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REORDENACIÓN

Cirugía ética y estética en el Bellas Artes de València

Más espacio para los retablos, Joanes, Ribera o Ribalta - Sorolla y Pinazo compartirán sala y Rubens y Van Dyck se mirarán cara a cara

El director del Bellas Artes
y a su izquierda, el ‘Retablo 
de la Purísima’.  daniel tortajada

El director del Bellas Artes y a su izquierda, el ‘Retablo de la Purísima’. daniel tortajada

En 1839 abrió sus puertas el Museo de Bellas Artes de València, primero en el Convento del Carmen y, tras la Guerra Civil, en el antiguo Colegio Seminario de San Pío V, su actual sede. En 1996 tomó la dirección del museo Fernando Benito Doménech y se encargó de proyectarlo hacia el futuro, diseñando la colección permanente que aún hoy podemos admirar. Pero los tiempos cambian y con ellos la concepción que cómo se ha de mostrar el arte. Y también ha cambiado el museo, con nuevas obras en su colección y nuevos espacios disponibles.

Por eso, en 2016 el Bellas Artes presentó un nuevo Plan Museológico (en el que se establece el «discurso» que ha de seguir la pinacoteca en los próximos tiempos) cuya adecuación en las salas (la museografía) está prevista que se desarrolle en dos fases en 2022 y 2023. Pablo González Tornel, actual director del Bellas Artes, ha adelantado a Levante-EMV los aspectos más importantes de esta operación que incluye una redistribución de las obras y la potenciación de aspectos como la importancia de la mujer en el arte o la crítica social para asentar al museo valenciano en pleno siglo XXI.

Pocos edificios culturales tienen un hall de las dimensiones de la antigua iglesia de San Pío. El proyecto museográfico pretende que la gran cúpula central distribuya los itinerarios como un abanico y facilite tanto el disfrute de la colección completa como las visitas selectivas. «El Bellas Artes es un museo fácilmente aprehensible y quiero que la gente lo entienda de un vistazo -señala el director-. Es grande pero no descomunal, pero sí es verdad has de invertir tiempo para verlo todo, por lo que también queremos facilitar que la gente pueda venir aquí las veces que quiera (es gratuito) para disfrutar solo de los Sorolla, o solo del Barroco o solo de los retablos».

Los retablos son, precisamente, uno de los grandes protagonistas de la nueva museografía ya que ocuparán junto a las pinturas góticas toda la nave central que actualmente comparten con las piezas renacentistas. «Los museos tienen que buscar su personalidad. En el Bellas Artes tenemos de todo, pero retablos son uno de los componentes fuertes de este museo. Por eso vamos a potenciarlos, darles espacio y ordenarlos bien cronológicamente», señala González Tornel.

Cirugía ética y estética en el Bellas Artes de València

A la actual colección se incorporará el ‘Retablo de los Reyes’ del Maestro Perea (actualmente en fase de restauración) y otro retablo del Maestro de Artés, ya restaurado pero desmontado por piezas. También se sacarán del almacén piezas de un artista medieval de primera línea como fue Jaume Mateu. Al final de esta nave central se situará el ‘Retablo de la Purísima’, de Nicolás Falcó, con esculturas de los Forment, por representar precisamente el paso del gótico al Renacimiento en València.

Las salas laterales de esta primera planta estarán dedicadas al arte renacentista, incluyendo allí las obras valencianas que ahora están en la nave central y algunas pinturas señeras colgadas en los pasillos como el tríptico del obrador del Bosco. Éste se situará en una sala en la que dialogarán el Renacimiento flamenco con el italiano, con joyas como la ‘Virgen de las Fiebres’ de Pinturicchi. Otra sala estará dedicada al Renacimiento hispánico, como el de los «Hernandos» (De los Llanos y Yañez de la Almedina) y Paolo de San Leocadio. Y una tercera a Joan de Joanes y su entorno como protagonista y con la ‘Virgen de la Esperanza’ como gran adquisición. «Si el Prado le dedica una sala a él solo, no sé por qué no la tenemos nosotros», justifica el director.

La línea de salas laterales de esta primera planta terminará con el manierismo y la contrarreforma y, por último, las pinturas de otro de los grandes maestros valencianos: Ribalta. El Bellas Artes también quiere reivindicar con esta nueva distribución a algunos valencianos actualmente «infrarrepresentados» como Esteban March y su hijo Miguel. «Nos gustaría que tuvieran una personalidad más marcada en el discurso», explica el director.

Cirugía ética y estética en el Bellas Artes de València

Personalidades barrocas

Desde esta primera planta el público accederá a la segunda para encontrarse de lleno con el Barroco. En este caso, se le quiere dar a las salas una «personalidad»: Murillo, Velázquez, Rubens, Van Dyck... En una de las salas abovedadas dedicada a la pintura flamenca, con el recién restaurado ‘Francisco de Moncada’ como hito, estará relacionada con la colección Gestenmaier donada recientemente al Bellas Artes, que tendrá a la ‘Virgen de Cumberland’ de Rubens como principal foco de atención.

También se redistribuirá la pintura barroca italiana, con la magnífica ‘Santa Águeda’, de Massimo Stanzione y los José de Ribera, el maestro valenciano que desarrolló su carrera en el país transalpino y cuyas cuatro pinturas (dos filósofos, la ‘Santa Teresa’ y el ‘San Sebastián’) propiedad del museo se mostrarán juntas por primera vez.

El recorrido continuará hasta el otro edificio del Bellas Artes, la Fase V, dedicado al arte de los siglos XIX y XX. «Es importante que los visitantes distingan arquitectónicamente cuando pasan de un mundo a otro», subraya González Tornel. La sala principal de la primera planta estará dedicada a Goya, Vicente López y Mariano Salvador Maella, mientras que en los andadores se ubicará el Romanticismo, la pintura neoclásica y el academicismo.

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Sorolla, Pinazo y Degraín

La segunda planta estará dedicada a lo que González Tornel denomina los «nombrones» de la pintura valenciana de entresiglos, tres maestros de «los que tenemos mucha obra y que articulan en gran medida la personalidad del museo en esta fase cronológica». Debido a sus grandes formatos, a Antonio Muñoz Degraín se le adjudicará una de las salas (la que tiene un acceso de mayor tamaño) y la compartirá con pinturas de paisaje de esa época. En otra sala de esta Fase V, aún sin utilizar, estará dedicada a las otras «dos grandes personalidades» valencianas de esta época, Joaquín Sorolla e Ignacio Pinazo, de quienes el museo tiene decenas de pinturas aunque de menor formato que las de Muñoz Degraín.

Quedarán cuatro pandas en las que, según explica el director, la idea será distribuir las obras por contenidos más que por pintores. Aquí tomará protagonismo la pintura social de Fillol, que se contextualizarán mediante paneles. «Con los retratos quizá no haga tanta falta, pero estos son cuadros que hay que narrar, explicarle a la gente lo que está pasando en ellos», señala González Tornel.

El discurso museístico del Bellas Artes llegaría así hasta la pintura valenciana de la II República. «No podemos ir más allá no por falta de obras, sino por falta de más espacio», asegura el responsable del centro. Habrá, en todo caso, más obras expuestas que en la actualidad.

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Entre Viveros y el Túria

La aplicación de la nueva museografía está pensada para llevarla a cabo en dos fases independientes en 2022 y 2023. Tal como señala González Tornel, será «inevitable» cerrar salas, «pero no querría que fuera cerrar entera la colección permanente». Lo que sí parece seguro es que los dos grandes bloques del museo (gótico-Renacimiento-Barroco y XIX y XX) dejarán de funcionar en momentos distintos.

Las dos fases para aplicar la nueva museografía se llevará a cabo en paralelo a la mejora del entorno del museo. En esta intervención, González Tornel destaca dos «componentes». El primero es la mejora proyectada por el Ministerio de Cultura en la parte trasera del edificio y su relación con la calle Alboraia y los Viveros, para adecentarla y hacerla practicable. Y el segundo es el «eje de los museos» en el que está trabajando la Vicepresidencia Segunda y Conselleria de Vivienda y que incluirá la «pacificación» del tráfico en los márgenes del Túria y en los puentes que lo cruzan. «Tengo confianza en que, además de abrirnos a Viveros, con este proyecto nuestra relación con el centro de la ciudad sea más amable», indica el director.

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Las artistas ‘ausentes’ piden paso en la colección permanente

La nueva museografía destacará el trabajo de las hijas de Joan de Joanes y de Sorolla

Modernizar el Bellas Artes pasa también por resaltar la importancia de la mujer en la colección. La pinacoteca, tal como reconoce Pablo González Tornel, apenas tiene autoras en sus fondos pero la cuestión de género se puede abordar desde otras perspectivas. «Por ejemplo -explica-, Joan de Joanes tenía dos hijas, Dorotea y Margarita, de quienes no tenemos ninguna obra segura pero sabemos que pintaban en el taller de su padre. No podremos poner obras firmadas por ellas pero sí explicar a esas ausentes a las que no se les permitió firmar ni contratar pero que existieron». Otra «ausente» es María Sorolla, que siempre aparece nombrada como «pintora de afición», un término «tremendamente machista que se pone a las pintoras para indicar que no podían dedicarse a esto profesionalmente aunque pintaran maravillosamente como ella». Ahí está «La chula», el único cuadro en el museo de la hija de Sorolla y esposa de Francisco Pons Arnau, para demostrarlo. «Podemos contar su historia porque tenemos el retrato que le pintó su marido, el busto que esculpió Benlliure y su obra. Podemos hacer un ángulo en el que la recordemos y hablar de la pintora que no pudo ser profesional». Y hay otra perspectiva que incluye a la mujer como protagonista y que el director ejemplifica en el retrato de Isabel Bru hecho por Sorolla. «Se puede poner una cartela diciendo quién es y quién la ha pintado, o se puede contar también la historia de una vicetiple que a finales del XIX era una profesional liberal, absolutamente emancipada y que se codeaba con el Maestro Serrano, Chapí o Jacinto Benavente». V.C.M. València


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