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Versos al dios que Brines hizo viento

El poeta de Oliva lega a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes un poemario inédito que escribió entre 1947 y 1949, diez años antes que "Las Brasas" - Las instituciones y los poetas le rinden un sentido homenaje literario en su casa de l’Elca

Un momento del homenaje a Brines
que ayer se desarrolló en l’Elca. 
perales iborra

Un momento del homenaje a Brines que ayer se desarrolló en l’Elca. perales iborra

Francisco Brines, el poeta de Oliva recientemente fallecido y último Premio Cervantes, guardaba un secreto. Cuando tenía entre 15 y 17 años escribió un libro, titulado Dios hecho viento, que ha permanecido inédito hasta hora. Y son esos 79 poemas, concebidos diez años antes de Las Brasas, lo que él quiso legar a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, que se abrirá el 22 de enero de 2032, el día que hubiese cumplido cien años.

El llenado de esa caja, que se había acordado con Brines para el día de ayer, se celebró en su casa de l’Elca, ya sin su presencia pero con su espíritu sobrevolando constantemente. Y, como se había preparado y deseado, resultó un sentido homenaje literario y cultural a su figura, a su vida y a su obra.

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, se encargó de presentar un acto que a muchos recordó el título de su poemario inédito escrito en plena juventud. Porque los poetas que acudieron a depositar un libro suyo para alimentar la Caja de las Letras de Brines no se marcharon sin leer una pequeña parte de su obra. Versos que, más que nunca, se dirigieron al dios que Brines, el homenajeado, convirtió en viento cuando entre 1947 y 1949 empezó a dudar de sus convicciones religiosas, un sentimiento que transmitió a través de los primeros poemas que se le conocen.

"He decidido no darme por enterado de la muerte de Paco", dijo Marzal, una idea que sobrevoló todo el acto

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Al llenado de la Caja de las Letras de Brines, que llevará el número 118 en la sede del Instituto Cervantes, acudieron, entre otros, el presidente de les Corts, Enric Morera, el conseller de Cultura, Vicent Marzà, el alcalde David González y casi todos los concejales de Oliva o el presidente de la Acadèmia Valenciana de la Llengua. Pero, junto al poeta de l’Elca, los protagonistas fueron sus poetas amigos. Uno a uno, sin prisa, como saboreando ese viento-dios que allí mismo tantas veces acarició la piel de Francisco Brines, hablaron y recitaron Fernando Delgado, Carlos Marzal, José Saborit, Lola Mascarell, Luisa Castro, Martín López Vega, Vicente Gallego y Àngels Gregori. También el propio director del Cervantes puso uno de sus libros en la caja-homenaje, que se quedó pequeña para guardar la voz que sus amigos le han querido regalar.

«He decidido no darme por enterado de la muerte de Paco», dijo Carlos Marzal. En realidad esa filosofía era compartida y flotó en el ambiente cálido de esa tarde en l’Elca, primera resurrección del poeta olivense. La primera solo. Porque, como recordó María José Gálvez, directora general del Libro, fue Brines quien dijo que viviría mientras su poesía se lea. Y así, obviamente, resucitará una y otra vez hasta convertir su voz en eterna.

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