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Rodrigo Cortés

«Esta novela no debería estar agotándose en las librerías»

«La ideología no tiene nada que ver con la creación y suele confundir las ideas con los quistes. Yo creo en el arte libre y desprogramado»

Rodrigo Cortés.

Rodrigo Cortés. EFE

Además de dirigir películas con Robert de Niro, Sigourney Weaver, Ryan Reynolds o Uma Thurman y de atraer cada semana a miles de oyentes con los podcast de «Aquí hay dragones» y «Todopoderosos», acaba de conseguir que una novela bastante insensata como ‘Los años extraordinarios’ se cuele entre ensayos furibundos y thrillers románticos como uno de los libros más vendidos. «

Es injusto decir que es una novela bastante insensata, porque es totalmente insensata -replica Rodrigo Cortés-. Y ni siquiera nace con la vocación de ser un libro de humor, aunque está claro que el humor lo abraza todo. Es una mirada poética sobre las cosas, que abraza la paradoja, la saturnalia y el colapso y que se vertebra a través del humor, que es esa patina que hace las cosas inteligentes y, sobre todo, humanas».

Fanjul, el protagonista, es bastante simplón pero parece feliz. ¿Para lo ignorantes que somos, sobra solemnidad y trascendencia en el mundo real?

Sí, Fanjul recorre el mundo sin aprender nada y sin ningún propósito en concreto. Pero te diría que si alguien sabe mucho es imposible que sea solemne. La solemnidad es la condición del tonto grave, del que ha de maquillar su ignorancia con sentencias definitivas. Cuando vemos a facciones enfrentadas, tiran cada vez más de adjetivos rotundos como «ruin» o «miserable», se habla de bajeza moral...

Eso se lo dicen mucho ahora al presidente del Gobierno.

Son palabras que se emplean para hablar de cualquiera que te moleste y el que recibe esos epítetos suele también dedicárselos a su contrario con la misma alegría hasta conseguir que nadie escuche, solo los que viven en su burbuja y que están enfrentados a la burbuja contraria.

¿En la novela se inventa una España para huir de la real o para desvelarla?

No pretendo que nadie se dé cuenta de nada porque yo no creo darme cuenta de nada. No hay nada en la novela que deba confundirse con un juicio. Hay mucho de escritura automática, de dejarme llevar por una asociación de imágenes a la que le doy forma para que suene la mejor música posible. Se define un mundo que es maravilloso y temible, y de forma muy desapasionada se habla también de su implacabilidad.

¿Sacar alguna enseñanza de su libro será un esfuerzo inútil?

No se pueden hacer tazas con las frases de ‘Los años extraordinarios’. Los párrafos y pasajes favoritos que comparte la gente nunca son invectivas ni sentencias definitivas, más bien son reflexiones sobre la prudencia de vivir, y eso me satisface.

Fanjul dice que «cuando me apetece o quiero algo a menudo tomo el lápiz y dejo que la mano viaje». ¿Escribe usted también así?

No de forma literal, porque eso significaría ser poseído por un escritor muerto, pero sí que hay algo de eso. No hablo de entrar en una suerte de trance, pero sí de evitar más racionalidad de la cuenta, estar abierto a lo que Orson Welles llamaba «el divino accidente», acoger una posible imagen surgida de un lugar impreciso y desarrollarla hasta sus últimas consecuencias sin tratar de encontrarle un significado.

¿Qué escritor le gustaría que se metiera en usted y le guiara?

Uno justo antes de escribir su gran éxito para que así fuera mío. Podría ser J.K. Rowling, que no me gusta mucho, con tal de que el éxito de Harry Potter fuera mío.

O su amigo Gómez Jurado, que vende libros por castigo.

Sí, me valdría también Juan un mes antes de que sacara ‘Reina Roja’.

El protagonista igual ejerce de terrorista anarquista que apoya al fascismo por su amor a la gimnasia. ¿Un personaje sin ideología solo funciona en una novela que tiende al absurdo?

La ideología no tiene nada que ver con la creación. Yo creo en el arte completamente libre y lo más desprogramado y desprogramador posible. La ideología suele confundir las ideas con los quistes. Y uno debería dotar a sus personajes de la suficiente autonomía para decir lo que quiera decir, más allá de lo que opinen los lectores. La función de la ficción no es complacer al lector, sino ofrecer un mundo y pedirle permiso al lector para que lo atraviese.

¿No se sentiría decepcionado si un lector le dijera que la novela no le ha complacido?

Si la ha pagado previamente, no. En cualquier caso, uno siempre decepciona a otro desde que se levanta por la mañana. Conviene asumirlo. Cuando te dedicas al cine, a la literatura o a la creación, sabes que te vas a comunicar de forma muy íntima con alguien que va a sentir que has hecho algo para él y que puede no gustarle.

«Un hombre solo lo es si toma las decisiones equivocadas», dice Fanjul. ¿Usted como va de errores?

Algunos de mis éxitos son errores objetivos. ‘Buried’ es una película que no debió funcionar y que no tenía sentido hacer igual que esta novela no debería estar agotándose en las librerías. Es una novela refractaria al interés de cualquier editorial. Has de partir del error porque si haces lo que otros quieren, tus posibilidades de tener éxito son muy cercanas a cero. Y también son muy cercanas a cero cuando haces lo que quieres tú.

¿Si un productor loco quisiera llevar al cine esta novela se atrevería usted a dirigir el proyecto?

Creo que es un libro totalmente inadaptable, pero si me ofrecieran la posibilidad de llevarlo al cine y me dejara inventarme una forma totalmente nueva de crear este mundo, con recursos de cine mudo, de Melies o buscando la poesía de las cosas, quizá trataría de ver cómo destrozar el original y rescatar el espíritu.

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