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Análisis

Tiempo al tiempo

El director artístico de Les Arts requiere de paciencia para elegir al director de la OCV que marcará el rumbo del coliseo durante años

El director neoyorquino James Gaffigan. | GERMÁN CABALLERO.

El director neoyorquino James Gaffigan. | GERMÁN CABALLERO.

«Muchos piensan que esto de encontrar un director musical es como buscar un entrenador para un equipo de fútbol». Se lamenta Jesús Iglesias, director artístico del Palau de les Arts, de las prisas de todos por encontrar un maestro que cubra el puesto que en su día ocuparon Lorin Maazel o Roberto Abbado. El martes, Levante-EMV avanzaba la intención de nombrar al estadounidense James Gaffigan, designación que llegaría avalada por el propio colectivo de músicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, conjunto titular de Les Arts. Apenas unas horas después, Iglesias intentó zanjar el asunto asegurando que «no es serio que una institución como Les Arts comente suposiciones, posibilidades o negociaciones. Nosotros comunicamos hechos, no negociaciones o rumores. Por ello, nada tengo que comentar al respecto».

Nada tiene que comunicar, pero, sin embargo, sí hay mucho para contar. El neoyorquino James Gaffigan (1979) es, de hecho, una opción que se viene tratando desde antes incluso de que comenzara la pandemia. Ha sido una negociación larga y no exenta de sobresaltos y desencuentros, iniciada tras debutar en Les Arts con la orquesta de la que todo apunta que será nuevo titular. Fue el 19 de diciembre de 2019, con una versión del Réquiem alemán de Brahms que, aunque no colmó las expectativas de algunos, sí mayoritariamente la de los músicos que tocaron.

Desde entonces, el nombre de Gaffigan, de impecable trayectoria internacional en los mejores fosos y escenarios, se planteó como la opción «posible» más convincente y conveniente (o, quizá, menos inconveniente), sobre todo desde que el director valenciano Gustavo Gimeno, quien en marzo de 2015 ya fue invitado por Helga Schmidt para dirigir unas memorables funciones de la ópera Norma protagonizadas por Mariella Devia, se quitara de cualquier quiniela antes incluso de figurar en ellas. El actual director titular de la Filarmónica de Luxemburgo y de la Sinfónica de Toronto, una de las batutas mejor valoradas del actual panorama sinfónico internacional, reconoció su indisponibilidad para ocupar el podio más preciado de su ciudad natal cuando en mayo de 2019 recibió la oferta de Jesús Iglesias. «No podría asumir una nueva titularidad ni en València ni en ningún otro sitio. No solamente por los contratos vigentes, sino porque no sería responsable y honesto ni hacia la música, ni para las instituciones de las que estoy al frente, ni tampoco para mí mismo», declaró taxativamente a Levante-EMV meses después, en marzo de 2020, cuando dirigió un monográfico Stravinski a una orquesta de la que no será titular, pero cuyos músicos siempre se han mostrado encantados de tenerlo como tal.

Jesús Iglesias, gestor de amplia experiencia que conoce bien los intríngulis y finos hilos que mueven el mundillo de la ópera, sabe mejor que nadie las dificultades, susceptibilidades y mil aspectos que envuelven el nombramiento de un director musical. No sin razón, asegura «que la búsqueda de un titular es un proceso muy largo y nada fácil, que a veces lleva incluso años». Las prisas son malas consejeras, y por ello nada mejor que el tiempo, la reflexión, la experiencia, el sentido común para valorar y sopesar sosegadamente los mil y un parámetros que intervienen en la designación para desembocar en la decisión más oportuna.

El Palau de les Arts -también el vecino Palau de la Música- han visto reiteradamente erradas o truncadas muchas decisiones precisamente por las prisas o la presión impuesta por la política, el público o incluso la Prensa y sus opinadores, siempre deseosos de la primicia. El Palau de les Arts lo sufrió severamente en sus propias carnes ya desde los tiempos de Helga Schmidt. Fue precisamente una desastrosa gestión de su gabinete de prensa la que dio al traste con el nombramiento de Gianandrea Noseda como principal director invitado primero y luego como director musical, una vez cumplido el fallido periodo de Omer Meir Wellber.

Y una irresponsable y perversa filtración a la prensa también fue la que dio al traste con el nombramiento de Riccardo Chailly como titular de Les Arts. La publicación en un medio de comunicación local, en marzo de 2009, del borrador del detallado contrato suscrito entre Helga Schmidt y el actual director musical de la Scala de Milán hizo que éste tomará las de Villadiego en cuanto se topó en un periódico con su contrato, remuneraciones y condiciones. «Pero que hago yo en una ciudad en la que antes incluso de que haya firmado los detalles de mi contrato estos estén ya publicados con pelos y señales en los medios de comunicación», dijo el maestro milanés tras tomar un avión sin billete de vuelta.

Iglesias requiere de tiempo, complicidad (también de los medios de comunicación) y paciencia para acertar con una decisión que marcará el rumbo del Palau de les Arts durante los próximos años. Quizá también para cuajar la decisión de nombrar a Gaffigan, que tendrá por delante una ardua labor, entre la que no es menor audicionar y seleccionar los músicos que tendrán que cubrir las muchas plazas que hay cubrir en los vacantes atriles de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. El futuro está por definir, pero hoy por hoy, despejados ya otros nombres, y desde el pasado enero, la apuesta más firme -y quizá la única- es la del director estadounidense. «No sé si este puesto será para mí o para otro, pero la decisión se ha de tomar de forma honesta y abierta». Palabras sensatas dichas por James Gaffigan a Levante-EMV precisamente el mismo mes de enero, cuando el Palau de les Arts ya se decantó por centrar todos los esfuerzos en él. Palabras vigentes hoy, que sin duda el sagaz Iglesias tiene y tendrá muy en cuenta. Mientras, la complicidad, paciencia, confianza y dejar hacer de prensa, políticos y de todos es el mejor aliado para arribar a la mejor decisión. Tiempo al tiempo. ¡Queda poco!

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