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Tribuna

Peníscola

Con su leyenda, con sus impresionantes vistas sobre el Mediterráneo, playas, callejuelas, el imponente y fotografiadísimo Castillo del Papa Luna y su solera cultural, la ciudad de Peníscola es enclave ideal para cualquier evento o cita cultural, y sobre todo para un festival de música antigua y barroca, como el que se celebra desde hace 25 ediciones. La vigésima sexta comienza hoy jueves con un concierto del Cor de la Generalitat y la Capella de Ministrers de Carles Magraner, que conmemora los ochocientos aniversarios del nacimiento de Alfonso X, el rey sabio promotor de las famosas Cantigas. La cita, promovida por la Generalitat y que sufre todas las penurias, limitaciones y vicios de la cosa pública, se prolongará hasta el 9 de agosto, cuando la soprano de Faura Èlia Casanova y La Tendresa presenten en el Patio de Armas del Castillo un programa basado en «Plebeyos bailes».

Con sus 7.683 habitantes censados, y en un enclave privilegiado sobre una pequeña península rocosa que se adentra en el mar y fractura la costa en dos zonas muy diferenciadas, Peníscola goza del estatus de ciudad desde 1707, y desde 2013 tiene el bien merecido privilegio de estar catalogada entre los pueblos «más bonitos de España». El Cid, la película rodada por Anthony Mann en 1961, con algunas de sus mejores escenas rodadas en las playas y calles de Peníscola, con Charlton Heston y Sofia Loren como hermosísimos Rodrigo Díaz de Vivar y Doña Jimena, contribuyó a difundir las bellezas de una ciudad cargada de historia y leyendas.

Historias y leyendas que son evocadas o ambientadas en el sortilegio de los conciertos nocturnos, que a la brisa del mar y bajo el techo definido por la luna costera, reproducen músicas compuestas en los siglos de esplendor medieval «y barroco», como precisa la propia denominación del Festival. Marco incomparable, sí, pero no solo. A partir de hoy, se sucederá en la más que hermosa ciudad del Papa Luna (el «antipapa» Benedicto XIII, Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, muerto en Peníscola en 1493, con 94 años) una variada serie de conciertos y recitales, en la que participarán, entre otros, el Euskal Barrokensemble, que el viernes actúa en el Patio de armas del Castillo bajo la dirección de Enrike Solinís en un programa que tiene como eje inspirador el laúd.

El sábado 31 la oferta es doble. A las 19:30 horas, en el Palacio de Congresos, hay programada una función teatral «para público familiar a partir de ocho años» (vamos, que usted y un servidor podríamos ir sin problema) en la que la compañía andaluza Claroscuro cantará y representará «La increíble historia de Juan Latino», una zarzuela pasticcio barroca acerca de uno de los personajes más fascinantes del siglo XVI: un esclavo negro que alcanzó el respeto y la fama gracias a su talento y a un amo que supo ver en él a un hermano. Para ello, utilizarán títeres, máscaras y, claro, la música barroca que sustenta la obra, con pentagramas de, entre otros, Juan Hidalgo, Mateo Romero, Gaspar Sanz, Sebastián Durón, Mateo Flecha y otros de carácter popular o anónimos. «Es una historia de amor fraternal que destruye -desde su verdad histórica- las murallas artificiales que dividen a los seres humanos», dicen los propios integrantes de Claroscuro. Dirección actoral y escénica es de Larisa Ramos, y la musical de Enrique Pastor.

Por la noche, a las 22:30 horas del mismo sábado, le llega el turno al coro de cámara valenciano Ad Libitum, que, bajo la dirección de su maestro titular, Francesc Gamón, hará escuchar en el Patio de Armas un programa titulado «In cælo et in terra». Otro conjunto valenciano, el Ensemble Alfonsí será protagonista único de la jornada del domingo. Dirigido por Jota Martínez, y como sus paisanos de la Capella de Ministrers, ofrecerá otro programa conmemorativo del VIII centenario del nacimiento de Alfonso X el Sabio.

El lunes prosigue la representación valenciana, con una nueva actuación vespertina del Ensemble Alfonsí, en esta ocasión dirigido por Mara Aranda, con otro programa «para mayores de ocho años» significativamente titulado «Iolant d’Aragó, entre pare, marit i nadons». Por la noche, en el Patio de Armas, el grupo valenciano La Dispersione confronta un clásico mitológico como Acis y Galatea en las versiones particulares de dos grandes como Händel y el mallorquín Antonio Literes. Será dirigido por Joan Baptista Boïls.

Dos de las citas claves de la edición llegarán los días 7 y 8 de agosto, con las actuaciones de Jordi Savall, que ofrecerá un concierto con motivo de los 30 años de la música que hizo para exitosa película Tous les matins du monde, y del Trio Hantaï, que el día 8 se presentará en el Salón Gótico del Castillo con un programa en torno a «Bach i els seus contemporanis francesos».

Peníscola, su leyenda y solera, también la intrahistoria del propio festival, merecen y reclaman programaciones más específicas y ambiciosas, más a tono con lo que fue un festival hoy lastrado más que nunca por el peso burocrático de una administración que parece obsesionada en encorsetar todo. Lo mucho que ha pasado en la gestión pública valenciana desde los tiempos de Zaplana y luego Camps, no puede marcar una política de desconfianza hacía sus propios gestores, que encorseta y castra cualquier iniciativa que se salga de la norma. El Festival de Peníscola, gestionado desde el Institut Valencià de Cultura, tiene que desplegar sus alas, romper con localismos, desfocalizarse y volar tan alto como la luna de Peníscola y su Papa Luna.

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