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Ramírez Exposure

"La música dejó de evolucionar allá por el 2010"

«La música dejó  de evolucionar allá por el 2010»

«La música dejó de evolucionar allá por el 2010»

Entre el anterior disco del valenciano Ramírez Exposure (’Young is the new old’) y éste ‘Exit Times’ hay un trecho de casi cuatro años que incluye una gira con Richard Lloyd (Television) y Marc Jonson y una pandemia. «Han pasado muchas cosas, algunas muy buenas y otras no tanto -explica Víctor Ramírez a Levante-EMV-. He logrado deshacerme de lo fútil, que es algo que sigue siendo enormemente beneficioso para mi salud mental. Lo único que importa es que me siento muy a gusto conmigo mismo, que ya es bastante hoy en día. Creer en uno mismo de una forma saludable y huir bien lejos de perversos narcisistas me parecen dos de las cosas más importantes de cara al futuro inmediato. Y sí, evidentemente eso se nota en estas nuevas canciones ¡Es el disco más libérrimo que he hecho!».

¿Cómo ha influido la pandemia en su música?

De forma muy positiva y prueba de ello es que este disco está teniendo más alcance que los anteriores. Me abruma la buena acogida, y más todavía sabiendo que no voy a dar conciertos a corto plazo. Es lo que siempre quise realmente, poder hacer discos que sean experiencias estimulantes para el oyente sin tener que salir de casa. Los tiempos son duros pero la resiliencia es una cualidad que casi todos deberíamos trabajar para no convertirnos en personas muertas en vida.

No sé si pensar si es un disco optimista ante la vida o conformado con ella.

Puede ser un canto a la libertad si tú quieres. El nombre que da título al disco, «Tiempos de salida» o «Tiempos de huida», hace referencia a un boletín informativo de una organización pacifista de Portland, Oregon que aboga por la extinción voluntaria del ser humano. Me hizo gracia titularlo así porque me daba mucho margen para poder jugar con el tema de los perniciosos dogmas actuales y así centrar la temática del disco, que gira en torno al rechazo pleno de estos dogmas y a la posibilidad de la felicidad entendida en términos de libertad individual. Soy un pesimista optimista o simplemente una persona sencilla a la que le gustan las cosas más normales: mi trabajo de celador, pasar tiempo con mi novia, dar largos paseos con mi perro, hacer discos y disfrutar de las pequeñas cosas buenas que hay en el mundo. No merece la pena buscar más allá de eso.

¿Su trabajo de celador ha tenido algo que ver con esta ambivalencia entre el optimismo melódico y ese aire irónico y pesimista de las letras?

Me encanta trabajar de celador en el sector público y ha sido todo un reto hacerlo en estos tiempos de pandemia. Lo que más aprecio de este trabajo es la socialización con los compañeros y los pacientes. En un hospital todo es real y poder trabajar con enfermos te da una visión amplia y muy completa de la vida. De lo frágiles que somos y de lo estúpido que resulta estar cabreado con el mundo. Es bastante liberador. Y sí, ha sido muy inspirador y no afectó demasiado a mis aspiraciones porque soy una persona que tiende a la soledad. El trabajo me da lo que necesito (dinero, socialización y trato humano), mientras que la grabación de canciones me permite plasmar lo que muchas veces cuesta expresar con simples palabras.

Los escasos momentos de ritmos programados nos recuerdan al pop británico de los 80. ¿La contemporaneidad hay que consumirla lentamente y en pequeños tragos?

En el disco hay un puente entre un sonido clásico y otro algo más contemporáneo, que no lo es tanto porque creo que la música dejó de evolucionar allá por el 2010. Me resulta del todo incomprensible que haya gente que disfrute con ciertos sonidos hoy en día.

No es un disco de pop español (si eso existe como tal) al uso. ¿Tienes algún tipo de ambición internacional?

Nunca he sido una persona ambiciosa pero siempre he tenido clara la importancia de hacer las cosas bien. Poco importa el alcance que puedan tener mis canciones porque siento que es suficiente con poder seguir haciéndolas y disfrutar del proceso creativo, que es una de las cosas más bonitas y alentadoras que existen. Me impulsa la idea de encontrar sentido en el sin sentido más absoluto y tengo la suerte de poder hacerlo a través de mi música.

¿Sigue vigente a estas alturas del siglo la manera que tenían Brian Wilson, George Harrison, Alex Chilton o XTC de entender la música?

Por desgracia es una rareza para minorías, pero creo sinceramente que la sociedad está llegando a un momento crucial tan demencial que solo va a quedar que vuelvan creaciones estimulantes, valiosas y reales como las de antes. Hay gente que no es tonta y al final se cansa de que le vendan la burra con productos tan horrorosamente prefabricados y sin contenido.

«A Silly Ode» es una de mis canciones preferidas. ¿Es nostálgico del amor tonto y de aquellas melodías pop de los 60 y 70 que lo celebraban?

¡Claro! Los grupos de esa época convertían una canción de amor en una especie de ceremonia, un ritual ¡o qué sé yo! Solo me queda decir que celebro el amor verdadero de quien lo tiene y lo merece. Por suerte yo también lo tengo.

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