociedad tiene interiorizado. Un discurso, dice la autora, que ella ha logrado «pulverizar» con este doble proyecto pictórico y literario, «y soplar para que de él no quede ni el polvo».

Bonet presentó ayer «La anguila. Esto es un cuadro, no una opinión» acompañada por la comisaria de la exposición, Cristina Chumillas, y la vicerrectora de Cultura de la UV, Esther Alba. Chumillas destacó la «denuncia social» que realiza Bonet con estas obras y el enfrentamiento a la imposición masculina que ejecuta a través del trazo «bruto» y las «pinceladas sueltas y blandas». Alba, por su parte, subrayó cómo las 158 pinturas de diferentes formatos que conforman la muestra forman «un relato expresivo de la violencia cotidiana que viven las mujeres» pero también recorre un camino que va «desde la oscuridad del dolor a la liberación».

Paula Bonet, desde las entrañas a la luz

Herencia, carne y pintura

La exposición, que estará hasta el 16 de mayo en la Sala Academia de la Nau, propone un recorrido dividido en tres partes diferenciadas por formas, colores, texturas e intenciones: «La herencia», «La carne» y «La pintura». Al igual que con la novela, Bonet empezó a plantearse el proyecto cuando murió su abuelo y ella sufrió varias pérdidas gestacionales. «Entonces empecé a entender el cuerpo como un campo de batalla de un sistema que no nos tiene en cuenta», explicó.

La primera parte, la que se muestra a la mujer desde las entrañas y la carne desde lo profundo, «habla del dolor de no poder gestar, de la muerte del ser querido y de que la vida no te permita seguir con la saga», describía la autora. La segunda parte está pintada con las manos y con los ojos cerrados, «imaginando que acariciaba un cuerpo que no quería acariciar, enfrentándome al monstruo, al fantasma grande y transparente que crea el patriarcado». La tercera parte es luminosa, con blancos que se van ordenando sobre paredes también blancas. «El objetivo es que la pintura se confunda con el medio, que el color desaparezca -indica-. Pintar es mirar».

El figurativismo que hizo popular la obra de Paula Bonet como ilustradora, apenas se entrevé en esta exposición. La artista defiende que, antes que ilustradora, ella ya era lo que es ahora: pintora y escritora. «Pinto y escribo para vivir. Ilustro para comer», resumió. Con «La anguila», tanto el libro como la exposición, asegura haber entendido también que su obra es mejor cuando se aleja de ella, «que yo no importo». «En el momento en el que me he perdido el respeto han aflorado una serie de imágenes que no me habría permitido pintar de haber sido consciente. Recupero la idea del proceso y me enfrento sin ninguna concesión al proceso artístico».

Lo que la pintura sugiere, en la literatura es más explícito. «’La anguila’, sobre todo a nivel literario, habla de esas agresiones que los cuerpos de las mujeres sufren -subraya Bonet-. En la primera parte son las agresiones más sutiles, las del léxico, la del sistema médico, del núcleo familiar. Y en la segunda habla de las más evidentes pero que también el sistema invisibiliza: el abuso por parte de un hombre con 20 años más que la abusada y que tiene una cátedra, y que es un señor que abusa del género, del poder y de la edad».

Pese a su carácter autobiográfico, en la novela no aparecen nombres propios. Ella asegura que está escrito sin rabia, «desde la templanza», pero consciente de lo sufrido, incluida la hostilidad de una ciudad (València) en la que, «hiciera lo que hiciera, recibía un aluvión de críticas». «Me planteé todos los escenarios posibles -reconocía-, pero tomé esta decisión porque lo más importante es la obra y mi compromiso con ella. He encontrado refugio en la literatura y he tardado 38 años porque es el lugar artístico que más respeto, donde he crecido, donde me ha situado en sitios incómodos y donde me he aliviado».

Paula Bonet presentó ayer la exposición de 158 pinturas en la Nau de València creadas en paralelo a su primera novela. Estará en el edificio de la UV hasta el 16 de mayo. F