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MÚSICA CRÍTICA

LA ACÚSTICA NECESARIA

La OV durante su concierto en la Lonja

La OV durante su concierto en la Lonja

Aún con la mejor voluntad, es complicado encontrar el lugar idóneo para los conciertos de la OV. La propuesta de itinerancia que ha llevado a la OV a espacios como la Rambleta, el Musical, la Malva-rosa o, como ahora, al magnífico gótico civil de la Lonja de los Mercaderes, no siempre será efectiva por demandar una logística compleja.

Las instalaciones de Les Arts tienen su propio calendario de actividades. De ahí que el último concierto de la OV, no tuviera cabida en ningún otro escenario con condiciones. La Lonja es un extraordinario marco pero de acústica deficiente. La incomodidad de las sillas, las conversaciones y la bulla del exterior se cuelan entre los ventanales, incomodando tanto a los interpretes como al público y la respuesta sonora de la acústica no llega, ni por asomo, a la excelencia visual de su precioso columnario.

Así las cosas, el maestro Alexander Liebreich (Ratisbona, 1968) tuvo que defender el repertorio con los mimbres a su abasto. Dirigió a la OV en 2017 y 2019 y dentro de pocos meses asumirá la titularidad. Plausible unir el Homenaje a Debuss de Manuel Palau con las Danses sacrée et profane, del músico francés, para arpa cromática y orquesta de cuerda, que dio oportunidad, una vez más, a escuchar a Luisa Domingo, protagonista de una versión decidida, brillante y, sobre todo, de gran claridad musical. Estas danzas ponen a prueba la técnica y el alma del solista, y así lo demostró la arpista de Guadassuar. Liebreich, colaborador necesario, trabajó con mimo las cuerdas, dando soporte y color al momento.

Para defender el Concierto nº 1 en la menor, de Saint-Saëns, volvió a València, Alban Gerhardt (Berlín, 1969), con una carrera profesional que lo avala internacionalmente. Toca con un Gofriller veneciano de 1710.

Los tres movimientos de la obra se interpretan sin cortes, a modo de «concertstück» y el solista alemán se impuso con deslumbrante técnica y expresividad de artesano, a pesar de las circunstancias. Con La tombeau de Couperin, de Ravel y la Pavane, op.50 de Fauré, Liebreich, director de gesto comedido, dio la impresión de ser una batuta experimentada que, sin saltos ni sobresaltos, sabrá trabajar a los músicos de la OV aplicándoles sus maneras y gestos para obtener, en esta nueva etapa, el sonido que la defina en estilo y repertorio. Hay trabajo que hacer.

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