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La naranja cinematográfica

Empresarios valencianos como los Casanova, los Pascual y los Soler también produjeron películas

La naranja cinematográfica

«Era simpático aquel señor Castro. Me cayó bien desde el primer momento. A pesar de haberse dedicado siempre a la naranja, era hombre de algunas lecturas. No hay que decir que a Blasco Ibáñez se le conocía de arriba abajo. Según me contó, años atrás había subvencionado a un grupo de jóvenes poetas de Valencia para que fundasen una de aquellas revistas literarias de vida efímera. Allá en su pueblo decían que estaba loco. Pero no era nada de eso. Era, sencillamente que le gustaba el arte».

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Así describe Fernando Fernán Gómez a Rafael Castro Bonet, productor de cine y uno de los protagonistas de ‘El vendedor de naranjas’, la primera novela escrita por el cineasta y publicada en 1961, que ahora acaban de reeditar Pepitas de Calabaza y la Filmoteca de España. Se trata de una comedia desencantada de mimbres autobiográficos, que muestra los chanchullos, sinsabores y estafas de la producción cinematográfica española en la década de los 50 del pasado siglo. Un argumento, dice la editorial, «apoyado en la leyenda de que los productores de cine español de la época eran empresarios valencianos de la naranja».

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Esto no es del todo cierto pero tiene su base, tal como apunta Vicent Tamarit, director, guionista, productor y estudioso de la historia valenciana del cine. «La familia Casanova, por ejemplo, que fue la impulsora de Cifesa, la productora más importante en la España de la posguerra, no estaban vinculada a la naranja pero sí al aceite de cacahuete -explica Tamarit-. Durante la posguerra y la autarquía la exportación de naranjas fue la principal fuente de divisas del país que se traginaban en otras inversiones. Y a ciertos inversores valencianos se les llamaba los naranjeros, como a Bautista Soler, que era constructor, o a Alfonso Ronda, que era farmaceútico».

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Soler y Ronda fueron empresarios valencianos que invirtieron en el mundo del cine. Eso sí, unos cuantos años después de que Fernán Gómez concibiese la figura del bastante golfo y cabaretero «vendedor de naranjas» Castro Bonet. Además de ser constructor (y máximo accionista del Valencia CF) Bautista Soler fundó en la década de los setenta 5 Films, una productora especializada en películas de categoría S y cintas de extremo contenido político como ‘Sensualidad’, ‘Strip-tease’, ‘La violación’ o ‘Carne apaleada’, un film este último que fue boicoteado por sectores conservadores al considerarlo «proetarra».

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Alfonso Ronda, por su parte, es un farmacéutico de Oliva apasionado por el cine que a principios de los 80 fundó Anem Films, una productora que debutó con Pares y nones, el primer largometraje de José Luis Cuerda. Esta «comedia madrileña» marcó el tono de la empresa durante los años siguientes, aunque Anem también transitó por el cine de autor (Coto de caza) y el drama intimista (Soldados de plomo, debut como director de José Sacristán, o La vieja música).

Pero sin duda, el más «naranjero» de los productores de cine valencianos fue José María Pascual, uno de los tres fundadores de Pascual Hermanos, la mayor empresa de exportación de cítricos en Europa durante mucho tiempo. Además de empresario visionario, José María era, tal como recuerda Tamarit, un hombre culto, y su afición a la literatura y, sobre todo, al cine le llevó a producir algunas películas españolas en los años setenta como ‘La Regenta’ (dirigida por Gonzalo Suárez), ‘Luto riguroso’ (de Ricardo Franco) o ‘El mirón’ (de José Ramón Larraz). Pascual compuso incluso parte de la partitura de algunas de estas películas.

Todopoderosa y valenciana

Queda claro, de todas formas, que ya solo por una cuestión cronológica, el «naranjero, llorón, sentimental y de honestidad a prueba de bomba, o casi» de la novela de Fernán Gómez no es ninguno de los productores citados. Tal como indican Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo en el epílogo que acompaña a esta reedición de ‘El vendedor de naranjas’, el propio Fernán Gómez jugaba al despiste al ser interpelado por ello: «Lo único que ocurre, como creo que pasa siempre en estas cosas que reflejan un mundo auténtico, es que están mezcladas. El personaje del vendedor de naranjas no es una sola persona, sino que tiene datos acumulados de varias, como todos los que salen».

El autor también contó en alguna entrevista que la novela quería reflejar la época «postcifesa» del cine español, cuando la ambiciosa y durante un tiempo todopoderosa productora impulsada por el industrial valenciano del aceite de cacahuetes Manuel Casanova Llopis y por sus hijos Luis y Vicente estaba en plena decadencia. Está claro, pues, que Pumica Films (la empresa de Rafael Castro) no es Cifesa pero, como también apuntan Aguilar y Cabrerizo, la historia de la compañía valenciana se filtra en sus páginas y las alusiones a los Casanova y a su principal competidor, Cesáreo González, son continuas.

Castro comparte protagonismo con Lafuente, el narrador de la historia, un literato contratado para pulir el guion de ‘La voz íntima’, la película con la que el naranjero quiere hacerse un hueco en la industria del cine español. Por razones que no desvelaremos, Castro se va quedando sin socios y al final recurre a coproducirla con Gólgota Films, una compañía respaldada por los hermanos Maristas de València. No es difícil intuir en este Gólgota ficticio aquellas empresas creadas por altos responsables de la banca, la siderurgia, la energía y la política afines al Opus Dei para hacer cine con «mensaje». El modelo directo y más transparente, añaden Aguilar y Cabrerizo, es Aspa Films, la empresa creada por Rafael Gil y el también valenciano Vicente Escrivá para la creación de sendos ciclos de cine religioso y anticomunista tan aplaudidos por la administración durante la primera mitad de la década de los cincuenta.

Fernando Fernán Gómez sitúa su novela en la época de decadencia de Cifesa, la productora de la familia Casanova que fue durante la posguerra la principal empresa cinematográfica de España. El propio autor trabajo en varias películas de la productora valenciana como «Balarrasa», «Aeropuerto», «Morena Clara», «La chica del gato» o «Rebeldía»,

Su padre Manuel fue el impulsor de Cifesa, pero Vicente Casanova fue quien dotó a la productora de la ambición artística y comercial que la llevó a ser la más importante del España.

José María Pascual fue, junto a sus hermanos, el gran empresario valenciano de la naranja. Pero su vocación artística le llevó a escribir novelas, componer música y producir películas.

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