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Tributos y musicales como alternativa a las verbenas

«Se habla mucho de los festivales de música, pero las fiestas de los pueblos tienen un impacto más directo»

Una orquesta 
es Villanueva de
Castellón en 2019. l-emv

Una orquesta es Villanueva de Castellón en 2019. l-emv

Montecarlo, Titanic, Twister, Euphoria, Syberia... Estos son los nombres de las verbenas que marcan el ritmo del verano valenciano. Sin embargo, hace casi dos años que no recorren las carreteras de la Comunitat. «La pandemia se ha cebado con nosotros. Hemos estado meses con todo parado y soportando una incertidumbre tremenda», asegura Paco Muñoz, uno de los gestores del Grupo Titanic, con orquestas como La Pato, Gamma o la Platino.

Un concierto durante la pandemia. efe

Con el cambio de restricciones hace un mes, estas empresas de espectáculos han visto «un poco la luz». «Al menos ahora tenemos la posibilidad de montar algo. No vamos a poder girar con las orquestas que tenemos, pero vamos a poder trabajar», explica Joaquín Tavallo, uno de los gestores del Grupo Montecarlo, el que tiene bajo su paraguas verbenas como la Montecarlo, Euphoria o Scream.

Cantantes de la Montecarlo en Potries en el verano de 2017. j.camacho

A tres días para San Juan, las empresas de espectáculos se han visto obligadas a cambiar las orquestas -con casi una veintena de personas sobre el escenario entre músicos, cantantes o bailarines- por formatos más pequeños. Los más habituales son dúos y tributos para ver sentados. De hecho, el popular cantante de la Montecarlo, el presentador Eduard Forés, prepara una gira por los pueblos valencianos con «Endless Love Swing», un espectáculo en el que repasa junto a la cantante Rebeca Querol duetos de la historia de la música. El próximo 26 de junio estrenará este nuevo formato en Daimús.

Evitar el botellón

«Los ayuntamientos están por la labor de contratar este tipo de espectáculos. Cosas tranquilas que gusten a un amplio sector del público, como musicales infantiles, conciertos en acústico o musicales para adultos con coreografías», explica el del Grupo Montecarlo.

«Por mi parte, no entiendo por qué un tributo musical sí, pero una orquesta no», lamenta el del Grupo Titanic. Según ha podido saber Levante-EMV, los consistorios valencianos temen que los eventos y las fiestas de verano hagan un «efecto llamada» a jóvenes de otros pueblos, y que se generen situaciones «peligrosas en la actualidad» como los botellones. El miedo al virus está muy presente en los municipios más pequeños, muy golpeados por la última ola.

«Nosotros intentamos tranquilizar a los ayuntamientos y a los vecinos de los pueblos. No tienen que tener miedo a la hora de contratar cualquier espectáculo. Si se hacen las cosas bien, no tiene por qué pasar absolutamente nada. La gente estará sentada, respetando la distancia de seguridad... Hay ejemplos que demuestran que la cultura es segura», reivindica Tavallo.

Según Paco Muñoz, «no hay un perfil de pueblo que esté más abierto a contratar espectáculos en la actualidad». «Desde el inicio de la pandemia, hemos prolongado contratos, intentando que la gente se comprometiera para el año 2020 o para 2021. Muchos ayuntamientos nos han apoyado por empatía y por reconocer a los vecinos del pueblo. Hay que programar aunque sea un poco durante el verano, lo que sea. Pero hay otros ayuntamientos, la minoría, que se han cerrado en banda», explica. Algunos de los pueblos que visitará el Grupo Titanic son Beniarbeig, Xaló, Ondara, Benitatxell o Verger.

Los dos gestores consideran que las orquestas son las grandes olvidadas de la crisis económica generada por la pandemia. «Ahora hemos podido contar con gente para llevar a cabo los espectáculos, pero no se puede comparar a hace dos años. Hemos estado en ERTE todo este tiempo», explica el de Titanic. Como las antiguas verbenas no pueden salir de gira, muchos músicos «se han tenido que buscar la vida». «Entre músicos, montadores, choferes de camiones... nuestra empresa ha podido dejar de lado a 15 o 20 personas, pero hay donde la sangría ha sido más fuerte. En veranos anteriores, podíamos tener contratadas a casi una treintena de personas. Además, solíamos trabajar con empresas de montaje, sonido e iluminación, con más de 60 personas trabajando en verano», añade.

«Los pueblos son otro mundo»

«Se habla mucho de los festivales, pero nadie se acuerda de las fiestas de los pueblos. Su impacto económico es mucho más directo. Al final, que se haya organizado en Barcelona un concierto de Love of Lesbian con 5.000 personas, pues ni fu ni fa. Nos da igual, porque al fin y al cabo los promotores pueden hacer test de antígenos o medir la temperatura para entrar en un concierto, pero nosotros no nos podemos poner en la salida de la autopista a hacer pruebas a todo aquel que quiera entrar en el pueblo. Son conceptos muy diferentes. Las fiestas de los pueblos son otro mundo».

Según la normativa, los eventos y las concentraciones pueden llegar a reunir hasta a 4.000 personas si son al aire libre y siempre y cuando el público esté dividido en sectores diferenciados de 1.000 personas cada uno. Paro los eventos que se celebran en lugares cerrados el límite se fija en 3.000 asistentes y sigue el mismo procedimiento, separando al personal en grupos de 1.000. Si no se puede llevar a cabo esta división del público, el máximo aforo en exteriores será de 2.000 y en interiores, de 1.000.

Sobre esta normativa se han celebrado diversos eventos en el último mes, como los conciertos de la Marina Sur. Por ahora, tocará esperar un poco más para ver las orquestas tal y como las recordábamos.

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