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María Dueñas

"La relación entre Sira y yo era tan intensa que necesitábamos un respiro, que corriera el aire"

«Los personajes quedan siempre para ti porque han formado parte de tu vida, pero cada vez que empiezo una nueva novela los nuevos desplazan a los anteriores», explica Dueñas

La escritora María Dueñas 
posa con su última novela, 
«Sira».  Carlos ruiz

La escritora María Dueñas posa con su última novela, «Sira». Carlos ruiz

Sira Bonnard -antes Arish Agoriuq, antes Sira Quiroga- regresa al universo literario de María Dueñas (Puertollano, 1964) para protagonizar la segunda parte de su exitosa novela El tiempo entre costuras. En Sira, María Dueñas presenta a la joven costurera ahora convertida en una mujer mucho más madura y dispuesta a tomar ella misma las decisiones de su vida, a caballo entre Jerusalén, Londres, Madrid y Tánger.

Doce años después de «El tiempo entre costuras», su protagonista, Sira, ha vuelto. Sin embargo, tengo entendido que no era su intención volver a verse con ella.

Con El tiempo entre costuras todo evolucionó muy rápido, casi de forma convulsa y, por supuesto, inesperada. En España se fueron sucediendo las ediciones, luego vino el salto a América latina, las traducciones, la serie de televisión... Todo eran alegrías y satisfacciones, por supuesto, pero ya la relación entre Sira y yo era tan intensa y prolongada que necesitábamos un respiro. No me veía con ganas ni fuerzas como para escribir un segundo El tiempo entre costuras con Sira como protagonista. Quería que corriera el aire entre nosotras. Me apetecía embarcarme en otros proyectos y vinieron después Misión Olvido, La Templanza y Las hijas del capitán, todas con gran aceptación por parte de los lectores. Yo ya estaba en la dinámica de escribir otras novelas distintas y tenía la que sería mi quinta novela en marcha.

¿Entonces qué pasó?

Yo viajo mucho a Marruecos -a Tánger y a Tetuán- desde hace tiempo y varias veces al año, por conexión familiar y porque me apasiona esa tierra. Y siempre que vuelvo a España vengo pensando que me dejo algo. Es un escenario maravilloso. Y en uno de esos últimos viajes del que volví con tantas ganas de escribir sobre ese mundo pensé que para qué dejarlo pasar más. Ya podía iniciar el reencuentro. Y si decidía volver a Marruecos como escenario literario tenía que ser de la mano de Sira, no podía ser con otro personaje. Arranqué la novela y ha sido para mí una alegría escribirla.

Ha sido casi una necesidad personal.

Sí, aunque yo diría más bien una apetencia, casi un capricho personal.

¿Es difícil desprenderse y abandonar a un personaje como Sira, tan temperamental y que tantas alegrías le ha dado?

Los personajes quedan siempre para ti porque han formado parte de tu vida, pero cada vez que empiezo una nueva novela los nuevos personajes desplazan a los anteriores. Por eso, Sira no ha estado presente en mi vida durante estos 12 años, sino que había sido sustituida por muchos otros. Pero ahora ha vuelto y con fuerza.

¿El pasado siempre vuelve?

Yo tenía intención de retomar la novela justo donde acabó la anterior. Si con El tiempo entre costuras nos quedamos en el final de la segunda guerra mundial, ahí era donde yo quería retomar esta novela y necesariamente tenía que volver al pasado, a esos años convulsos en los que parece que después de la guerra ha llegado la paz, pero no es así del todo. Sigue habiendo territorios complicados, conflictos tremendos y ahí es donde emplazo la novela.

¿Cómo ha cambiado Sira en este tiempo? ¿Lo ha hecho al mismo ritmo que su creadora?

¡No! Ella ha cambiado muchísimo más que yo. Yo ya estaba instalada en la madurez cuando escribí El tiempo entre costuras. Mi cambio no ha sido tan abrumador como el de Sira. A ella la conocimos siendo una joven muy vulnerable, inocente, bajo el ala de su madre, incapaz de valerse por sí misma, hasta que un canalla la arrastra hasta Marruecos para luego abandonarla. A partir de ahí, Sira se reconstruye pero sigue siendo una mujer con sus miedos, inseguridades, su vulnerabilidad… Y aunque pasan cosas importantes por ella, como dos guerras, negocios o la colaboración clandestina con el espionaje británico, ella va creciendo, se va desprendiendo de miedos, va madurando. Pero aún así no ha alcanzado esa plenitud como mujer. Ahora en Sira va a ser otra historia. En la primera parte de la novela sufre un acontecimiento desgarrador que va a cambiar su existencia para siempre. Ella sola, con un hijo a su cargo, va a reemprender un camino de reconstrucción. Va a convertirse en una mujer mucho más madura, más mundana, más escéptica y con una visión del mundo más crítica. Ya no se va a dejar convencer, ni arrastrar fácilmente por los intereses de otros. Va a ser ella quien sopese las coyunturas que la vida le ofrece.

Una nueva Sira.

Es una mujer muy distinta, más contemporánea y cercana a las mujeres del siglo XXI. Tiene que conciliar -aunque ese verbo no existe en su vocabulario- su vida como madre y su vida pública, porque ella se resiste a permanecer inactiva. Tiene que hacer tantas cosas y renuncias y aspiraciones como las mujeres del siglo XXI.

¿Aún le quedan cosas por contar de Sira después de esta segunda novela sobre ella?

Pues sinceramente no lo sé. No sé si el punto después de la última frase será seguido o final. De momento no me lo planteo. Ya veremos cómo va la novela.

¿Cómo se sabe cuando un personaje está «agotado», que ya no tiene más recorrido?

Hasta que terminas la novela tiene sentido. En mi caso, sabes que se acaba cuando los protagonistas de la siguiente novela van entrando en mi cabeza. Los otros quedan como recuerdos gratos del pasado. No olvidados, pero sí muy secundarios.

¿Cuánto ha tardado en escribir esta novela? Tiene mucha documentación detrás.

Con este tiempo de pandemia lo único positivo que he sacado es que he podido escribir con más tranquilidad. Habré tardado aproximadamente un año.

Hay hechos reales en esta novela. A la hora de combinar realidad y ficción, ¿qué le atrae más?

Hay una mezcla. Procuro mantener el equilibrio entre los acontecimientos históricos y hechos que marcaron una determinada época, que intento que estén en la novela con rigor y verosimilitud, pero no como grandes lecciones de Historia porque no soy historiadora ni escribo novela puramente histórica. Yo quiero que estén como trasfondo, que den credibilidad a la trama. Y una vez ya tengo recopilados y documentados esos momentos que me crean un mapa con coordenadas de espacio, tiempo, personajes y época, empiezo a planear la ficción.

Ahora que ya ha terminado con Sira, ¿va a retomar esa quinta novela que dejó a medias?

Pues ya no va a ser una novela, va a ser otra cosa en otro formato que está en proceso. A ver cómo termina.

Tanto «El tiempo entre costuras» como «La Templanza», y próximamente «Las hijas del capitán», se han adaptado a la televisión. ¿Se siente satisfecha con estar versiones?

Sí. He tenido la enorme suerte, y eso no ocurre siempre, de que mis adaptaciones han sido siempre excelentes y se han tratado con muchísimo respeto, aunque sean lenguajes distintos. He tenido siempre unos grandes compañeros de viaje en esto. Y los lectores han quedado contentos al ver esas adaptaciones, que eso para mí es muy importante. Que no se sintiesen traicionados.

¿Suele estar inmersa en el proceso de adaptación?

Intento estar todo lo posible, aunque no es todo lo que puedo porque no es mi lugar tampoco. En «Las hijas del capitán» puede que esté más inmersa, pero hasta ahora estoy más metida en las supervisiones de los guiones. Tengo un trato muy fluido con productores y hablo mucho con los guionistas, vienen a mi casa, charlamos, exponemos puntos de vista. Les escucho y les doy consejos. No es una relación distante o polarizada.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Literarios de momento estoy bajo cero porque no he podido avanzar nada desde la publicación de Sira, que fue hace dos semanas. Estoy barajando la posibilidad de hacer más cosas en audiovisual y pensando en un nuevo proyecto de novela que no sé cuál va a ser todavía. También hay un proyecto creativo de audio que verá la luz más adelante, a lo largo del año. Lo que pasa es que la pandemia lo está trastocando todo. Pero en general, haciendo cosas y que no pare la música.

¿Necesita un tiempo de descanso entre proyectos o prefiere encadenar unos con otros?

Necesariamente tengo que frenar porque después de cada novela viene un tiempo de promoción bastante largo. Ahí me da tiempo de ir pensando, pero no de empezar a trabajar en una nueva novela de sentarme a escribir, sino que voy tomando ideas, decisiones, leo cosas que me interesan, descarto unas, avanzo en otras. Es como un solapamiento entre novelas que, aunque no escribo, voy pensando.

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