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Crítica

Aburridillo

Los vigorosos músicos de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) han desembarcado en el Festival de Granada con la veterana compañía de James Conlom (Nueva York, 1950), una de las más reconocidas batutas estadounidenses. Lo han hecho en medio de una agotadora gira, entre conciertos en Madrid y Sevilla, y con dos sinfoniones como las Cuartas sinfonías de Schumann y de Brahms. A pesar del ímpetu inherente a la juventud, el cansancio hizo mella. También la bisoñez, probable causa de los desajustes, desequilibrios y pifias (¡esas trompas!) que se sucedieron en un programa expeditivo y sin propinas, en el que James Conlom tampoco entró en elucubraciones estéticas y expresivas. Bastante tuvo con intentar poner orden y algo de concierto en una noche adversa que, finalmente, no pudo enmendar.

Schumann, en su caos interno, sonó más o menos igual que el Brahms clásico y romántico de su Cuarta sinfonía, cuya arcaicista Passacaglia final pasó sin pena ni gloria. Fue el colofón de una lectura de romas dinámicas y brocha gorda, ya desde delicado y lírico inicio del Allegro inicial, escuchado exento de efusión y sutileza. Luego, en el delicado segundo movimiento, las trompas inexpertas marcaron el punto más bajo de una versión que se sitúa en las antípodas de aquel Brahms (Primera sinfonía) inolvidable que Carlo Maria Giulini les dirigió hace ya tantos años, en mayo de 1998, o al que ofrecieron en el mismo Carlos V sus colegas del Festival de Schleswig-Holstein con Solti, en julio de 1993. Fue, en definitivo, un concierto imperfecto, aburridillo y bastante anodino. ¡En todas partes cuecen habas!, y más en Granada, donde siempre son tan gustosas. Tanto como sus «festivales» de música, cuya cuidada septuagésima edición anda tan cargada de cumbres y horizontes como la vecina Sierra Nevada.

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