La artista británica de origen palestino Mona Hatoum (Beirut, 1952) ha aterrizado por primera vez en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) con una exposición individual, aunque no literalmente por motivos sanitarios. Lo ha hecho de la mano de José Miguel G. Cortés, exdirector del museo y ahora comisario de la muestra que el centro dedica a la última Premio Julio González.

El museo de la calle Guillem de Castro ha presentado «Mona Hatoum» (hasta el 12 de septiembre), una exhibición de una treintena de obras de la artista entre esculturas, grandes instalaciones y obra sobre papel, realizadas su mayor parte a lo largo de las últimas dos décadas y algunas ex profeso para esta exposición.

Cortés ha dado -en compañía de la actual directora del IVAM, Nuria Enguita, y la propia artista (por videoconferencia)- algunas de las claves para entender la exposición y la obra de Hatoum. Durante la presentación, Cortés habló de la ambigüedad de las obras de la artista. «En el mundo nada es lo que parece, todo tiene diferentes lecturas. Las obras que presenta tienen un carácter amable pero también amenazante», dijo Cortés. Al respecto, destacó piezas de la exposición a partir de elementos domésticos cotidianos, como un rallador, que Hatoum amplía y convierte en camas poco atractivas para el descanso.

Pelo, cristal o jabón

La fragilidad e inestabilidad de la existencia es otro de los aspectos que el comisario apuntó sobre Hatoum. «Su obra es fluida, móvil, se transforma. Es también una metáfora de los tiempos que vivimos», explicó el exdirector del IVAM. En esta línea, los materiales que usa Hatoum van en consonancia con ese aspecto: pelo humano, cristal, jabón,… La fragilidad llega a su máximo exponente en la obra Map, un enorme mapamundi realizado con miles de canicas transparentes sobre el suelo, que pueden alterar ese orden mundial con un simple traspiés, o en Present Tense, una suerte de puzzle hecho con 2.200 pastillas de jabón, que representa un mapa fragmentado de los Acuerdos de la Paz de Oslo ante el conflicto palestino-israelí.

La cartografía es uno de los temas recurrentes en la exposición. Destaca en su recorrido el globo terráqueo Hot Spot III, realizado con acero inoxidable y tubos de neón. En palabras de la propia Hatoum, cuando el espectador se pone ante ella ve cómo el mundo «parece que esté en llamas, es una obra que atrae, pero que al mismo tiempo da miedo». Además, dijo, «es también una metáfora del cambio climático».

Una de las instalaciones que pueden verse en el IVAM. M. A. MONTESINOS

Cortés reflexionó sobre la memoria e identidad en las obras de la artista en cuanto a cúmulo de experiencias y resaltó asimismo la presencia de la violencia y la muerte en la producción de Hatoum, muy marcada por la guerra civil del Líbano y que se ve en piezas como las ocho grandes instalaciones que reciben al visitante, a modo de edificios vacío o bombardeados. El conflicto se deja ver en la estructuras metálicas, mapas y granadas de cristal -entre lo bello y lo doloroso-, literas múltiples, camas incómodas y jaulas de alambre de espino, que son algunas de las piezas que forman esta exposición, «una de las grandes del año», aseguró Enguita.

Cortés señaló que el IVAM es la institución española con más obra «y más importante» de Mona Hatoum, quien ayer agradeció el Premio Julio González de 2020, que el museo anunció poco antes de estallar la pandemia. Hatoum es la segunda mujer en recibir esta distinción en los 20 años de historia del galardón, tras Annette Messager en 2017. El IVAM ya ha expuesto obra de Hatoum, aunque en muestras colectivas, como «Absalon, Absalon», que aún se puede visitar en el museo.