Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

MÚSICA CRÍTICA

Inolvidable

Inolvidable

El encuentro de la mezzosoprano Marianne Crebassa (1986) y el maestro Antonello Manacorda (1970), una y otro estrellas debutantes en el Palau de les Arts, ha marcado una cima inolvidable, una de esas veladas cargadas de emoción y calidad que jamás desaparecen de la memoria. Los melómanos que asistimos el sábado a la interpretación que ofrecieron junto a una esplendorosa Orquesta de la Comunitat Valenciana seguiremos eternamente reviviendo lo que pasó el sábado en el Auditori del Palau de les Arts. Un concierto grabado en la memoria con la intensidad de los más emocionantes y mejores de Zubin Mehta o Lorin Maazel.

Marianne Crebassa expresó y reveló cada palabra, sílaba, nota y confidencia de Las noches de estío, el bucólico y ardiente ciclo vocal que en 1841 compone Hector Berlioz a partir de su amigo Théophile Gautier. Cada uno de sus seis números fue desgranado por la mezzo gala con sutileza, verdad e intenso sentido expresivo. Se sentía que era la propia música, el propio poema, el que habitaba y se decía a sí mismo en los íntimos registros y colores de una voz que, además de bella y subyugante, es inteligente y apasionadamente verdadera. Cada nuevo poema, cada nueva canción, era un renovado secreto de sensaciones y confidencias.

Desde el resignado El espectro de la rosa al misterio en forma de brisa agitada de La isla desconocida, de la sencillez popular de la Villanelle a la escueta y lúgubre atmósfera de En el cementerio, la Crebassa contó siempre con la complicidad -en absoluto fue acompañamiento- bien dispuesta de un maestro –«melodista nato», le denominó con razón el diario berlinés Der Tagesspiegel- ý unos instrumentistas que respiraron, sintieron y cantaron silenciosamente con ella. Asombra conocer que interpretación tan acabada y genuina haya sido la primera de Marianne Crebassa. ¡Qué artista! ¡Qué cantante!

El programa, maravillosamente diseñado y cargado de sentido y excelencias, se completó con una obra tan afín y cercana a Las noches de estío como es El sueño de una noche de verano, de Mendelssohn-Bartholdy, cuya obertura encontró una versión excepcional en los atriles virtuosos como en sus mejores tiempos de la OCV, gobernados en esta ocasión con mano y criterio maestros. El mejor concierto de 2021 se cerró con una refulgente recreación de El mar de Debussy cargada de sugestiones y paisajes. ¡Qué maravilla cuando la música se hace así!

Compartir el artículo

stats